La Tierra Caliente de la Cuenca del Papaloapan

Pocos habitantes de la región saben que John Kenneth Turner conoció entre 1908 y 1909 la Tierra Caliente de la Cuenca del Papaloapan y que le dedicó al menos dos capítulos de su libro México Bárbaro

Capitán Nemo

2019-04-08
Ciudad de México

Pocos habitantes de la región saben que John Kenneth Turner conoció entre 1908 y 1909 la Tierra Caliente de la Cuenca del Papaloapan y que le dedicó al menos dos capítulos de su libro México Bárbaro, en los que describió la forma en que vivían los habitantes de esta región, entonces bajo el dominio de compañías extranjeras y del gobierno de Porfirio Díaz. El nivel de pauperización de sus pobladores impresionó al periodista estadounidense y le sirvió para prever el movimiento social que se gestaba y que meses después demolió a la cruenta dictadura con más de 30 años de vigencia.

Esa región se ha ganado a pulso dicho nombre porque la mayor parte de los meses del año registra temperaturas que rebasan los 38 °C; su clima tropical y sus suelos fértiles hacen muy prósperos numerosos cultivos agrícolas y agroindustrias; abarca municipios de los estados de Puebla, Oaxaca y Veracruz, los de mayor número. Usted puede preguntar a cualquier habitante de la Cuenca y le dirá con mucho orgullo que en su tierra se da de todo, aunque en su mesa no tenga nada para comer. En años recientes la vida de sus habitantes se ha ido complicando cada vez más. Los pequeños productores han visto pasar los días de gloria.

Hace 50 años, el arroz se convirtió en el cultivo más importante, pero los terrenos fueron degradándose, los campesinos empezaron a abandonarlo y hoy lo único que queda de la agroindustria arrocera es la maquinaria inservible y oxidada. Lo mismo pasó con los sembradíos de chile jalapeño, producto que durante 15 años fue uno de las principales fuentes de trabajo de agricultores y jornaleros. Para su siembra, cosecha y poscosecha, productores y empacadores contrataban a familias enteras, pero al igual que ocurrió con el cultivo del arroz, el uso intensivo de agroquímicos y las múltiples plagas terminaron con el jalapeño. La caña de azúcar ha logrado sobrevivir, pero son cada vez menos los campesinos que la producen.

Ahora las plantaciones de plátano macho y tabasco han convertido a la Cuenca del Papaloapan en una importante región bananera y la mayor parte de los campesinos se emplean en las labores relacionadas con su cultivo; pero el salario que reciben no rebasa los 100 pesos diarios y las empresas que exportan este producto al “primer mundo” incluso les pagan menos. El trabajo es agotador, tienen que cubrir ocho horas de jornada bajo los inclementes rayos del sol y muchos de ellos deben trabajar también en las tardes para completar sus menguados ingresos.

Las labores a pleno sol no son un asunto sencillo y dejan extenuado a cualquiera. El agobiante calor de la Cuenca se siente aún en la sombra y el valle se asemeja a un comal porque el calor sube también de la tierra. En pocos años, la lozanía de la piel es exprimida gota a gota por el trabajo ajeno y el calor extremo. La temporada de lluvias, sin embargo, no alivia su situación porque durante al menos dos meses llueve permanentemente, los campos se inundan y aún se tiene que sacar su trabajo, ya que de otro modo los campesinos no tendrían para comer ellos y sus familias. Por eso muchos migran a la ciudad, se van a vender frituras al puerto de Veracruz o se alistan en el Ejército para escapar de la Tierra Caliente en busca de un mejor nivel de vida.

Pero, como en los tiempos de Díaz, no a todos les va mal e incluso a algunos les va estupendamente bien. Éste es el caso de los grupos Femsa y Modelo; el primero tiene varios ingenios azucareros en la región y el segundo su planta cervecera más importante en el país. Estos grandes corporativos son los principales beneficiarios del desarrollo comercial, agropecuario y agroindustrial. Sus propietarios son capitalistas y terratenientes con apellidos conocidos de ésta u otras regiones del país y firmas trasnacionales. Tienen en común que aprovechan, además de la disponibilidad de los recursos naturales, la mano de obra barata de la Cuenca del Papaloapan.

Una mano de obra que, a muy temprana edad, por las condiciones de vida y las inclemencias del calor, sucumbe a las enfermedades gastrointestinales, a los mosquitos que infectan con el paludismo y el dengue y a la diabetes, que mata a muchos habitantes a edades muy tempranas. En esta tierra, a la que muchos trovadores han cantado por la riqueza permanente de su paisaje, los pobladores se ahogan en la miseria. Pocos de ellos creerán lo que hace unos días dijo don Ricardo Salinas Pliego, el dueño de TV Azteca, Banco Azteca y Electra: que la desigualdad no debe espantar a nadie porque es un proceso natural.

Para los habitantes de la Cuenca del Papaloapan los años pasan y no es nada natural que vivan en las condiciones de siempre.