Los intelectuales “orgánicos” del imperialismo británico

La revuelta de los pueblos árabes (sirios, palestinos, libaneses, jordanos, sauditas, iraquíes, beduinos) fue promovida por los ingleses a cambio de su liberación con respecto a los turcos y la creación de una nación independiente con sede en Damasco.

Ángel Trejo

2019-05-12
CIUDAD DE MÉXICO

En la Primera Guerra Mundial (1914-1918) el gobierno de la Gran Bretaña, con un ejército profesional de apenas 250 mil efectivos, se vio en la necesidad de convocar al servicio militar a civiles de todas las edades, profesiones y clases sociales. En principio, la mayoría de sus reclutas fueron voluntarios pero más tarde la convocatoria debió hacerse obligatoria. Como ocurría en Inglaterra desde el siglo XVII, cuando el dramaturgo Christopher Marlowe –el verdadero autor de las obras de teatro de William Shakespeare– sirvió de espía de la reina Isabel II, entre los concurrentes a la primera llamada acudieron científicos, tecnólogos e intelectuales de renombre, como fue el caso de los célebres Herbert George Welles, autor de La guerra de los mundos, El hombre invisible, etc., y Robert Graves, autor de Yo, Claudio, Los mitos griegos, Rey Jesús; el historiador  y arqueólogo David George Hogarth y el también arqueólogo Thomas Edward Lawrence.

Éstos, y otra media docena de intelectuales, fueron enviados en 1915 al Departamento de Inteligencia Militar de la comandancia general británica en el Oriente Medio, con sede en El Cairo, Egipto. Inicialmente los pusieron a analizar, catalogar e interpretar información confidencial, así como a elaborar mapas. Esa región era étnicamente árabe, pero desde el siglo XIII sus pueblos y reinos vivían bajo el dominio imperial turco. Los conocimientos multidisciplinarios que estos intelectuales tenían de Asia Menor, Mesopotamia, la Península Arábiga, Siria, Palestina y Egipto fueron decisivos para que Inglaterra, al igual que Francia, sustituyera a los turcos en esa región. ¿Qué hizo la “banda de los intrusos”?, así llamaban los militares profesionales a los intelectuales: se dedicaron a convencer a los altos mandos del Imperio Británico en El Cairo de alentar, organizar y apoyar la rebelión de los árabes en contra de los turcos. En 1916, con la Primera Guerra Mundial en curso, el Imperio Otomano virtualmente se había sumado a la Triple Alianza (Alemania-Austria-Hungría e Italia) en contra de la Entente (Gran Bretaña, Francia, Rusia).

La revuelta de los pueblos árabes (sirios, palestinos, libaneses, jordanos, sauditas, iraquíes, beduinos) fue promovida por los ingleses a cambio de su liberación con respecto a los turcos y la creación de una nación independiente con sede en Damasco. El levantamiento tendría la misión estratégica de distraer la atención y la fuerza del Imperio Otomano en Siria y Palestina, mediante levantamientos y ataques armados en la región sur de la Península Arábiga. Fue en este contexto histórico en el que surgió la leyenda de Lawrence de Arabia (T. E. Lawrence 1888-1935), quien en su libro autobiográfico Los siete pilares de la sabiduría (1926) hizo una relación detallada de cómo él, sus compañeros y jefes participaron en la organización política y militar de la rebelión árabe contra el Imperio Otomano. En 1962, una reseña de este libro y del diario de Lawrence (Troquel) fue la base del guion del filme de David Lean (Lawrence de Arabia) que renovaría o actualizaría la fama del intelectual y militar británico.