El PRI y sus cenizas

Acostumbrados por décadas a despachar en la cumbre del poder, lo mismo en varios estados que en el Gobierno Federal, hasta hace unos meses los priistas no han reconocido aún su nuevo papel como oposición disminuida e irrelevante en el Congreso de la Unión

Álvaro Ramírez

2019-04-08
Ciudad de México

Acostumbrados por décadas a despachar en la cumbre del poder, lo mismo en varios estados que en el Gobierno Federal, hasta hace unos meses los priistas no han reconocido aún su nuevo papel como oposición disminuida e irrelevante en el Congreso de la Unión.

Lo mismo en la Cámara de Diputados que en el Senado de la República, los coordinadores parlamentarios de las bancadas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), René Juárez Cisneros y Miguel Ángel Osorio Chong, respectivamente, todavía manotean y se ponen exquisitos a la hora de ofrecer los votos de sus legisladores.

A los dos exgobernadores, el primero de Guerrero y el segundo de Hidalgo, les cuesta bajarse de la acostumbrada soberbia con que el partido hegemónico solía actuar como único mandamás en el país.

Les cuesta, sobre todo, ver que ya no son, como en el pasado, los dueños de todo: partido, instituciones, poderes, conciencias y decisiones.

Salvo en casos verdaderamente excepcionales, a los priistas les resulta muy complicado encontrar la estrategia adecuada para sobrevivir en este nuevo escenario legislativo.

Ahora los sufragios de las bancadas priistas son innecesarios para cualquier votación en la LXIV Legislatura del Congreso de la Unión, incluso las de mayoría simple, la mitad más uno, en donde los grupos parlamentarios lopezobradoristas, encabezados por el Movimiento Regeneración Nacional, lo mismo en San Lázaro que en la Cámara Alta, se bastan solos.

Actualment, el PRI en la Cámara de Diputados tiene solamente 47 de un total de 500 curules; mientras que en el Senado apenas tiene 14 de 128 escaños.

En el Senado hace un par de semanas, en la elección de cinco magistrados electorales de las salas regionales del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en la que se impuso la mayoría afín al Presidente de la República, los priistas tuvieron una dosis de realidad cuando ni siquiera por cortesía les fue atendida la petición de un nombramiento.

El mayoriteo que tanto practicó el PRI en el pasado, cuando era una aplanadora legislativa, ahora es sufrido por sus legisladores.

El tema tiene relevancia porque en un nuevo régimen en el que el lopezobradorismo no tiene contrapesos, hacen falta políticos con talento que puedan oponerse al totalitarismo.

Si bien en este momento esto es imposible con números, dicha necesidad política puede ser suplida con mucha inteligencia y tacto.

Con su evidente caída electoral del año pasado, el Partido Acción Nacional sufrirá el próximo dos de junio en seis entidades; pero al Revolucionario Institucional le será imposible levantarse solamente con berrinches como los que practica en las negociaciones parlamentarias.

El asunto parece complicado. En el pasado pudieron aplicarlo con éxito otros grupos parlamentarios que a pesar de sus minorías irrelevantes hallaron circunstancias favorables para ofrecer sus pocos votos a favor de algún tema, a fin de conseguir lo que deseaban para sus causas.

 

La desesperada democracia

La grave circunstancia por la que atraviesa al PRI quizás logre amortizarse en los próximos meses, cuando por primera vez en su historia renueve su dirección nacional mediante la participación de toda su militancia con boleta electoral en mano.

Por primera ocasión, al menos en el recuerdo de este reportero, un partido político hará una elección interna –en este caso el próximo 1º de septiembre– para designar a su próximo dirigente mediante el sufragio directo de sus militantes.

Este ejercicio inédito, efectivamente democrático, lo organizará el Instituto Nacional Electoral, lo que garantizará o al menos posibilitará que el proceso sea creíble, legal y legítimo.

Tampoco hay que asustarnos de que surja cualquier cantidad de irregularidades muy al estilo del viejo priato: compra de votos, mapacherías, embarazo de urnas y el largo etcétera ya de todos conocido.

El acuerdo de elección abierta a la militancia, al que llegaron la dirigencia actual y los aspirantes a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional, es evidencia de que efectivamente el tricolor busca redimirse al menos, o en principio, con su militancia. ¿Le alcanzará para renacer de sus cenizas? Podría ser.