La historia de un asesino de cereales

El mundo de los hongos es literalmente alucinante. Son los protagonistas de muchas historias asombrosas en la naturaleza.

Philias .

2019-06-10
CIUDAD DE MÉXICO

El mundo de los hongos es literalmente alucinante. Son los protagonistas de muchas historias asombrosas en la naturaleza. Estos organismos son tan diversos en formas, texturas, tamaños, colores y hasta sabores, que resulta inimaginable la cantidad de tareas que desempeñan en el ambiente. En esta ocasión trataremos de un hongo microscópico que se ha ganado el calificativo de mayor “asesino de cereales” en el mundo. Su nombre científico es Magnaporthe oryzae y es el agente que causa la enfermedad conocida como piriculariosis, tizón del arroz o blast, y afecta a diversas especies de gramíneas. En 2012, el M. oryzae fue considerado por los expertos como el hongo patógeno más devastador por los efectos económicos y sociales que ocasiona.

El mayor impacto negativo del blast radica en que infecta cereales de importancia agroeconómica como el arroz, el trigo y la cebada. Aunque originalmente M. oryzae fue descrito como patógeno exclusivo del arroz, hoy se sabe que en realidad infecta a más de 50 especies de cereales. Se estima que en el arroz, el blast ocasiona pérdidas hasta del 35 por ciento de la producción mundial, cifra alimentaria suficiente para cubrir las necesidades de alrededor de 60 millones de personas durante un año. Debido a que más de la mitad de la población mundial depende del consumo de arroz para satisfacer sus necesidades calóricas, el M. oryzae representa un problema muy serio al menos para 85 países.

También existen evidencias de que este patógeno tiene impacto directo en la producción de trigo. La enfermedad del blast en este cereal se reportó por primera vez en 1985 en Brasil y pocos años más tarde se expandió al resto de Sudamérica. Recientemente, en 2016, hubo brotes en Bangladesh y en días previos a la publicación de este artículo se dio un primer reporte en la India. La piriculariosis en trigo puede comportar la pérdida total de un sembradío. Por ejemplo, en el sur de Asia, las pérdidas totales afectaron entre el cinco y el 10 por ciento de la producción nacional, con costos equivalentes a 132 y 264 millones de dólares.

El hongo del blast tiene un ciclo de vida corto en la planta; por ello, las infecciones son múltiples en un campo infectado. Al igual que otros hongos, el M. oryzae ingresa a su huésped a través de la formacion de una estructura semiesférica conocida como apresorio. Dicha estructura, microscópica, genera una presión hidrostática enorme de 8.0 MPa (80 atmósferas), ¡equivalente a 40 veces la presión de la llanta de un automóvil! Fuerza suficiente para romper y penetrar la superficie del tejido vegetal de la planta; una vez adentro, en tres días el patógeno coloniza las células hasta generar lesiones visibles (necrosis). Es cuando el M. oryzae empieza a alimentarse y a matar a la planta. Finalmente, el hongo genera estructuras llamadas hifas, donde se producen las esporas que estarán listas para iniciar un nuevo ciclo de vida en otra planta.

El “asesino de cereales” es una amenaza constante a la biodiversidad e implica grandes costos para los países en donde se encuentra. Aunque hoy la enfermedad provocada por el blast puede ser mitigada con el uso de métodos modernos de cultivo, sus brotes continúan ocurriendo inesperadamente con efectos cada vez más catastróficos debido a su rápida adaptación a los fungicidas. Resulta necesario entender a detalle la biología de la enfermedad con el objetivo de generar nuevas estrategias que permitan combatirla y/o controlarla. Lo cual es necesario para garantizar la seguridad alimentaria de la creciente población mundial.