Mercenarios del imperialismo

Kinsey apunta hacia la existencia de un proceso de limitación de las actividades mercenarias, pero lo cierto es que su afirmación solo reproduce lo que dicen las potencias imperialistas que usan a esos grupos.

Anaximandro Pérez

2019-04-22
CIUDAD DE MÉXICO

En un reciente artículo, Christopher Kinsey, experto en seguridad internacional del King’s College de Londres, afirma que en las guerras actuales, los Estados que interceden en asuntos de otros países procuran pagar grupos armados de alta o mediana calificación para cumplir sus objetivos políticos. Kinsey apunta hacia la existencia de un proceso de limitación de las actividades mercenarias, pero lo cierto es que su afirmación solo reproduce lo que dicen las potencias imperialistas que usan a esos grupos.

El autor asegura que, en tiempos de la Guerra Fría, los países del bloque capitalista utilizaban dos tipos de mercenarios en contra de los movimientos de liberación nacional en África y en los movimientos que tuvieron cualquier influjo de la Unión Soviética. Por un lado, se hallaban soldados profesionales que pertenecían a ejércitos de su propio país pero que, atraídos por un interés lucrativo o político, se involucraban en aventuras o empresas de guerras externas o civiles auspiciadas por su Estado u otros. El otro tipo de mercenarios fueron los que Kinsey llamó “itinerantes”: hombres armados con preparación militar que no seguían totalmente las órdenes de algún Estado.

A diferencia de los mercenarios del primer tipo, que se sometían en buena medida a lo dicho por su país de origen, los “itinerantes”, pese a hallarse contratados, no se limitaban a los márgenes de acción establecidos por sus contratantes, sino que actuaban a voluntad y masacraban a propios y ajenos.

Los mercenarios no desaparecieron con el fin de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1991, sino que prosperaron en los conflictos de liberación anticolonial y guerra civil en varios países de África –como Angola, Sierra Leona y Ruanda– para nuevamente hallar un periodo de gran apogeo después del 11 de septiembre de 2001 y la Guerra de Irak en 2003.

Pero “contrariamente a su primo de la Guerra Fría –dice Kinsey– el mercenario postmoderno ha tomado sus distancias con las intrigas políticas. Directamente reclutado de las fuerzas especiales o de los regimientos de élite, continúa trabajando a la sombra de la política extranjera de su país, asegurando la integridad de los funcionarios, dispensando una formación militar a los ejércitos del tercer mundo, u organizando la protección de empresas cuyos empleados corren el riesgo de ser atacados o secuestrados por bandas criminales, terroristas o milicianas.”

Kinsey dice que los contratistas de hoy pueden ser empresas particulares de origen inglés o estadounidense, que buscan cuidar sus convoyes o mercancías en ambientes hostiles; pero también son contratistas los departamentos de esos Estados (entre ellos la Foreign Office inglesa o el Ministerio de Defensa de Estados Unidos), interesados en instruir a sus fuerzas especiales o controlar territorios sin emplear directamente a sus ejércitos, como es el caso de la famosa empresa estadounidense Blackwater USA, fundada en 1997 por el exintegrante de las fuerzas especiales de la US Navy, Erick Prince, quien desde 2001 se ha dedicado a limpiar de insurgentes a Afganistán e Irak con base en un contrato firmado con el gobierno de su país. Además, estos grupos armados han seguido una política de reclutamiento y profesionalización de hombres originarios de los países donde realizan sus operaciones, principalmente en Irak y Afganistán.

En términos generales, el autor sugiere que, aunque grupos como Blackwater han asesinado y torturado a civiles, la práctica incontrolada de la violencia de “mercenarios itinerantes” de la Guerra Fría está acabando poco a poco; que las actividades mercenarias se encuentran paulatinamente limitadas por la lealtad política a un país determinado y circunscritas a tareas de seguridad, etc.

Sin embargo, también deja ver que los mercenarios existen porque hay quien les paga y que hoy sus tareas más notables se realizan en los países árabes invadidos por la alianza de Estados Unidos, Reino Unido y Francia. En estos ámbitos, los límites son impuestos por el contratante –en la mayoría de los casos el propio invasor–, quien tras destruir un país como Irak y ahorrarse hombres, pacta con mercenarios relativamente autónomos en sus medios de operar, a quienes los mismos hombres del lugar invadido reclutan e instruyen para “asegurar” el orden.