La lírica popular de Gil Vicente

En la primera mitad del siglo XVI, la obra del hispanoportugués Gil Vicente (1465-1537) da al teatro español gran eficacia y excelencia

Tania Zapata Ortega

2019-03-18
Ciudad de México

En la primera mitad del siglo XVI, la obra del hispanoportugués Gil Vicente (1465-1537) da al teatro español gran eficacia y excelencia; dos épocas se distinguen en su producción, una correspondiente a su carácter de poeta cortesano, respetuoso de la preceptiva medieval, y otra en la que se adivina ya el Renacimiento; su poesía, sencilla, libre de ornamentos y erudición, abreva directamente en las fuentes tradicionales de la lírica gallego portuguesa y en la herencia árabe. Sus personajes se desenvuelven en un ambiente pastoril; pero la aparente sencillez de la forma envuelve un universo de significados que han fascinado a los historiadores de la literatura, como en este bellísimo poema, donde encomia la belleza de una pastora y asegura que es superior a todo lo que existe, demostrándolo al interrogar sucesivamente a un marino, a un soldado y a un pastor; la niña representa su amor al terruño, y para él ningún viaje o empresa puede igualársele.

En la sierra anda la niña

su ganado a repastar,

hermosa como las flores,

sañosa como la mar.

Sañosa como la mar está la niña.

¡Ay, Dios!, ¿quién la hablaría?

Muy graciosa es la doncella,

¡cómo es bella y hermosa!

Digas tú, el marinero

que en las naves vivías,

si la nave o la vela o la estrella

es tan bella.

Digas tú, el caballero

que las armas vestías,

si el caballo o las armas o la guerra

es tan bella.

Digas tú, el pastorcico

que el ganadico guardas,

si el ganado o los valles o la sierra

es tan bella.

Autor bilingüe, como tantos de su tiempo, escribió indistintamente en portugués y en castellano. Rítmicas son sus composiciones y el estribillo prueba su honda raigambre popular. Por si quedara alguna duda de su ruptura con las normas sociales, la temática del siguiente poema, uno de los más conocidos de Gil Vicente, arroja luz sobre su distanciamiento de la rígida moral medieval, pues da voz, con evidente simpatía, a la rebelde que se niega a cumplir con un rol impuesto:

Dicen que me case yo:

no quiero marido, no.

Más quiero vivir segura

n’esta sierra a mi soltura,

que no estar en ventura

si casaré bien o no.

Dicen que me case yo:

no quiero marido, no.

Madre, no seré casada

por no ver vida cansada,

o quizá mal empleada

la gracia que Dios me dio.

Dicen que me case yo:

no quiero marido, no.

No será ni es nacido

tal para ser mi marido;

y pues que tengo sabido

que la flor ya me la só,

dicen que me case yo:

no quiero marido, no.