La condición humana, de André Malraux

La participación de Zhou Enlai en la rebelión política de Shanghai, así como sus rasgos psicológicos y su formación marxista de primera mano

Ángel Trejo

2019-05-06
CIUDAD DE MÉXICO

En esta novela, André Malraux cuenta los problemas de la represión armada que obreros y activistas del Partido Comunista de China (PCCh) enfrentaron en 1927, cuando el Partido Nacionalista Chino (Koumintang-KMT) –bajo control del general Chiang Kai-shek– rompió la alianza que desde 1923 mantenía con ellos, con la Internacional Socialista (Komitern) y con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), encabezada por José Stalin. Previamente, en marzo-abril, mientras se hallaban en huelga general en Shanghai, habían tenido que acatar una orden del Komitern para que entregaran sus armas a Kai-shek, quien a partir de mayo se echó en brazos de los intereses colonialistas de Occidente, liderados por Inglaterra y Estados Unidos. Los soviéticos habían apuntalado a la revolución democrático-burguesa que Sun Yat-sen había emprendido en 1912 para liquidar a la milenaria monarquía china en 1916. Su muerte en 1925 propició el ascenso del ala derecha del KMT, liderada a partir de entonces por Kai-shek.

Malraux describe los sucesos de Shanghai desde la perspectiva individual de un pequeño grupo de comunistas chinos y rusos que desde principios de los años 20 del siglo pasado luchaban por instaurar el socialismo en la gran nación asiática. Cada uno de estos personajes vive su propia “condición humana”: el joven anarquista-terrorista TChen llora después de matar a puñaladas a un traficante de armas y más adelante se arroja con una bomba en el cuerpo al paso de un automóvil, donde supuestamente viajaba Kai-shek; Kyo, el dirigente de la huelga de Shanghai e hijo del veterano comunista ruso Gisors y la militante china May, se queda solo al final del revés histórico; Katow, el comisario del Komitern, muere en la caldera de un tren después de regalar sus cápsulas de cianuro a dos de sus aterrados compañeros de prisión que temen morir quemados. Existe la presunción de que Kyo es la versión malrusiana de Zhou Enlai, el otro gran líder de la revolución socialista china que triunfó en 1949.

La participación de Zhou Enlai en la rebelión política de Shanghai, así como sus rasgos psicológicos y su formación marxista de primera mano –fue uno de los fundadores del PCCh en París en 1921– coinciden genéricamente con los de Kyo. Tras la derrota obrera en el sur de China, Zhou confluirá con Mao Tse-tung en Huhan, donde los comunistas definieron una nueva estrategia político-militar fincada en el componente social mayoritario de China: los campesinos. La relectura actual de La condición humana hace inevitable advertir la acertada asociación obrero-campesina que Mao y Zhou iniciaron en 1927, hasta conseguir la victoria de 1949 y, asimismo, la emergencia del proceso económico-político que a partir de 1976 –año de la muerte de ambos líderes y de Malraux– emprendió el chouenleista Deng Xiaoping para convertir actualmente a China en la segunda economía del mundo, hacerla cada vez más igualitaria y sentar las bases de un sistema político mixto que el actual PCCh llama “socialismo de mercado” pero que Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Ilich Uliánov Lenin llamaron en su tiempo “dictadura del proletariado”.