PAN, del cielo al infierno en mil días

El PAN, sumido en una crisis que se explica por su propia incapacidad para construir acuerdos, resanar divisiones y forjar liderazgos emergentes

Álvaro Ramírez

2019-02-18
Ciudad de México

Sumido en una crisis que se explica por su propia incapacidad para construir acuerdos, resanar divisiones y forjar liderazgos emergentes, el Partido Acción Nacional (PAN) se dirige hacia la catástrofe en los seis estados que actualmente gobierna y donde habrá elecciones, lo que podría ocurrir a solo tres años de haber conseguido su histórico triunfo en siete gubernaturas en una misma jornada comicial en el verano de 2016.

El dos de junio próximo, a menos que haya una sorpresa mayúscula, el panismo pagará cara la factura, una más, por sus pleitos internos, la mezquindad de sus líderes, la soberbia de sus integrantes, el extravío ideológico y hasta por la tragedia.

Quién iba a pensar aquella noche del cinco de junio de hace un trienio, cuando el PAN celebró su triunfo en siete de 12 gubernaturas en disputa –por cierto una jornada victoriosa en su historia partidista–  que se aproximaría una gravisima derrota el dos de junio.

Al menos cuatro distintas mediciones pronostican que el panismo naufragará en las elecciones por las gubernaturas de Puebla, de carácter extraordinario, y la de Baja California, que ha sido territorio albiazul desde hace tres décadas y en donde habrá también procesos para renovar el legislativo y los ayuntamientos.

En el primer estado, su derrota se ve atravesada por la tragedia interna y familiar que derivó del fallecimiento en un percance aéreo, el pasado 24 de diciembre, de la gobernadora Martha Érika Alonso Hidalgo y su esposo el senador y exmandatario Rafael Moreno Valle Rosas, quien nunca procuró que sus aliados y partidarios consolidaran liderazgos y que se pulverizaron después de su desaparición.

En el segundo caso, Baja California, como en los otros estados donde gobierna y habrá elecciones locales –de alcaldías en Aguascalientes y Durango, y legislativas en Quintana Roo y Tamaulipas– el desgaste del PAN-gobierno y los errores e incapacidades de sus líderes son los principales factores de la previsible derrota.

La gran crisis del PAN, que en 2018 alcanzó a colocarse como la primera fuerza opositora en las bancadas de las dos Cámaras del Congreso de la Unión, comenzó aquella noche del cinco de junio de 2016.

Mil días después, las fracturas que en ese momento provocaron los bandos del entonces presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) y luego candidato presidencial, Ricardo Anaya Cortés y sus adversarios, convirtieron en escombros lo que pudo haber sido un panismo fuerte y eficiente en las batallas electorales del futuro inmediato.

Hacía varios años, décadas, que el PAN se había apartado de sus principios humanistas que lo distinguieron como oposición sólida y consecuente con sus ideales, aun en la derrota.

El pragmatismo los llevó a ganar elecciones pero de forma artificial.

Desde que en 2016 se sumara a sus filas el extinto Rafael Moreno Valle Rosas, en su momento insigne priista, y luego su refrendo como candidato en 2010, con tal de ganar una gubernatura y sellar una alianza con el antagónico –hoy en bancarrota– Partido de la Revolución Democrática (PRD) y otros, el panismo fue impulsado a arreglos que lo llevaron a claudicar de sus principios históricos y a olvidar el ideario de sus fundadores.

Vinieron luego más arreglos de este tipo y muchos expriistas, cobijados por el PAN, fueron o son gobernadores.

En las condiciones actuales del país, con un nuevo régimen instaurado, de énfasis clientelar y casi totalitario, sería muy fácil suponer que por la fuerza de la marca del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y la solidez que tiene todavía el lopezobradorismo, el PAN está condenado al fracaso en las seis elecciones estatales que tendrán lugar el dos de junio.

Por supuesto, si se trata de señalar, el culpable de esta debacle es el extravío panista.

Es más: el triunfo del lopezobradorismo en 2018 hubiera sido impensable sin los yerros y aberraciones del PAN y del PRI, que antes tuvieron el Gobierno Federal en sus manos. Así de claras son las cosas.