Museo Central de la Fuerza Aérea (Parte 1)

A mediados del siglo XIX la aeronáutica llamó la atención del ejército ruso y al poco tiempo aparecieron los primeros globos militares y se iniciaron los primeros experimentos exitosos.

Romeo Pérez Ortiz

2019-06-18
Ciudad de México

Se encuentra en la localidad de Mónino, a 38 kilómetros de la capital rusa, en el antiguo aeródromo de la actual Academia de la Fuerza Aérea Yuri Gagarin; puede ser visitado sin previa solicitud de permiso especial. Abrió sus puertas al público en 1960 con 14 aeronaves y a la fecha tiene más de 170 aviones y una cantidad considerable de helicópteros de modelos distintos: Mi-12, Mi-26, Mi-6, Mi-6B, Mi-24A, Mi-25, Mi-10, Ka-25, entre otros.

Es uno de los museos de aviación más grandes del mundo; la colección de aviones y helicópteros es impresionante, la mayoría se encuentran al aire libre, con excepción de los modelos únicos o aviones deportivos, los cuales son de difícil consecución y se hallan resguardados en dos hangares y dos salas del museo. Las aeronaves militares y civiles están expuestas de acuerdo con las oficinas que las crearon y por el año en que fueron construidas.

El recorrido se inicia con el nacimiento de la aeronáutica rusa, en cuya reseña destaca la participación de la Academia de Ciencias de San Petersburgo mediante la organización del primer vuelo científico de la historia en 1804, realizado por el químico ruso Yakov Zajárov quien voló a una altura de dos mil 200 metros durante casi cuatro horas.

A mediados del siglo XIX la aeronáutica llamó la atención del ejército ruso y al poco tiempo aparecieron los primeros globos militares y se iniciaron los primeros experimentos exitosos de comunicación telegráfica entre un globo aerostático y la tierra. Resalta la participación del ingeniero Nikolái Zhukovski, primer científico en explicar matemáticamente el origen y la fuerza de elevación del ala de un avión y precursor de la aerodinámica e hidromecánica moderna. También se pueden ver documentos del militar ruso Aleksandr Mozhaiski, pionero de la aviación rusa, autor del primer monoplano del mundo, equipo que logró separarse del suelo y hacer un vuelo controlado en 1882, además de que ya contaba con alas, fuselaje, motores, controles y un chasis con ruedas.

Las aeronaves militares demostraron su utilidad en la guerra ruso-japonesa de 1904-1905, en cuyos campos de batalla operaron siete compañías aeronáuticas en el frente ruso. Desde los globos aerostáticos se observaba el campo de batalla y se dirigía de forma más precisa el fuego de la artillería.

El recorrido en el museo continúa con la sección de aeronaves de la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra Patriótica (Segunda Guerra Mundial) y la llamada Guerra Fría, y en las salas y hangares pueden observarse innumerables maquetas de los primeros helicópteros, aviones, motores, misiles de crucero, así como modelos de bombas atómicas y de hidrógeno, armas, herramientas, uniformes, fotografías, películas y obras de arte.

En la Primera Guerra Mundial la aviación rusa pasó de herramienta de reconocimiento y comunicación a arma de impacto decisivo en el desenlace de la guerra y el número de aviones pasó de 263 a mil 39. Después del triunfo de la Revolución de octubre de 1917, Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) reconoció la importancia de la Fuerza Aérea y hay unos 200 documentos relacionados con la aviación entre 1918 y 1919, de los cuales 14 se exhiben en el museo.

En uno de los hangares puede observarse una réplica del avión Ilyá Múromets, que tomó su nombre en honor de Ilyá Múromets, héroe de la mitología eslava. Se trata de un modelo S-22 diseñado en 1912 y que tuvo una participación activa en la Primera Guerra Mundial. Fue diseñado inicialmente como un avión de pasajeros, pero la entrada de Rusia a la guerra hizo que su diseñador, el ucraniano Ígor Sikorski, le hiciera algunas modificaciones para convertirlo en el primer bombardero cuatrimotor de Rusia y del mundo. En sus soportes internos podía cargar más de 800 kilogramos de bombas y para su autodefensa disponía de más de nueve ametralladoras instaladas en diferentes partes del avión, incluida una en el extremo de su cola. Entre 1914 y 1918 se produjeron 73 bombarderos de ese tipo.

El museo, más conocido con el nombre de Mónino, es una obra de arte pensada para el descanso y aprendizaje de los trabajadores, estudiantes, amas de casa y militares sobre el rápido desarrollo que su país ha tenido en la carrera de la aviación militar y civil. Recibe en promedio 150 mil personas al año y ha sido visitado por 81 delegaciones de diferentes países.