VLADÍMIR MAYAKOVSKI.

Nace en Bagdadi, Georgia, el 14 de abril de 1893. Muere en Moscú, Rusia, en 1930.

Redacción

2019-08-04
Ciudad de México

Nace en Bagdadi, Georgia,  el 14 de abril de 1893. Muere en Moscú, Rusia, en 1930. De origen humilde, su militancia en el Partido Bolchevique le causó numerosos problemas con las autoridades de Moscú, donde su familia se había trasladado. En 1911 se unió a los primeros futuristas y participó en la redacción del primer manifiesto futurista ruso. Su odio visceral al universo burgués y su combativo espíritu revolucionario se reflejan ya en sus primeras obras: La bofetada a gusto del público y la tragedia Vladímir Mayakovski (1913). En 1915 publicó el libro de poemas La nube con pantalón y un año después, La flauta-columna vertebral. Del mismo año que la Revolución Rusa son las premoniciones de El hombre (1917), en la que colaboró redactando eslóganes revolucionarios. A partir de 1923 y hasta 1928 trató de congregar en torno a la revista Lef, fundada por él, a toda la vanguardia artística soviética, a pesar de las críticas crecientes de los estamentos del nuevo orden. Exaltación de la figura de Lenin es el poema V. I. Lenin (1923-1924) y los éxitos de la URSS son cantados por el poeta en Octubre (1927) y ¡Bien! (1927).

 

POETA OBRERO

Gritan al poeta:

“Te veríamos junto al torno.

¿Qué son los versos?

¡Son estériles!

Imagino que trabajar... Entrañas delicadas.”

Puede ser

que para nosotros

el trabajo,

de todas las ocupaciones, sea la más entrañable.

Yo también soy una fábrica.

Y, si bien sin chimeneas,

puede ser

que para mí

sin chimeneas sea más difícil.

Yo sé

que ustedes no gustan de las frases vanas.

Talan robles para trabajar.

Y nosotros,

¿no somos acaso ebanistas?

De la cabeza de los hombres pulimos robles.

Por supuesto

que pescar es un oficio honorable:

Recogen la red y

¡en las redes hay esturiones!

Pero el trabajo del poeta es también honorable.

Se pescan hombres, que no peces.

Enorme trabajo es arder sobre la fragua,

templar el acero sibilante.

Pero, ¿quién pues

de “ociosos” nos arroja el reproche?

Cerebros pulimos con la lima de la lengua.

¿Quién es más grande: el poeta

o el técnico,

el cual

conduce a los hombres al beneficio material?

Ambos.

El corazón es tal motor.

El alma, tal diestra máquina.

Somos iguales:

Camaradas en la masa de los trabajadores.

Proletarios de cuerpo y espíritu.

Solo juntos

el universo embelleceremos

y las marchas dejaremos sonar.

Aislémonos a cal y canto de la tormenta de palabras.

¡A la obra!

Trabajo vivo y nuevo.

Y los vacuos oradores,

¡al molino!

¡Con los molineros!

Que el agua de sus discursos haga girar la noria.

 

MARCHA IZQUIERDA

(A los marinos)

¡Enderecen la marcha!

Para palabrerías no hay sitio.

¡Silencio, oradores!

Es suya

la palabra,

camarada máuser.

Basta de vivir con leyes

dadas por Adán y Eva.

El caballo de la Historia reventemos.

 

¡Izquierda!

¡Izquierda!

¡Izquierda!

 

¡Eh, blusazules!

¡Ondeen!

 

¡Por los océanos!

¿O

de los acorazados en la rada

encallaron las filosas quillas?

Que,

mostrando su corona,

levante un rugido el león británico.

La Comuna no será sometida.

 

¡Izquierda!

¡Izquierda!

¡Izquierda!

 

Allá,

tras las montañas del dolor,

hay una soleada tierra sin estrenar.

¡Contra el hambre,

contra el mar de peste,

el paso de millones marca!

 

Aunque nos cerque una banda mercenaria

y acero viertan,

Rusia no caerá bajo la Entente.

 

¡Izquierda!

¡Izquierda!

¡Izquierda!

 

¿Se apagará el ojo del águila?

¿En lo viejo nos detendremos cubiertos de polvo?

Firmes

en el cuello del mundo

¡los dedos del proletariado!

¡Hacia adelante el pecho bravío!

¡El cielo tapicen con banderas!

¿Quién camina a la derecha?

 

¡Izquierda!

¡Izquierda!

¡Izquierda!

 

¡ESCUCHEN!

¡Escuchen!

¿Si las estrellas se encienden,

quiere decir que a alguien les hace falta,

quiere decir que alguien quiere que existan,

quiere decir que alguien escupe esas perlas?

 

Alguien, esforzándose,

entre nubes de polvo cotidiano,

temiendo llegar tarde,

corre hasta llegar hasta Dios,

y llora,

le besa la mano nudosa,

implora,

exige una estrella,

jura,

no soportará un cielo sin estrellas,

luego anda inquieto,

pero tranquilo en apariencia,

le dice a alguien:

"¿Ahora estás mejor, verdad?

¿Dime, tienes miedo?"

¡Escuchen!

¿Si las estrellas se encienden,

quiere decir que a alguien les hace falta,

quiere decir que son necesarias,

quiere decir que es indispensable,

que todas las noches,

sobre cada techo,

se encienda aunque más no sea una estrella?

 

NUESTRA MARCHA

¡Golpea las plazas del motín el pisoteo!

¡Arriba, orgullosas columnas desnudas!

Con la venida del segundo diluvio

limpiaremos las ciudades del mundo.

 

El toro de los días arrastra

el lento carro de los años.

Nuestro dios es la carrera;

el corazón, nuestro tambor.

 

¿Hay oro más celestial que el nuestro?

¿Se apiada de nosotros el aguijón de las balas?

Nuestras armas son nuestras canciones;

nuestro oro son nuestras voces intensas.

 

La verde pradera

ha cubierto los días.

Arcoíris, da riendas

a los corceles voladores de años.

 

¡Vean a la humillada estrella del cielo!

Sin ella nuestras canciones trenzamos.

¡Eh, Osa Mayor! Exige

que en el cielo nos prendan vivos.

 

¡Beban de alegría! ¡Canten!

Por las venas la primavera se desborda.

¡Corazón, redobla a combate!

Nuestro pecho es un timbal de cobre.