El tiempo, el hombre y sus calendarios (III de IV)

Las unidades temporales más pequeñas (segundos y minutos) son medidas con relojes y las mayores (días, semanas y años) con calendarios.

Ángel Trejo

2019-08-04
Ciudad de México

Las unidades temporales más pequeñas (segundos y minutos) son medidas con relojes y las mayores (días, semanas y años) con calendarios. Esta palabra proviene del latín calenda, que equivale en español a “primer día del año”. Los calendarios más antiguos se hicieron con base en los movimientos orbitales de la Luna y el Sol. En Egipto hubo uno lunar de 28 días (mensual) y otro solar de 360 días. La divinidad que el hombre primitivo atribuyó a estos astros propició que los calendarios de Egipto, Grecia, Roma, China, India, México y Perú estuvieran asociados a fiestas religiosas y a las necesidades políticas de la teocracia, primera expresión de gobernabilidad clasista en la historia humana.

Este hecho explica por qué las religiones no han dejado de ser instrumentos políticos de control ideológico y económico sobre las masas y por qué desde hace más de dos milenios las clases sociales posteriores a la teocrático-esclavista (la militar-feudal y la burguesa o comercial) han intentado fallidamente “manejar” el tiempo, elemento estructural del Universo de imposible dominio físico por cuenta del hombre, pues el tiempo es la materia en movimiento en la infinita diálisis del espacio.

En el año 46 a. de C. el emperador romano Julio César modificó el calendario que provenía de los primeros reinados de Roma: el de Numa Pompilio (716-674 a. de C.), que disponía de 355 días y 12 meses, y el de Rómulo, que tenía 304 días y solo 10 meses porque era lunar. El juliano tuvo 365 días, un bisiesto y 12 meses con dos nombres distintos a su predecesor. La mayoría estaban dedicados a dioses: Martius (marzo-Marte), Aprilis (Venus en etrusco), Maius (Maya- Afrodita), Junius (Juno), (Quintilis, quinto, cambiado a Julio para honrar al emperador); Sextilis (sexto, cambiado a Augustus, en honor de Octavio Augusto); September (séptimo); October (octavo); November (noveno), December (décimo); Januirius (Jano=enero) y Februarius (Plutón).

Calígula, Nerón y Domiciano impusieron sus nombres (Germanicus, Neroniano y Domitianus) a tres de los 12 meses, pero no sobrevivieron en el calendario juliano. En 325 d. de C. el emperador Constantino dividió los meses en semanas de siete días e impuso a estos nombres astrales: domingo al Sol (dóminus: el señor), lunes (Luna), martes (Marte), miércoles (Mercurio), jueves (Júpiter), viernes (Venus) y sábado (Saturno). Tres siglos más tarde Carlomagno (747-814), emperador del Sacro Imperio Romano Germano (700 d. de C.), numeró los días de cada mes (28, 30 y 31).

Este calendario estuvo vigente hasta 1582, cuando el papa Gregorio XIII le hizo ajustes para establecer una nueva liturgia católica en la que cada día fue asociado a un santo, un mártir o un rey cristiano, a fin de apuntalar políticamente al imperialismo medieval europeo. El calendario gregoriano prevalece hoy en gran parte del orbe debido al dominio económico y político de Occidente: EE. UU. y Europa.