Individualismo, sociedad y pobreza

En el análisis de los problemas sociales parece haber resurgido hoy el antiguo enfoque metodológico individualista.

Pablo Bernardo Hernandez Jaime

2019-04-08
Ciudad de México

En el análisis de los problemas sociales parece haber resurgido hoy el antiguo enfoque metodológico individualista. Este paradigma sostiene que todo lo social es simplemente un agregado individual; es decir, lo social no existe sino como punto de reunión de individuos que, por implicación, preexisten y son autónomos. ¿Qué pruebas abonan quienes así piensan? Básicamente una: dado que no es posible “observar a la sociedad” en su conjunto, sino solo a las personas que la integran, puede inferirse que tal conjunto social no existe sino como la suma de las características individuales. Pero quienes así razonan cometen un error: sostienen que la sociedad solo existe como grupo de individuos y soslayan que este conjunto social posee propiedades específicamente sociales.

Como un ejemplo de esto, considérese que el lenguaje no puede existir sin el uso comunitario de las personas que lo emplean, y, por efecto, no es propiedad individual. Por el contrario, las diferentes lenguas y sus estructuras simbólicas son el resultado de cientos de años de historia social. Cada que una nueva generación nace y participa del lenguaje, se lo apropia y, claro, lo modifica, porque un lenguaje no es creado completamente por un grupo social sino por varias generaciones en el devenir histórico de una nación o civilización regional. Pero además, y esto es quizás lo más importante: cada generación es, en cierto modo, educada y enseñada a pensar con base en el lenguaje de que dispone en el momento de su socialización. De manera que al hecho tácito de interactuar cotidianamente con “individuos” pensantes y hablantes, precede otro hecho igualmente cierto: ese “individuo”, para llegar a ser tal, fue antes producto de circunstancias sociales. Y esto que aplica para la adquisición del lenguaje, aplica también para el desarrollo del gusto, los intereses y aspiraciones, el intelecto y las capacidades, etcétera.

Por supuesto que las sociedades solo existen a través de personas concretas, pero éstas viven psicológica y objetivamente instruidas por estructuras económicas, políticas y culturales que definen su personalidad. Los individuos no preexisten sino que llegan a ser, son obra de determinaciones sociales.

Consideremos ahora el problema de la pobreza. Ésta puede definirse como insatisfacción de necesidades. Y lo que es más necesario o vital, como alimentarse, curarse y contar con educación integral, no puede definirse como una preferencia. Objetivamente hay carencia. La pobreza es objetiva, no un estado de conciencia. En México este problema, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social, afecta a 43.6 millones de personas.

El individualismo metodológico responsabiliza de esta situación a los individuos que padecen la pobreza: el pobre es pobre por falta de voluntad, por flojera, por vicio o, sencillamente, porque no maximizó su “capital humano”. Desde esta óptica, resulta sencillo “lavarse las manos”. Los problemas del pobre, aunque reales, son de él y de nadie más. Pero la pobreza no es un asunto individual, sino social. Ésta tiene básicamente dos fuentes. La primera es cuando una sociedad no produce los bienes y servicios para satisfacer las necesidades de su gente, y la segunda cuando produce los satisfactores pero éstos no se encuentran al alcance de la mayoría de las personas. En otras palabras: la pobreza es resultado del subdesarrollo y la desigualdad. ¿Cuál es, entonces, el origen de los pobres en una sociedad como México, cuya producción es tan grande que lo ubica en la posición número 15 a nivel mundial? ¿Cuál puede ser el origen de la pobreza en un país donde el hombre más rico amasa 67 mil millones de dólares en bienes de todo tipo, mientras las tres cuartas partes de la población económicamente activa sobrevive con tres salarios mínimos o menos y, al mismo tiempo, sus jornadas de trabajo son las más extenuantes entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico? Cuando la producción es una propiedad social, no podemos decir que la distribución de la riqueza social es un problema individual. El problema es la desigualdad y ésta involucra a todos.