Ejido Macario Gómez construye aulas con material reciclado

Las playas de Quintana Roo –tramo paradisiaco de la “Riviera Maya” que, con las costas de Campeche y Yucatán, ocupa el 18 por ciento de los litorales de México− se están asfixiando con cientos de toneladas de basura tóxica.

David Sánchez Reyes

2019-06-17
Ciudad de México

Las playas de Quintana Roo –tramo paradisiaco de la “Riviera Maya” que, con las costas de Campeche y Yucatán, ocupa el 18 por ciento de los litorales de México− se están asfixiando con cientos de toneladas de basura tóxica, procedentes de 27 países del Caribe, el Golfo de México y la región ecuatorial del Océano Atlántico.

En 2018, la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente (Sedema) de Quintana Roo calculó que en cada kilómetro de playa de esa entidad se encontraban acumuladas 2.5 toneladas de desechos provenientes de diversas partes del mundo. Es decir, en los dos mil kilómetros de litorales de la península de Yucatán había un total aproximado de cinco mil toneladas de basura.

Los desechos –bolsas y envases de plástico, aluminio, popotes, pañales desechables, redes, sustancias químicas y vegetación marina en descomposición– están exterminando poco a poco la flora, la fauna y los arrecifes de coral; además están asfixiando la pesca y el turismo local, actividades que proveen de trabajo e ingresos a los lugareños, quienes también resienten esta crisis medioambiental. 

Tulum es uno de los centros turísticos de la entidad que recibe a miles de turistas extranjeros –entre ellos los spring breakers– en cada periodo vacacional, quienes llegan atraídos por el azul turquesa del mar y por la suavidad de la arena de las playas quintanarroenses.

Pescadores, empresarios y trabajadores de los negocios turísticos –hoteles, restaurantes, lancheros, etc.– padecen la invasión de centenares de toneladas de sargazo en las playas, pues su putrefacción y pestilencia han inhabilitado las actividades recreativas de los visitantes. Los vacacionistas tuvieron que soportar el hedor en las playas, o bien, nadar 50 metros mar adentro para disfrutar a medias de las aguas del mar Caribe.

El arribo de sargazo incrementa cada año. La investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Brigitta van Tussenbroek, aseguró a medios locales que la desembocadura de grandes ríos cargados de desechos, la desertificación y el calentamiento global, están propiciando la presencia de esta alga en la región ecuatorial del Atlántico, entre Sudamérica y África.

La planta marina, en cuyo manto arropa los desechos industriales producidos por el hombre, arriba a la Península de Yucatán y al Caribe al ser arrastrada por los vientos y las corrientes marinas. 

Los investigadores científicos del fenómeno y los empresarios hoteleros dijeron que la primera oleada se dio en 2015, a partir de entonces se disparó.  2018 fue el año más crítico, pues se acumularon 24 millones de metros cúbicos de sargazo, con los que podrían cubrirse tres mil campos de futbol, si en cada metro cuadrado de éstos se colocara una tonelada.

También ha logrado establecer que el periodo crítico del arribo de sargazo es durante el verano (mayo a octubre). “Todo es antropogénico, no es algo natural (…) Encima de eso están los problemas de deforestación en África y Sudamérica”, dijo la especialista de la UNAM.

Ni gobierno ni IP

En 2015, el mundo se estremeció con el video donde se ve a una tortuga llorar mientras un par de pescadores intentan sacar un popote atorado en una de sus fosas nasales. Después de minutos de sufrimiento, los hombres logran extraérselo; el animalito fue liberado.

Imágenes similares inundan las redes sociales al grado de banalizar esta tragedia ecológica: una exhibe a un caballito de mar sosteniendo un cotonete; otra denuncia la muerte de una ballena por hambre, ésta dejó de comer porque tenía el estómago lleno de botellas y bolsas de plástico; una foca atrapada en una red de pescar que casi le corta el cuello, etc.

Contaminación en ascenso

• El 70 por ciento de los restos que el mar arrastra a las playas son plásticos.

•En 2018 se registró la llegada de 24 millones de metros cúbicos de sargazo.

En México, la temporada de “marea marrón”, como se le conoce al sargazo, parece indicar que la basura y el sargazo llegaron para quedarse en las playas mexicanas. Esta alarmante situación, año con año acelera la pérdida de la riqueza marina y la belleza del Caribe mexicano, pero las autoridades gubernamentales y la iniciativa privada (IP) no parecen muy preocupados.

Después de varias semanas de que los medios nacionales e internacionales denunciaran la crisis turística generada por el arribo de sargazo, el Gobierno Federal decidió destinar 150 millones de pesos. El secretario del Medio Ambiente y Recursos Naturales, Juan José Guerra Abud, dijo que el 60 por ciento de ese dinero (90 millones) sería destinado al Programa de Empleo Temporal para contratar a cuatro mil 600 personas que se dedicarían a retirar las algas putrefactas. Hasta ahí limitó su compromiso con el problema. 

La IP, por su parte, decidió modificar su estrategia de publicidad en el extranjero, eliminando las imágenes de playas de Quintana Roo para promover actividades alternativas. El Consejo de Promoción Turística de Quintana Roo (CPTQ), por ejemplo, se centró en promover actividades al aire libre en zonas arqueológicas, cenotes, parques, plazas comerciales, dejando de lado las actividades marítimas.

“Es una oportunidad para poder mostrar y no solamente insistir en el tema de nuestras playas porque, a diferencia de otros muchos destinos, tenemos una gran cantidad de actividades para hacer. Estamos mostrando nuestra fortaleza como destino al tener opciones diferentes”, justificó el director general del CPTQ, Darío Flota Ocampo.

Acciones que hacen la diferencia

A 20 minutos de Tulum, tierra adentro, y hacia el corazón de la selva maya, el ejido Macario Gómez se resiste a la invasión de basura y a la pérdida de sus riquezas naturales. Esta comunidad agraria no es un centro turístico, pero es la primera entidad social en utilizar una nueva técnica de construcción aprovechando los desechos plásticos.

Desde hace dos años, los pobladores de la colonia Unidad Antorchista aceptaron trabajar colectivamente, cada semana, para edificar dos aulas de una escuela pública en cuya construcción se utilizaron botellas de plástico en vez de tabiques, una nueva técnica de ingeniería industrial.

Hombres, mujeres y niños se reunieron cada sábado para recolectar 10 mil botellas de PET, usadas previamente como envases de refresco, que fueron recolectadas en cenotes, lagunas, arroyos, carreteras y traspatio de hogares, donde habían estado contaminando durante décadas.  

Este proyecto fue impulsado en la Zona Maya por la fundación Impulso del Corazón, en coordinación con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Movimiento Antorchista Nacional (MAN).

“Al principio los colonos se mostraron escépticos con la propuesta; cuando se inició la construcción de estas aulas no creían que se pudiera concluir. En la medida que los habitantes se iban integrando al notar cierto avance en la obra, más se fueron sumando al proyecto, hasta concluirlo satisfactoriamente”, comentó Isaías Pat Hoil, dirigente antorchista en la Zona Maya.

La ONU, a través de Impulso del Corazón, apoya financieramente proyectos de rescate al medio ambiente, pero, a decir de los organizadores, fue difícil convencer a los pobladores porque inicialmente se mostraron escépticos. Fue a través del MAN que los habitantes del ejido asumieron este reto ecológico que además les dejaría dos aulas escolares.

Cada salón tiene una superficie de 50 metros cuadrados; las paredes, que a simple vista parecen endebles, tienen un grosor de 35 centímetros; el piso es de cemento rústico y el techo tiene una estructura metálica, cubierta de lámina de zinc.

El costo de los diferentes materiales utilizados en su construcción no rebasó los 25 mil pesos; lo que significó un ahorro de 50 mil pesos en comparación con las construcciones con materiales tradicionales, sostuvo Gisela Stromeyer, integrante de Impulso del Corazón.

La construcción de los dos salones duró 104 semanas. Con un ritual maya se celebró la culminación de este proyecto ecológico. En dicho evento, el representante de Impulso al Corazón en México, Dror Ashuah, aseguró: “La gente siempre puede lograr lo que se propone, sobre todo cuando hay comunicación, se crea conciencia de los problemas y se actúa en estrecha colaboración comunitaria, como lo hacen las comunidades indígenas. No hay límite, el límite es el cielo”.