La importancia de saber

Una perspectiva que pretende ser incluyente afirma que toda cultura es igualmente válida; la otra afirma que ciertas expresiones culturales son vulgares y otras elevadas, ¿quién es, entonces, más culto?

Aquiles Lázaro

2022-06-19
Ciudad de México

Se ha repetido, y es cierto, que no existe tal cosa como la “incultura”. En sentido amplio, el concepto cultura hace referencia al conjunto de saberes y prácticas de una sociedad determinada en la que todo individuo, en tanto que parte de un grupo social, es inherentemente dueño de una cultura. En sentido estricto es imposible ser absolutamente inculto.

Ahora bien, la relativización de esta discusión debe ser tomada con precauciones extremas. Una perspectiva que pretende ser más incluyente afirma que toda cultura es igualmente válida, y que los discursos “culturizadores” son siempre una “velada imposición” que pretende suplantar la identidad cultural de un grupo dominado para implantarle una ajena, la del grupo dominante.

En el otro extremo de esta línea se encuentra un discurso con un alto contenido elitista, que defiende que ciertas expresiones culturales son vulgares, simples; y que otras son eruditas y elevadas. En esta óptica ligada a ideas de jerarquía social, generalmente se asume por ejemplo (más por una intuición ignorante que por una reflexión crítica), que el ballet clásico es más culto que bailar bachata.

¿Quién es, entonces, más culto? La cuestión no es nada sencilla. Y en esta discusión, por cierto, las declamaciones que llaman a “elevar el espíritu” o a “cultivar la mente” contribuyen poco, flotan como humo sin tocar jamás el suelo para decirnos a los mortales qué significa exactamente “elevar el espíritu”.

Por mi parte, opino que elevar el espíritu significa algo así como acercarse a concepciones nuevas, conocer cosas hasta antes desconocidas, experimentar nuevas formas de sentir y pensar. A lo mejor en eso generalmente estaremos todos de acuerdo. Pero yo sostengo, además, que este proceso no es unidireccional; es más, que ni siquiera existe la línea con los extremos erudito y vulgar.

La cultura no es una escala, es un universo dinámico. Y el más inculto es el que tiene una noción más limitada de este universo. Permítaseme un ejemplo sencillo: una persona que por una deficiencia óptica solo puede ver en blanco y negro. Habrá cosas que percibirá exactamente igual que el resto, algunas películas, fotocopias, un gato negro… Pero indudablemente no conocerá jamás la sensación de ver un jardín de muchas flores a color y estará privado de esta experiencia. Agreguemos al ejemplo un individuo que distingue esta vez tres tonos: negro, blanco y rojo; su catálogo de apreciación aumentará, podrá ver la sangre, los atardeceres, las fresas, etc. Y así sucesivamente. Elevar el espíritu, cultivar la mente, significa aprender constantemente a ver nuevos colores.

Un día discutíamos sobre una lista de reproducción de YouTube llamada Música para sentirte como villano del Siglo XIX que ganó el juego. Ésa fue la causa del tema de este texto. La lista tenía piezas de Wolfgang Amadeus Mozart, Antonio Vivaldi, Ludwig van Beethoven, entre otros coetáneos. Me parecía que, en general, esa música debería escucharse en márgenes del lenguaje de la música, puesto que así fue concebida. Es decir que, dado que la música representa un lenguaje en sí mismo, exige, en primera instancia, escucharla en el marco de ese lenguaje. Yo afirmaba triunfante que aproximarse al Réquiem de Mozart, por ejemplo, desde las referencias de El Señor de los Anillos era una aproximación que mutilaba la música en este sentido, una apreciación que ofrecía un panorama limitado de las posibilidades expresivas de la música en general.

Pero luego descubrí que tal tesis es perfectamente reversible; y que la tesis contraria es igualmente válida: quien escucha a Mozart sin las referencias de Hollywood, obtendrá también un panorama limitado de las posibilidades expresivas de la música.

Sea como sea, la discusión sigue abierta. Lo cierto es que a mayor cantidad de saberes, las posibilidades de apreciación se multiplican y se combinan infinitamente. Ésa es la importancia de conocer.