Política salarial del nuevo Gobierno Federal, insuficiente para el trabajador

Después de las crisis económicas que el país experimentó en la década de los 80, el gobierno siguió una política económica que subordinó las necesidades internas a la dinámica económica internacional.

Arnulfo Alberto

2019-03-18
Ciudad de México

Después de las crisis económicas que el país experimentó en la década de los 80, el gobierno siguió una política económica que subordinó las necesidades internas a la dinámica económica internacional. Además, la ausencia de una estrategia coherente de crecimiento nacional –por ejemplo, una política de desarrollo industrial que promoviera la creación de empleos en varias regiones del país– provocó mayor pobreza y desigualdad en la población. Asimismo, la política social, que ha limitado el gasto social a transferencias directas focalizadas e insuficientes, no ha podido contrarrestar estos efectos negativos de la política económica, por lo que los problemas se han agravado. En este contexto, la nueva política de salarios mínimos del Gobierno Federal es una medida minúscula para contrarrestar todos los efectos negativos del modelo económico que ha privilegiado al comercio exterior frente al fortalecimiento del mercado interno. Sobre este tema precisamente haré los siguientes comentarios.

Primero. Aunque el salario mínimo general nacional (SMGN) se incrementó en un 16 por ciento a partir del 1º de enero de 2019 para alcanzar los 102 pesos, su alza de 14 pesos diarios es insuficiente para subsanar el rezago histórico del poder adquisitivo de los trabajadores, cuyo salario real ha crecido muy por debajo de la inflación; basta decir, a modo de ejemplo, que es mucho menor de lo que cuesta un pasaje de ida y vuelta en transporte público en el Estado de México. A esta tasa de crecimiento, de acuerdo con estimaciones del Centro de Estudios Multidisciplinarios (CAM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los trabajadores tendrían que esperar hasta el año 2040 para recuperar el poder adquisitivo del salario de los años 80. Y esto sería solamente para cubrir los gastos de alimentación del trabajador, sin considerar otras necesidades de primer orden como la vivienda, el transporte, la educación, la salud, el vestido y la cultura. El nivel del salario mínimo general de nuestro país es de los más bajos de América Latina, superado incluso por los de los países más pobres de la región, como Bolivia y Nicaragua.

Segundo. No es superfluo hacer notar que en el acuerdo con el que se decidió incrementar al SMGM no tuvieron participación los trabajadores, pero sí las principales cámaras empresariales –entre ellas la Confederación Patronal de la República (Coparmex) y el Consejo Coordinador Empresarial (CCE)– y centrales obreras tradicionales. ¿Por qué los dirigentes de estas organizaciones laborales y las corporaciones patronales aceptaron de buena gana el aumento de 14 pesos al salario mínimo? De acuerdo con el CAM, el alza salarial no enfrentó resistencia de parte de estos señores porque el gobierno les hará una transferencia por 43 mil 300 millones de pesos a cambio de la participación de sus empresas en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, en el que éstas no asumirán ningún compromiso laboral inmediato ni futuro, los jóvenes trabajarán gratuitamente y el gobierno pagará los salarios.

Tercero. La Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) fue enfática al advertir que la nueva cuota salarial no debe ser utilizada como referente para fijar incrementos de los demás ingresos vigentes en el mercado laboral (salarios contractuales, federales y locales; y burocráticos de los niveles federal, estatal y municipal). El número de los trabajadores que perciben SMGN es solo una fracción con respecto al conjunto de la población económica activa (PEA), por lo que su impacto será reducido en la distribución salarial de la mayoría de los mexicanos; es decir, muchos de éstos seguirán percibiendo un salario más o menos similar al que tenían el año pasado.

Como puede verse, el aumento del salario mínimo de este año fue completamente risible. Hace falta un aumento mucho mayor para que incida de manera considerable en el nivel de vida de la población. Además, para avanzar hacia una sociedad más equitativa hacen falta políticas y reformas complementarias, como la fiscal, con la que el Estado pueda aumentar sus ingresos y disponer de los recursos que necesita para financiar bienes y servicios de beneficio para las grandes mayorías y para realizar inversiones públicas que incrementen la producción y la productividad nacional interna, mucho más empleos y que propicien la existencia de mejores salarios para toda la población.