Museo Central de la Fuerza Aérea (Parte 2)

La labor de las militares soviéticas fue heroica y dicha unidad femenina fue la más condecorada de la Fuerza Aérea Soviética

Romeo Pérez Ortiz

2019-06-24
Ciudad de México

Está documentado que en el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la Fuerza Aérea de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) no contaba con un avión de caza superior al de los alemanes. Este problema se resolvió en 1943 con la llegada del Yákovlev 3 o Yak 3, una aeronave pequeña, sencilla, maniobrable, ligera y rápida que alcanzó velocidades de 745 kilómetros por hora. El aeroplano construido por Aleksandr Serguéyevich Yákovlev tuvo un desempeño superior a los cazas estadounidenses y británicos en los campos de batalla y se convirtió en el aeromóvil más eficiente en el derribo de aviones germanos.

El primer enfrentamiento entre los caza soviéticos y alemanes se dio el 16 de julio de 1943 en la Batalla de Kursk, cuando 18 aeronaves Yak 3 se enfrentaron a 24 alemanas, derribaron a 18 de ellas y solo tuvieron una baja. Sin embargo, estos victoriosos aeroplanos únicamente estuvieron en servicio dos años y en este breve periodo fueron considerados los mejores aviones caza de la URSS. Una vez terminado el conflicto bélico fue exhibido su modelo en Moscú y París. Posteriormente fue expuesto en el Museo de Vuelo de Santa Mónica, Estados Unidos, siendo la primera vez que la URSS permitió que uno de sus mejores aviones viajara a dicho país. 

En el museo también se encuentran los célebres Polikárpov 2 o Po-2, diseñados en 1927 por Nikolái Nikoláyevich Polikárpov y construidos principalmente de madera y lona. Estaban destinados a tareas de entrenamiento y fumigación de terrenos agrícolas; de ahí viene su nombre Kukurúznik, que traducido al español significa mazorca de maíz. Fue el segundo avión más producido en la historia de la aviación por su fácil manejo y maniobrabilidad incluso por mujeres o niños. A pesar de su antigüedad en el inicio de la Segunda Guerra Mundial fueron determinantes en la victoria del Ejército Rojo. Fueron usados por el célebre 588° Regimiento de Bombardeo Nocturno, formado por mujeres de 17 a 22 años. Las mujeres pilotos aprovecharon la oscuridad de la noche para tripular el biplano a una velocidad de 120 kilómetros por hora y soltar dos bombas. Volaban a una altura de 300 metros con el motor en modo ralentí para no hacer ruido, descargar los explosivos sobre las filas alemanas y generar caos psicológico y numerosas bajas al ejército alemán. Los nazis las llamaron “brujas de la noche”, porque sus biplanos producían un ruido parecido al susurro de una escoba.

Muchas de estas misiones fueron prácticamente suicidas, porque cuando el ejército nazi lograba iluminar los biplanos, éstos se prendían tan rápido como los cerillos. Tampoco tenían posibilidad de escapar, porque las aeronaves eran lentas y los paracaídas eran inviables por la poca altura a la que volaban. En resumen, cada misión tenía el 50 por ciento de posibilidad de baja, el más alto del Ejército Rojo.

La labor de las militares soviéticas fue heroica y dicha unidad femenina fue la más condecorada de la Fuerza Aérea Soviética, pues 23 de las jovencitas recibieron el título Héroe de la Unión Soviética. Hasta la fecha ha sido la única división femenina de bombarderos nocturnos en el mundo.

En el museo no podrían faltar los aviones Túpolev 2 o Tu-2, aeronaves grandes y robustas diseñadas por Andréi Nikolayévich Túpolev, los mejores bombarderos de la era soviética y símbolos aeronáuticos del comunismo del siglo XX, también con amplia participación en  la Segunda Guerra Mundial. Al lado de los Túpolev 2 se encuentra el famoso Túpolev 144 o Tu 144, incorporado al museo en 1980. Esta aeronave tenía una capacidad para 150 personas, volaba bajo cualquier condición climática y alcanzaba una velocidad de dos mil 500 kilómetros por hora. Hizo su primer vuelo el 31 de diciembre de 1968 e inauguró la era de los aviones de pasajeros supersónicos, toda vez que surcó los cielos dos meses antes que el Concorde, de la compañía británica British Aircraft Corporation y la francesa Aérospatiale, muy publicitado en Occidente y todo el mundo. El Túpolev 144 fue usado posteriormente por el programa espacial soviético para entrenar pilotos de naves espaciales, como el Buran (tormenta de nieve), y después por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) para la investigación supersónica.

Ésta es la tradición aeronáutica rusa y soviética hasta 1980. Pero la Rusia de hoy sigue invirtiendo una suma considerable en el desarrollo de su ciencia y tecnología aeronáutica, rubro en el que ha superado a los países más desarrollados. Es momento de voltear a ver a la ciencia rusa y tomar su  ejemplo en este terreno.