Inseguridad, un mal del Estado fallido

El informe se seguridad presentado este lunes evidenció que mayo ha sido el mes con el mayor número de homicidios dolosos en lo que va de este 2022. Además, siete de cada 10 mexicanos se sienten inseguros en sus hogares.

Adamina M. Díaz

2022-06-23
Ciudad de México

Una cosa es clara, la política de “abrazos, no balazos”, para contrarrestar al crimen organizado y la delincuencia, no funciona, no ha funcionado y no funcionará. El informe presentado este lunes por la titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Rosa Icela Rodríguez Velázquez, en la mañanera del presidente AMLO, evidenció que mayo ha sido el mes con el mayor número de homicidios dolosos en lo que va de este 2022.

A decir de Seguridad y Protección Ciudadana, en mayo se registraron dos mil 833 homicidios, 279 más que en abril, es decir, hubo un incremento del 10 por ciento en este delito. En enero se registraron 2 mil 436; en febrero, 2 mil 261, la cifra más baja en lo que va del año (25 por ciento menos que en mayo); en marzo 2 mil 653 y en abril 2 mil 554.

Además, también se dieron a conocer las entidades en donde más delitos de este tipo de cometen, a saber: Guanajuato, Michoacán, Estado de México, Baja California, Jalisco y Sonora, estados que concentran el 48 por ciento (6 mil 150) de todos los homicidios dolosos cometidos en el país.  

A pesar de que a diario los noticieros nacionales reportan ejecuciones y noticias alarmantes sobre la delincuencia e inseguridad en el país, la titular de la SSPC se jactó de que los homicidios estén yendo a la baja, pues el pasado mes de mayo se registró la cifra más baja “desde hace cinco años (…). Se mantiene la tendencia a la baja con una disminución de 7.8 por ciento en comparación con el máximo histórico de 2018”, dijo.

Presumió que el robo haya disminuido 29.1 por ciento; que el feminicidio haya ido a la baja y sea un 31.2 por ciento menor respecto a su máximo histórico; y que, en general, en la administración cuatrotera, los delitos del fuero federal hayan decrecido 26.6 por ciento desde que López Obrador llegó a la presidencia.

Pero ante las afirmaciones oficiales cabe preguntarse, ¿por qué si vamos tan bien en materia de inseguridad, como parecen evidenciar las cifras que da el gobierno, los mexicanos seguimos sintiéndonos inseguros y en constante peligro? La realidad es que siete de cada 10 mexicanos mayores de 18 años no se sienten seguro en su lugar de residencia.

En marzo de este año, el INEGI dio a conocer su Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana 2022, que realizó en los primeros tres meses de 2022. Dicha encuesta arrojó que el 66 por ciento que no se siente inseguro en México, no representa un cambio estadísticamente significativo1 con relación a los porcentajes registrados en marzo y diciembre de 2021, que fueron de 66.4 y 65.8 por ciento, respectivamente. Esto quiere decir que, a pesar de los datos alegres de la 4T, los mexicanos no percibimos que la inseguridad vaya a la baja.

¿Qué es lo que más temor genera? Cosas sencillísimas; acudir al cajero automático, ir al banco, tomar el trasporte público e incluso caminar a cualquier hora sobre las calles y avenidas que regularmente transitamos. Lo dice la encuesta del INEGI.

Las mujeres somos las qué más vulnerables nos sentimos: 71 por ciento de las encuestadas frente al 60 por ciento de los varones. Pero Rosa Icela Rodríguez Velázquez se jactó en asegurar que el feminicidio ha disminuido cinco por ciento en el último mes. ¡Cuánta falta de autocrítica y revisión objetiva de la realidad!

Para Arlene Ramírez Uresti, colaboradora de El País, este y otros males de México tiene que ver con que tenemos un Estado fallido, es decir, un gobierno incapaz de “proveer de servicios básicos para la población, para mantener instituciones sólidas, para garantizar el respeto a los derechos humanos es lo que lleva a un Estado a fallar en su principal propósito: cuidar a la población y trabajar por su desarrollo”.

Esto se acercaría más a la realidad. México no ha tenido un solo día de paz desde que la actual administración llegara al poder. Desde el primer día, AMLO hizo patente su política de austeridad republicana que ha escalado conforme pasan los años hasta convertirse en lo AMLO llama hoy el “gobierno de la pobreza franciscana”. No solo hay menos empleo, menos liquidez, menos acceso a los servicios básicos, sino que cada vez los mexicanos son más pobres y su salario, los que lo tienen, alcanza menos para vivir.

Como resultado de todo esto, incrementa el malestar social, la inconformidad, la percepción de injusticia y, por ende, la inseguridad. Empieza a permear en la población la idea de hacer justicia por propia mano y proveerse los bienes necesarios a como sea posible, incluso de manera ilegal, pues no se puede creer en el gobierno ni en sus instituciones. A eso ha orillado al mexicano la política de la pobreza franciscana. Que no se sorprenda nadie.