Mauricio Macri sume a Argentina en la pobreza

Hoy, en el país agroexportador por excelencia de Sudamérica, miles pasan hambre.

Nydia Egremy

2019-04-15
CIUDAD DE MÉXICO

Hoy, en el país agroexportador por excelencia de Sudamérica, miles pasan hambre. Uno de cada tres argentinos es pobre y casi la mitad de los niños no satisface sus necesidades básicas; la tasa de pobreza urbana ya suma el 32 por ciento y el deterioro llega a todas las variables. La de Argentina es una crisis humanitaria que, pese a su gravedad, ha sido silenciada por la prensa corporativa, no ha movilizado a los gobiernos del mundo, ni alterado las conciencias de artistas pop. A meses de buscar su reelección, la única estrategia del presidente argentino es apuntalar el bloque de gobiernos de derecha aliados a Estados Unidos. Para Macri combatir el rezago de sus conciudadanos no es prioridad en su agenda.

En la Argentina de Mauricio Macri el 46.8 por ciento de niños menores de 14 años es pobre y uno de cada 10 es indigente, es decir, no se alimenta lo suficiente para sobrevivir. La Argentina de Macri ha ampliado la extensión del mapa de la pobreza; esa lacra golpea más intensamente en el noreste. Ahí, el 40.4 por ciento de pobladores es pobre y ese índice aumenta a 49.3 por ciento en la ciudad de Corrientes.

Sin embargo, la pobreza también se pavonea en las zonas urbanas. En Buenos Aires ya representa un 35.9 por ciento y en Córdoba, segunda ciudad del país, un 36.5 por ciento. El último semestre caía 2.5 por ciento el producto interno bruto (PIB), la inflación subía al 47.6 por ciento y la canasta básica de alimentos y servicios se disparaba a un 53 por ciento anual. De ahí que Argentina viva la peor situación en 27 años, según el reciente informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Para el presidente argentino, esas cifras son efecto de la crisis cambiaria-financiera que estalló en 2018. Para los expertos, las políticas del mandatario no garantizan que el panorama mejore en el corto plazo. Las perspectivas socio-económicas para 2019 no son buenas; se estima que se contraerá la actividad, no se crearán empleos y el salario real no aumentará.

Obviamente, en tres años de presidencia, Mauricio Macri ha ejecutado un proyecto económico antinacional y antipopular, por lo que el macrismo ha perdido fuerza, pese a controlar el aparato del Estado. A unos meses de la próxima elección presidencial en Argentina, el clima social y político se enrarece.

Ante la situación del país sudamericano, el analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico, Juan Guahán, cita que los grandes beneficiarios de esta debacle son firmas extranjeras.

Así lo constatan entes multilaterales. Argentina es, entre 80 Estados, el país con la peor caída en su desempeño manufacturero y, además, el único con doble dígito en su colapso estima el Observatorio de Coyuntura Internacional y Política Exterior, con datos de la Organización de Naciones Unidas sobre Desarrollo Industrial.

Esos números dejan muy mal a Mauricio Macri, quien ha anunciado su intención de reelegirse. Al llegar a la Casa Rosada, a fines de 2014, el también empresario prometía lograr la “pobreza cero” entonces, la medición de la pobreza era del 29 por ciento, y pedía ser juzgado si su gestión no reducía la indigencia.

Sin embargo, en 2016, los primeros datos gubernamentales ya cifraban la pobreza en 32.2 por ciento. Pese a los discursos optimistas del gobierno, en lo sucesivo la economía caería estrepitosamente y la catástrofe consumiría la vida de millones de argentinos.

Ante las cifras del Indec, Macri debió admitir que la pobreza es “alta” y “duele”, aceptando que su respuesta “no alcanza”; sin embargo, ratificaba su plan económico. En cambio, el director del Centro de Economía Política Argentina, Hernán Letcher, se mostraba más realista al aceptar que le preocupa “que no hay a la vista ninguna política que pueda modificar positivamente la evolución de la pobreza”.

Para Letcher la pobreza aumenta por la fallida política económica del Ejecutivo. Permitió el alza de precios en bienes básicos y “no tuvo vocación de pagar un bono a los jubilados el fin de año”. De ahí que sea responsabilidad de este gobierno, señala.

Para la consultora Ecolatina el aumento de la pobreza “no sorprende” pues en 2018 fue la peor caída del salario desde 2002; ello incrementó considerablemente la precarización salarial. De ahí que el ministro del Interior, Rogelio Frigerio aceptase en marzo que los problemas estructurales de Argentina son “tremendamente difíciles” de solucionar.

Frigerio agregó que “aunque sentamos las bases para ese cambio, eso tarda, y nuestro principal error fue creer que esos problemas se resuelven en una gestión”. Y alertó que faltan unos seis meses para que las medidas cambiarias den resultados, aunque la volatilidad cambiaria e inflación son problemas cuya solución requiere tiempo.

Pese a ello, el gabinete presidencial, dominado por militantes del partido Cambiemos, defiende las políticas de Macri y su decisión de no cambiarlas. En abril se cumple un año de que la crisis arreció y el gobierno se defiende al afirmar que su presupuesto es equilibrado, que realiza obras públicas, y que Argentina pronto se convertirá en “el supermercado del mundo”.

En contraste, este invierno austral ha castigado más a los argentinos con el aumento a las tarifas del gas; en abril subirá 10 por ciento, en mayo nueve y en junio ocho. El gobierno ofrece asumir 103 millones de dólares (cuatro mil 500 millones de pesos) de costo fiscal, de los que solo abonará dos mil 500 millones (57.2 millones de dólares) y cargará el resto a los usuarios.

Ésa es la estrategia de Macri en tiempos de recesión, que incluso contradice la petición de “mas restricción en el gasto gubernamental” que sugiere el Fondo Monetario Internacional. En 2018, ese ente le otorgó a Argentina 56 mil 300 millones de dólares a tres años en un intento por detener la crisis cambiaria y equilibrar sus finanzas.

Pobreza selectiva

El actual debate en Argentina se centra en lo que expertos llaman “infantilización de la pobreza”. En ese país, más del 40 por ciento de los menores de 14 años son pobres, ha reconocido el jefe de gabinete, Marcos Peña. El político justificaba a la prensa extranjera que eso sucede a pesar de que más de un millón de chicos se incorporó a programas de protección.

Lo que no es visible, al menos para el empresariado argentino, es la falta de alimentos. De ahí que la organización social Barrios de Pie pidiera al sector privado y al gobierno, abastecer “al menos la leche pactada” con sus comedores sociales para mitigar en algo el hambre y la pobreza.

Esos comedores atienden a 80 mil niños; entre diciembre y marzo se les dotó de 20 mil kilos menos del lácteo que suelen recibir y en febrero no se les proporcionó. “Necesitamos que el Gobierno cumpla con lo que se comprometió”, declaró a la agencia de noticias EFE la agrupación que protestaba ante el local de la cadena de hipermercados Coto.

Los comedores han triplicado su cupo, pues ya no asisten solo a niños sino también a adultos. Paradójicamente, hoy la soberanía alimentaria parece muy lejos en un país que históricamente era conocido como el “granero de América”.

El segundo sector más golpeado por la política de Macri es el de las personas mayores. Cientos de ellos se hallaban en la protesta ante el supermercado, llamada “marcha de los banquitos”, protagonizando su precariedad, aún más cuando varios de ellos no podían permanecer en pie por largas horas.

Era comprensible su reclamo: “¡Con los jubilados no!” pues cada vez les es más difícil acceder a la comida y medicinas o pagar servicios. Sentado en su banquito, Antonio, de 74 años, lamentaba: “Es terrible elegir entre comprar medicinas o comida”. Desde octubre, los enfermos de cáncer son desviados de hospital en hospital pues ya no les hacen estudios.

Los jubilados siempre han estado mal, pero nunca tan mal como en los cuatro años de gobierno de Macri. El poder adquisitivo de los retirados descendió 47.5 por ciento. “Al menos antes teníamos medicinas gratis y subsidios en luz y servicios”, denuncia el Sindicato de Trabajadores Pasivos.

“La plata se va en impuestos, me privo de comer y de la ensalada me olvidé; va sola la cebolla o el tomate”, reclama ese segmento. En diciembre de 2018 sufría el aumento en la canasta básica (de 597 dólares, unos 26 mil 43 pesos argentinos), cuando la pensión mínima roza los 239 dólares (10 mil 410 pesos). Según la Defensoría del Pueblo de la Tercera Edad, en la Argentina de Mauricio Macri el poder adquisitivo de los retirados en el último año ha descendido 47.5 por ciento.

Un estudio de la Universidad Católica Argentina refiere que el 2.9 por ciento de los argentinos sufrió experiencias frecuentes de hambre en 2018. El Centro Solidario San José de Cáritas, al sur de Buenos Aires, acoge a unas 310 personas. Los necesitados han aumentado en un año; muchos están en situación de calle pero desde el verano ya llegan personas del barrio. Ésa es la Argentina del imperialismo corporativo.