Crisis económica y crisis social

Me permito comentar para quien se interese, que ambos fenómenos están íntimamente relacionados: la concentración del capital que Galbraith llega a denominar con razón “ultraconcentración” y la gente sin hogar, la pobreza.

Omar Carreón Abud

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CIUDAD DE MÉXICO

Me han parecido muy interesantes las declaraciones que hizo al periódico La Jornada el lunes ocho de octubre de 2018 el economista James K. Galbraith quien, además de tener méritos propios, es hijo del famoso John Kenneth Galbraith. Según se informó en el texto de la entrevista realizada por Roberto González Amador, James K. Galbraith es también profesor de la Universidad de Austin, Texas, presidente de la organización Economistas por la Paz, experto en la economía y las crisis de Estados Unidos.

James K. Galbraith hizo varios pronunciamientos que me parecieron destacados, entre ellos, dio a conocer lo siguiente: “En los años 90 los altos ingresos virtualmente estaban concentrados en cuatro pequeños condados: tres estaban en Silicon Valley, y el otro en Seattle (la sede de Microsoft); era asombroso. Si se eliminaban esos cuatro condados, no había mejora en los ingresos. Es un fenómeno de ultraconcentración”. Galbraith también añadió que “es posible que haya una crisis social en Estados Unidos. Puede volverse una crisis social muy seria. Vamos a ver más gente sin hogar y mayor número de quiebras bancarias”.

Me permito comentar para quien se interese, que ambos fenómenos están íntimamente relacionados: la concentración del capital que Galbraith llega a denominar con razón “ultraconcentración” y la gente sin hogar, la pobreza. Los capitales se concentran porque crece enormemente la acumulación y la acumulación crece porque crecen las ganancias de los empresarios que se incrementan, a su vez, por el aumento de la productividad del trabajo que es consecuencia de la maquinización y, finalmente, la maquinización echa a los obreros a la calle. La pobreza es, pues, consecuencia de la concentración del capital, no solo por un fenómeno de “despojo”, sino porque ambas son propias del sistema de producción capitalista.

“La posibilidad de que el círculo de poder en Washington –dijo también Galbraith– emprenda otra aventura militar, quizá en Irán, es una pregunta abierta”. Comento que yo lo entiendo no solo como una necesidad de que las empresas ligadas a la industria militar que han tenido un crecimiento asombroso en los últimos años sigan beneficiándose, ni solo como una necesidad de recursos naturales estratégicos, sino como una cuestión mucho más básica y elemental de sobrevivencia del sistema capitalista norteamericano y mundial en su conjunto. 

En efecto, en la época actual, la producción de riqueza en forma de mercancías ha crecido como nunca en la historia de la humanidad. Solo que esa riqueza, para ser aprovechada por los capitalistas, necesita convertirse en dinero, es decir, las mercancías necesitan indefectiblemente ser vendidas. Pero resulta que los consumidores locales de los países imperialistas están sin dinero suficiente para comprarlas y, hasta ahora, los capitalistas han venido subsistiendo por la vía de ampliar los mercados, de ahí el impulso que ha tenido en los últimos años el liberalismo económico, o sea, la promoción de transacciones mundiales libres de trabas. Solo que los mercados mundiales se están agotando y, para colmo, han aparecido en el escenario competidores descomunales como la India, Rusia que se recupera a pasos agigantados y China.

Puede parecer increíble, pero más que algunos contratos ventajosos para las empresas ligadas a la industria militar, más, incluso que recursos naturales que tienen la posibilidad de ser sustituidos por otros nuevos, el imperialismo tiene urgencia de compradores, de mercados y éstos ya no pueden crearse artificialmente: o hay quien tenga dinero para adquirir o no lo hay. Los mercados mundiales son finitos y se están ocupando. Es en esas condiciones en las que puede explicarse sobradamente la posibilidad de una crisis económica y, consecuentemente, de una crisis social en Estados Unidos y en el resto del mundo capitalista; y es en esas condiciones en las que puede preverse válidamente la posibilidad de una nueva guerra, esta vez de dimensiones mundiales, ya no solo por los recursos, sino por los mercados. Ésas son las implicaciones de las importantes declaraciones de James K. Galbraith.