La decadencia feudal en las coplas de Hernán Mexía y Juan Álvarez Gato

Contemporáneo de Juan Álvarez Gato, es célebre la discusión literaria sostenida por ambos en forma de coplas, en la que se critica la sociedad de su tiempo y los vicios de todos los estamentos feudales, a cuya decadencia ninguno escapa.

Tania Zapata Ortega

2019-05-20
Ciudad de México

El poeta Hernán Mexía nació en Jaén hacia 1424 y murió aproximadamente en 1500; ostentó el cargo de Veinticuatro o regidor de Jaén; fue acusado de participar en una conjura para asesinar al Condestable de Iranzo y cayó temporalmente de la gracia de los Reyes católicos, aunque después recuperó sus favores por sus servicios en la guerra contra Alfonso de Portugal, restituyéndole su riqueza y propiedades. Contemporáneo de Juan Álvarez Gato, es célebre la discusión literaria sostenida por ambos en forma de coplas, en la que se critica la sociedad de su tiempo y los vicios de todos los estamentos feudales, a cuya decadencia ninguno escapa. Mexía no espera que el lector responda cada uno de las numerosas preguntas retóricas; todas tienen la misma respuesta: el mundo que él admira no existe ya más que en su memoria; han desaparecido los buenos soberanos, no se castiga ya el vicio y el pecado, ni se cultiva la piedad, la mesura, la caridad, etc., no existen buenos funcionarios, eruditos y vasallos como hubo en el pasado al que el poeta vuelve la vista.

Hernán Mejía de Jaén en el tiempo del rey D. Enrique, que estaban estos reinos envueltos en tiranías y discordias, hizo estas coplas al mundo, y enderezólas a Juan Álvarez.

Mundo ciego, mundo ciego,

lleno de lazos amargos,

cuando tienes más sosiego,

lanzas más leña en el huego

para muchos años largos,

de do resquiebran centellas

de crudo huego rabioso:

quienes que huya daquellas

no sé quién se escape dellas,

pequeño ni poderoso.

¿Dó la fe, dó la verdad,

dó la paz, dó la mesura?

¿Qué se fizo caridad?

¿Dó la mansa piedad,

dó justicia, dó cordura?

¿Dó los reinos bien regidos?

¿Dó los buenos regidores?

¿A dó los sabios sabidos,

a dó los malos punidos

a dó los buenos señores,

a dónde los buenos reyes,

dónde los buenos perlados,

a dó pastores y greyes?

¿Dónde están las buenas leyes

dó castigan los pecados?

 

Dó los buenos religiosos,

a dó leales cibdades?

¿Dónd´están los virtuosos,

a dónde los vergonzosos,

a dó los limpios abades,

a dó buenos caballeros,

dó buenos guerreadores,

a dó nobles escuderos,

a dó los sabios guerreros,

a dó simples labradores?

 

¿Qué son los grandes servicios?

¿Dónde están los galardones

oficiales, los servicios,

los loables ejercicios,

las honras, los ricos dones?

Juan Álvarez Gato tampoco es ajeno a los valores de la decadente sociedad feudal. En las siguientes Coplas le responde a Hernán Mexía, coincidiendo con él en la crítica a la sociedad de su tiempo con el mismo tópico, el ubi sunt, añorando el pasado esplendor de la monarquía y la Corte y atribuyendo los males sociales a que los vicios han ganado la batalla a las virtudes, esto es, buscando la explicación de los fenómenos de la realidad en las ideas y no en las relaciones sociales. Así, basta que todos los estamentos de la vieja sociedad vuelvan a la observancia de las leyes humanas y divinas para que la virtud triunfe.

Responde por el mundo, y habla con él, y muestra la causa por qué son las obras buenas y las virtudes olvidadas y perdidas.

Escucha, ciego diré

por qué son tales baldones.

¿Quiés saber, mundo, por qué?

porque el calor de la fe

se resfría en los corazones.

Y porque los más irados

que tenemos entre nos

andan muy desacordados,

zahareños, revesados

de temer y amar a Dios.

Concluye cómo por tan pecadoras y viciosas usancias y condiciones son las virtudes muertas y desamparadas si los que vinieren después de nosotros no las resucitan.

Ya los buenos son los ralos

por estas causas sentidas;

y por tales entrevalos

en defecto de los malos

las virtudes son perdidas.

No les ha ninguno celos

ni se ceban de su cebo,

muertas son con negros velos,

si los niños ternezuelos

no les dan vida de nuevo.

Su origen aristocrático y esta defensa de los valores del feudalismo no fueron obstáculo para que Juan Álvarez Gato se convirtiera en protector de numerosos poetas de origen humilde, ocupándose él mismo de divulgar la poesía popular castellana, cuyas formas cultivó, siendo uno de los primeros en glosar letras y cantares populares no solamente con fines religiosos, contribuyendo así al desarrollo de la poesía cancioneril castellana.