Intereses imperiales en la crisis indo-pakistaní

Una India aliada, lejos de China y Rusia, sirve al interés geopolítico de Estados Unidos (EE. UU.). Sin embargo, ese cálculo le falló a la superpotencia tras la negativa de Nueva Delhi a romper con Venezuela e Irán.

Nydia Egremy

2019-03-18
Ciudad de México

Una India aliada, lejos de China y Rusia, sirve al interés geopolítico de Estados Unidos (EE. UU.). Sin embargo, ese cálculo le falló a la superpotencia tras la negativa de Nueva Delhi a romper con Venezuela e Irán. Paradójicamente, esa actitud diplomática independiente de India detonó, una vez más, su añejo conflicto con Pakistán por el control de Cachemira. Ambos Estados son actores nucleares en una zona del planeta que EE. UU., China y Rusia no quieren convulsionar, pues ahí tienen grandes intereses estratégicos. México tiene relaciones cordiales –aunque lejanas– con ambos países y cualquier cambio pasa por la reacción de Washington.

India es la sexta economía mundial, su territorio tiene la extensión de un subcontinente y aloja a la segunda población del planeta (mil 358 millones). Pese a sus altos niveles de pobreza, es el mayor productor global de Software y un importante exportador de derivados de petróleo, medicamentos envasados y joyería. Pero, ante todo, es el principal socio regional con que EE. UU. apuesta a contrarestar la creciente influencia y poder de China.

Pakistán es la 42ª economía mundial; sus 208 millones de habitantes lo hacen el quinto país más poblado del planeta y es el primer país islámico en poseer un artefacto nuclear. Las recientes reformas económicas abrieron sus puertas a la inversión extranjera y su estructura productiva ha cambiado de agrícola a fuerte base de servicios.

 Cachemira es el núcleo de la añeja crispación entre ambos Estados. Disputan sus 222 mil 336 kilómetros cuadrados, un territorio clave para el control del agua, pasos fronterizos estratégicos y sus 13 millones de habitantes son un mercado apetecible. Para EE. UU. su frontera con China e Irán es importante para el control regional.

En 1947, al independizarse, India recibió Cachemira del Reino Unido porque le garantizaba seguridad ante eventuales ataques de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) o China. En pleno siglo XXI, ése es precisamente el gran juego geopolítico de EE. UU. en Asia Meridional.

En 2012 el Global Times –de cuyo componente accionario posee mayoría el Partido Comunista de China (PCCh)– afirmaba que en esa región los movimientos de esos actores “son discretos”, donde nadie muestra agresión en sus actos. Tanto así que por ello los rusos hablan de un “torneo en las sombras”.

India es gran cliente de las armas estadounidenses y el pro-occidental Consejo del Atlántico propone que su flota y la de EE. UU. patrullen el Océano Índico para contener la creciente presencia naval de China, con el que India comparte la mayor frontera del planeta: cuatro mil kilómetros.

En 2016 Nueva Delhi firmó el Intercambio de Logística (LEMOA) para que la potencia utilice bases militares indias. Ese éxito permitió a Washington recomponer a su favor el equilibrio en el Mar Meridional de China.

Desde 2001, Pakistán sirve de muro de contención de los talibanes. El gobierno estadounidense argumenta que es refugio de radicales islámicos, por lo que la “Guerra Antiterrorista” de Washington opera impunemente ahí. Expertos estiman que desde 2002 aviones no tripulados estadounidenses han realizado hasta 140 ataques contra civiles y supuestos objetivos terroristas.

Una explicación objetiva de las causas del actual episodio del conflicto bilateral entre India y Pakistán pasa por desmantelar la campaña de desinformación que hay en Occidente. La propaganda occidental suele llamar a India la “mayor democracia del mundo” y a Pakistán, “Estado débil y proclive a golpes de Estado”.

Como anécdota, habría que recordar que Pervez Musharraf –que presidió Pakistán desde 1999– llegó por un golpe que Occidente apoyó. Solo protestaron por esa injerencia los partidos islámicos, que más adelante fueron perseguidos por la guerra contra el terrorismo de Washington.

TRAMPA A RUSIA Y CHINA

La teoría del “caos constructivo”, del estratega geopolítico Zbigniew Brzesinsky, se inspiró en el diferendo entre India y Pakistán. Tal como el emperador romano Julio César, que proponía la idea del divide et impera, el asesor de James Carter sugirió crear una zona de inestabilidad y violencia en el área donde se ubican Líbano, Palestina, Siria e Irak, y otra desde Irán y Afganistán hasta Pakistán, Cachemira, Xinjiang y Anatolia.

Aprovechar esa balcanización parcial, para “teledirigir al Estado Islámico y lo que resta de Al Qaeda”, sería el objetivo de EE. UU. al desestabilizar a Cachemira y consumar el choque indo-paquistaní. En ese escenario brzezinskyniano, China y Rusia deben involucrarse, estima Germán Gorraiz López, pues EE. UU. acusó de “tibieza” en la lucha antiterrorista al ya expresidente paquistaní Mamnoon Hussain.

Gorraiz no descarta que la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de EE. UU., intervenga para desmantelar la alianza Islamabad-Beijing y el apoyo de Rusia a India. Ambos han pactado instalar 12 reactores nucleares. En contraste Pakistán, con ayuda de China, habría desarrollado el misil balístico Hatf IV, capaz de desplazarse 900 km.

Diplomacia y errores

El primer ministro indio, Narendra Modi, apuesta por una política exterior abierta. Tanto, que al asumir el cargo en 2014 invitó a su homólogo paquistaní, Nawaz Sharif; meses después recibió al presidente chino Xi Jinping y viajó a Japón antes de visitar EE. UU.  Entusiasmado con Modi, Barack Obama le devolvió la cortesía al viajar a India en su fiesta nacional.

Aunque India ha sido aliado confiable de EE. UU., hoy parece desafiar esa relación por mantener cercanos vínculos con Rusia, Irán y Venezuela, no gratos a Donald John Trump. El nexo Delhi-Caracas se ha fortalecido al incrementar en más del 60 por ciento de las importaciones, al grado de que este año India se perfila como primer cliente de crudo venezolano.

Esa política energético-comercial desagrada al asesor de Seguridad Nacional estadounidense, John Bolton, quien en medio de la agresión contra el gobierno bolivariano advirtió que “no serán olvidados” quienes compran petróleo venezolano.

En Twitter, Bolton recordó la visita del Ministro de Energía venezolano a Nueva Delhi un día antes. A su vez, el funcionario bolivariano declaró: “Si China compra a Venezuela, si Surcorea y Japón hacen lo mismo ¿Por qué no podría hacerlo India?ˮ.

La hábil diplomacia india ha evitado sanciones de EE. UU.  por adquirir petróleo de Irán. Disfruta de una “autorización” semestral y no renovable que terminará en mayo. Teherán, interesado en mantener a ese cliente, ofrece a firmas indias atractivos pactos de cooperación en gas.

Pero en noviembre de 2019, EE. UU. extendió su guerra comercial contra India al retirar 50 productos del sistema de preferencias arancelarias. Pese a que las exportaciones del país asiático alcanzaron más de seis mil millones de dólares en 2017, Trump decidió que ahora deben pagar impuestos, por ejemplo, textiles con arancel cero.

El trasfondo de esas sanciones es que India no se retiró del acuerdo de compra con Rusia de aviones de combate Mig, de los que ya posee misiles antiaéreos S-400. EE. UU. le ofreció aviones F-16 a cambio de levantarlas.

El disgusto creció con la compra de petróleo a Venezuela. El primer ministro Modi mostró así su independencia diplomático-comercial y los analistas confirman que India no es una república bananera.

Sin embargo, en la Casa Blanca de Trump parecen dispuestos a mantener el viejo esquema comercial que EE. UU. impuso al mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Parecen olvidar que India es el tercer país más grande por poder adquisitivo y que apuesta a realizar sus transacciones en varias monedas, con lo que puede prescindir del dólar.

Nueva crisis

En la considerada “frontera más peligrosa del planeta” ambos países han librado tres guerras y constantes choques de grande y mediana escala. Una de ellas ocurrió el 14 de febrero cuando el grupo Jaish-e-Mohammed (JeM), terrorista según EE. UU., y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reivindicaron al peor ataque suscitado en Cachemira, India, en tres décadas y que causó la muerte de 42 personas.

En respuesta, el día 19 India bombardeó supuestos campos de entrenamiento de JeM en suelo paquistaní, aunque sin mostrar pruebas del origen del ataque. Un día después, en represalia, Islamabad derribó dos cazas indios y capturó a un piloto.

La tensión subió cuando India acusó a Pakistán de “terrorismo transfronterizo” al permitir –y auspiciar– la operación de grupos que atacan objetivos indios y atizan protestas separatistas entre los cachemires.

A su vez, las autoridades paquistaníes ordenaron congelar activos de grupos y personas sancionados por la ONU y vocearon que el suelo de Pakistán “no se usará contra nadie”. El cinco de marzo, Islamabad anunció la “detención preventiva” de 44 personas, entre ellas dos familiares de Masood Azhar, supuesto líder de JeM.

Región en crisis

Junio a noviembre 1962: Chocan India y China, quienes exigen respetar la frontera de 1914 (Línea McMahon), por la que Beijing controlaba la meseta de Aksai Chin y el Glaciar de Siachen. India reclamó como suyos ambos territorios.

31 marzo 2006:  George W. Bush suscribió en Nueva Delhi un acuerdo sobre cooperación nuclear. Con esta acción, Washington atrajo al gigante. Si lo ratifica el Congreso de EE. UU., India suscribirá el Acuerdo de No Proliferación (TNP).

19 abril 2012: India mostró un misil de largo alcance, tras conocerse la intención de China de disponer de instalaciones en Islas Seychelles. El ministro de Defensa chino afirmó que solo fue para cargar combustible, pero medios indios afirmaron que China abrió su primera base militar en el Índico.

6 junio 2018:  En la cumbre de los BRICS, India y China enviaron señales de acercamiento.

5 octubre 2018: El presidente ruso Vladimir Putin anunció que su país e India aumentarán su cooperación en organismos internacionales como la ONU, BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghai y el G-20.

Como muestra de buena fe, India proporcionó a Pakistán el expediente que permitió ubicar a esos detenidos. Pakistán insiste en que la incursión india fue breve y “solo soltó cuatro bombas” que apenas derribaron árboles. El líder del gobernante partido indio Bharatiya Janata Party (de Modi) asegura que en esa operación murieron “más de 250 terroristas”.

México, lejano

La primera operación de mantenimiento de la paz (OMP), del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas fue el Grupo de Observadores Militares entre India y Pakistán (UNMOGIP), creado por la Resolución 39. México envió en 1948 a sus propios representantes a esa zona para observar las tareas del grupo pacificador. 

Por esa circunstancia, los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón sustentaron la “necesidad” de que México participara una vez más en OMP para reafirmar su “liderazgo” internacional.

Lamentablemente la UNMOGIP no ha evitado la violencia entre los actores. Fue incapaz de frenar las hostilidades de agosto de 1965; de 1971; en el conflicto independentista de Cachemira India a finales de los años 80; en el aumento de la tensión bilateral de 1999; los atentados de 2008 y los innumerables fracasos de intentos de diálogo mutuo.

México fue el primer país latinoamericano en reconocer a India tras su independencia y de establecer relaciones en 1950. La variedad Sonora de trigo mexicano apuntaló la Revolución Verde en ese país. Aunque ambas son economías emergentes, hay un abandono diplomático, pues desde 2007 ningún Ejecutivo mexicano ha visitado India.

México estableció relaciones diplomáticas con Pakistán en enero de 1955; este país abrió embajada en 1974 y hasta 2007 México correspondió con un acto igual, aunque nuestra sede diplomática en Islamabad se cerró en 2009 por supuestas restricciones presupuestarias. El presidente Musharraf visitó el país en 2004; entonces se impulsó el comercio, la cooperación científica y se suprimieron visados.