Los “otros datos” de AMLO

La incapacidad para disminuir la violencia en el país es también otro sello de la Cuarta Transformación.

Álvaro Ramírez

2019-05-12
CIUDAD DE MÉXICO

En materia de seguridad, economía e infraestructura, así como en la legislación de reformas estructurales, la administración de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que incluye a sus secretarios de Estado, sus bancadas mayoritarias en el Congreso de la Unión y a los superdelegados en las entidades ha tenido el peor arranque de sexenio en los últimos 25 años.

Su justificación ante las cifras que evidencian esta realidad ha sido “yo tengo otros datos”. En materia económica, en la que apenas reporta el 0.8 por ciento de crecimiento del producto interno bruto (PIB), en su primer trimestre de gobierno (diciembre de 2018-marzo de 2019), el tabasqueño ha llevado al país a condiciones análogas a las que se vivieron en el arranque de la administración del priista Ernesto Zedillo Ponce de León, quien tuvo ese mismo porcentaje de crecimiento en ese lapso. Este comparativo fue elaborado por el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (Idic), con base en cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Al principio de su administración (1993), Zedillo enfrentó una grave tormenta económica internacional atribuida al saliente gobierno de Carlos Salinas de Gortari; de la que derivó una terrible devaluación del peso, que condujo a que cientos de miles de mexicanos perdieran su patrimonio.

Evidentemente, el bajísimo crecimiento de aquel año aciago lo repite AMLO en su arranque de gobierno. Así se coloca, junto a Zedillo, como el peor Presidente de México. Los números lo prueban: el priista Enrique Peña Nieto arrancó con un crecimiento del PIB del 2.3 por ciento; Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, del Partido Acción Nacional (PAN), con dos por ciento; y el también panista Vicente Fox Quesada obtuvo el 1.5 en sus primeros tres meses de gobierno, respectivamente.

La incapacidad para disminuir la violencia en el país es también otro sello de la Cuarta Transformación. Según cifras, la “paz” planteada por AMLO ha resultado más sangrienta que la guerra contra el narcotráfico y la delincuencia organizada, que comenzó en sus primeros días de gobierno el panista Calderón Hinojosa. A escasos meses de que AMLO tomara el control del país, se han contabilizado 11 mil 714 asesinatos, según la cifra que presentó el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), que abarca del 1º de diciembre de 2018 al 31 de marzo de 2019.

A esto hay que sumar el retraso en la concreción del marco jurídico completo para la operación de la Guardia Nacional, que el Presidente puso ya en acción en algunas zonas de la Ciudad de México y en Minatitlán, Veracruz, luego de la masacre del 19 de abril, en la que perdieran la vida 13 personas; la duda de si su decisión está legalmente fundamentada persiste.

Aunque la reforma ya se aprobó y su declaratoria de constitucionalidad fue emitida el 14 de marzo, la ley secundaria correspondiente no ha sido avalada por la Cámara de Diputados y el Senado, a pesar de que el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) tiene mayoría en ambas cámaras.

Otra falla grave de los senadores morenistas se presentó en la discusión de la reforma educativa, cuando la ausencia de algún legislador impidió su aprobación en lo particular. La reforma está de regreso en San Lázaro y, al cierre de esta edición, el Congreso estaba por convocar a un periodo extraordinario, precisamente para atender temas urgentes que los morenistas no pudieron aprobar, a pesar de su cómoda mayoría, en el ordinario del 1º de febrero al 30 de abril.

La incómoda realidad comienza a contrariar al Presidente, quien al llegar al poder ha comenzado a trastabillar.