Desigualdad social: La casa en Mango Street

La casa en Mango Street cuestiona real y objetivamente al “sueño americano” por el que tantos inmigrantes han luchado

Ana Kerlegan

2019-03-25
Ciudad de México

En The House on Mango Street (1984) la narradora méxico-estadounidense Sandra Cisneros traza el desarrollo personal y vital de Esperanza a partir de su infancia ensombrecida por la pobreza en su casa ubicada en la calle Mango. Más tarde su personaje pasará por una adolescencia opresiva y difícil, violentada por las condiciones socioeconómicas y sexuales en los barrios chicanos de la Unión Americana, hasta conseguir su liberación del mundo que la rodea mediante el hábito de la escritura. El título de esta novela es revelador por sí mismo, porque tanto la casa como la calle Mango sintetizan el mundo de la protagonista.

Por otra parte, las dicotomías dentro/afuera, centro/marginalidad, integración/alineación y aculturación/tradición, son enfoques destacados por el personaje-narrador, Esperanza, nuestra guía por la galería de experiencias que suceden en uno de tantos barrios chicanos. La obra recoge, además de ciertas características comunes con cualquier otro barrio marginal de Estados Unidos, las reflexiones de una niña, y más tarde adolescente, sobre su propia realidad y aquélla que quiere cambiar.

La casa es una metáfora del yo de la narradora. Es un espacio donde el sentido de pertenencia y búsqueda de identidad integran lo que es su interioridad, determinada por la escritura. En su recorrido por la calle Mango y por el recuento que hace Esperanza de su casa, nos podemos percatar de la oposición manifiesta que simboliza la casa de sus sueños, así como de su cruda realidad.

Sandra Cisneros centrará nuestra atención en la hostilidad y pobreza que rodea a los miembros de la comunidad chicana y el deseo de alcanzar una vida mejor, siguiendo los escasos rastros de eso que llamamos American dream, término que dentro de la cultura estadounidense no se materializa en mejores posibilidades de supervivencia para otras comunidades raciales que no pertenezcan a la raza blanca.

El mundo exterior que rodea a Esperanza la hace sentirse alineada y le confiere ese rasgo de marginalidad constante; siente vergüenza cada vez que sus compañeros del colegio o las monjas le preguntan dónde vive: “You live there? There. I had to look to where she pointed –the third floor, the paint peeling, wooden bars Papa had nailed on the windows so we wouldn’t fall out (…)”. Es evidente que en este fragmento la protagonista exalta su deseo de una casa que no la haga sentirse humillada, pues cada vez que la describe padece su condición marginal.

Los padres de Esperanza, al igual que la mayoría de las personas que viven en un barrio pobre de Estados Unidos, cambian de casa constantemente en su intento por encontrar ese espacio idóneo y digno para habitar. La descompensación económica y la desigualdad sociocultural que afecta no solo a la comunidad mexicoamericana sino también a otros grupos étnicos, provocan el nomadismo de la familia de Esperanza. En este sentido, La casa en Mango Street cuestiona real y objetivamente al “sueño americano” por el que tantos inmigrantes han luchado, desesperado y perecido en el intento.

En esta novela, la contradicción entre el American dream y la realidad étnica se establece con base en las condiciones económicas, políticas y culturales que condenan, a fin de cuentas, a la comunidad hispana a la desigualdad social en suelo estadounidense.