LA BANCARIZACIÓN DE LOS MEXICANOS

En este plan mundial de las financieras para incrementar sus ganancias, México representa un riquísimo filón con más de 40 millones de nuevos “clientes” que podrían integrarse a su sistema

Redacción

2019-05-20
CIUDAD DE MÉXICO

Hace mucho tiempo que el capital financiero se propone extender sus “servicios” al mayor número posible de mexicanos, pero el gobierno de la “Cuarta Transformación” descubrió recientemente la conveniencia de que hagan uso de las modernas modalidades de estos servicios. En marzo de este año, durante la 82ª Convención Bancaria, el Presidente manifestó que más mexicanos deberán sumarse al uso de los servicios y productos financieros con el apoyo de las nuevas tecnologías: “Hagamos un esfuerzo conjunto para que haya servicios bancarios en todo el país a través de esta nueva modalidad”. Sin embargo, para muchos especialistas, la bancarización no es nada benéfica y tiene diversos aspectos negativos, algunos de los cuales se mencionan en el reporte especial de esta semana.

Para fines del siglo XIX, el capital financiero había dominado la economía de los países capitalistas más desarrollados; y en 1916, V. I. Lenin había escrito su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, en la que expuso profundamente las características de esta fase: el dominio de los monopolios, la concentración de la producción en manos de éstos, el entronizamiento del capital bancario y la fusión en él de los capitales industrial y comercial, la exportación de capitales en vez de mercancías, el reparto del mundo entre los países imperialistas, el control de todas las ramas de la economía, la polarización extrema entre poseedores y desposeídos, el control bancario sobre cada uno de los aspectos de la vida social con el único objetivo de obtener el mayor volumen de plusvalía sin importar en absoluto el interés de la colectividad, de la mayoría, siempre constituida por millones de seres humanos, al servicio de unos cuantos accionistas, cuya lista, cada vez más exigua, es bien conocida en el mundo.

El imperialismo ha penetrado en todas las regiones del planeta, dominándolas completamente, primero en forma pacífica, pactando con los capitales nacionales y sus respectivos gobiernos, vendiéndoles la mentira de que gracias a ello saldrán de su estancamiento; y después violentamente, cuando lo consideró necesario.

El comercio, la distribución de las mercancias entre consumidores es parte de este sistema de control financiero cuya finalidad es aumentar la obtención de plusvalía. El capital financiero lo controla todo: producción, comercialización y formas de cobranza a los deudores “beneficiados” por el crédito. La financiarización es alta en los países más desarrollados de cada continente; donde el nivel de ingresos es mayor, la participación en los sistemas financieros modernos está más generalizada; pero en los países subdesarrollados o pobres existen muchos ciudadanos que no están incluidos en el sistema de consumo con intermediación de los bancos (las instituciones de servicios financieros establecidas).

En este plan mundial de las financieras para incrementar sus ganancias, México representa un riquísimo filón con más de 40 millones de nuevos “clientes” que podrían integrarse a su sistema; ésta es, evidentemente, una meta de plazo inmediato del capital financiero, con el que ahora coincide la visión del gobierno actual, que ha descubierto que la bancarización le “convendría” al pueblo mexicano.