Las guerras en el PRI y en Morena

Las disputas internas por las presidencias de Morena y del PRI tendrán porristas en San Lázaro, lo mismo que en el edificio de la intersección de las avenidas Insurgentes y Reforma de la Ciudad de México

Álvaro Ramírez

2019-04-29
CIUDAD DE MÉXICO

La renovación de las direcciones nacionales del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y del Partido Revolucionario Institucional (PRI) son guerras que inevitablemente pasan por el Congreso de la Unión, que este 30 de abril concluyó su segundo periodo ordinario de sesiones.

En el primer caso, la fecha límite vendrá en noviembre, mientras en el segundo –hasta ahora– se  ha fijado el 1º de septiembre como fecha para realizar un inédito proceso abierto a la militancia, organizado por el Instituto Nacional Electoral (INE) mediante el voto individual con boleta.

En el partido hegemónico, Morena, es en donde se vive la más ácida disputa, ya con tintes personales entre el coordinador de los senadores, Ricardo Monreal Ávila, y la actual presidenta del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), Yeidckol Polevnsky Gurwitz. El pleito entre ellos es de suma gravedad, aunque hasta ahora ella le ha ganado todas al zacatecano, como la designación del candidato a la gubernatura de Puebla. Polevnsky apoyó desde el principio a Luis Miguel Gerónimo Barbosa Huerta, mientras que el senador impulsó, en una batalla de descalificaciones, al también senador Alejandro Armenta Mier. El final de esa historia ya lo conocemos: Barbosa repitió y hoy va, aparentemente sin competencia, rumbo a Casa Puebla, residencia y sede gubernamentales.

Monreal ha enviado a su suplente, Alejandro Rojas Díaz Durán, como alfil para dar la competencia –y la pelea directa– a Yeidckol, quien seguramente buscará dejar a un afín en la presidencia del CEN del partido lopezobradorista.

En los medios de comunicación se lanzan diatribas muy graves y el pleito por esa dirección, que deberá renovarse vía Consejo Nacional en noviembre, es encarnizada. Sin embargo, no hay que olvidar que también ahí, todo lo define el dedo iluminado del Presidente de la República. Aunque ahora está en receso el Congreso y, por ende, el Senado, los trabajos legislativos siempre terminan por contaminarse con los intereses de grupo y  de personas.

De Monreal Ávila dependen, como coordinador, los trabajos en el Senado, que tienen meses sin sincronizarse con su presidenta nacional partidista, situación que podría llevar a la indeseable fractura a una bancada mayoritaria de 59 integrantes de un órgano legislativo compuesto por 128 en total.

En el PRI las cosas se ven menos ácidas, pero eso no garantiza que así se mantendrán. El tricolor ha convocado a un proceso inédito por medio del que se elegirá al nuevo presidente del CEN, las boletas y la organización corren por cuenta del INE. No hay que olvidar que la actual presidenta, del PRI, Claudia Ruiz Massieu Salinas, es también senadora y ahora tendrá que dividir sus tiempos entre el Senado, las elecciones que se llevan a cabo en seis entidades y la organización del proceso interno que será hasta el 1º de septiembre, pero requiere atención y paciencia para sacar avante una elección en la que los interesados son seis; algunos de estos personajes, aunque todavía no sacan las uñas, son políticos rijosos: Alejandro Moreno Cárdenas, gobernador de Campeche; Ivonne Aracelly Ortega Pacheco, exgobernadora de Yucatán y recientemente exdiputada federal; Ulises Ernesto Ruiz Ortiz, exgobernador de Oaxaca; José Ramón Narro Robles, exrector de la máxima casa de estudios y exsecretario de Salud en el anterior gobierno; José Ramón Martel López, empresario y político que ha sido diputado federal en dos ocasiones, y Lorena Piñón Rivera, la que menos credenciales tiene; su más reciente cargo fue como delegada de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) en Veracruz. Éstos dos últimos, en realidad, se postulan para tener, como coloquialmente decimos, sus 15 minutos de fama.

Las disputas internas por las presidencias de Morena y del PRI tendrán porristas en San Lázaro, lo mismo que en el edificio de la intersección de las avenidas Insurgentes y Reforma de la Ciudad de México, el Senado. Una es más desencarnada que la otra, pero las dos tienen potencial para sembrar rencores en ambos partidos.