Marxismo sin dialéctica

Cualquiera muy quitado de la pena puede olvidarse de la dialéctica si gusta o prefiere; pero la dialéctica no se olvida de nadie, grande o pequeño, moro o cristiano.

Miguel Alejandro Pérez

2022-06-19
Ciudad de México

Un marxismo sin dialéctica es como una campana sin badajo, como un reloj al que le falta un muelle, ya que muchas veces se adopta una actitud desdeñosa hacia la dialéctica porque en realidad “no se sabe” qué diantres es, ni mucho menos para qué cosa sirve… si es que para algo sirve. En el fondo no se le ve utilidad alguna, aceptándola solo a regañadientes como un fardo estorboso que tiene que cargarse por obligación o puro compromiso según tradición vetusta. También se alega típicamente que la discusión sobre “cuestiones abstractas” no tiene ningún caso o que puede aplazarse en última instancia a las dichosas calendas griegas, debiéndose enfocar la atención exclusivamente en “cuestiones concretas”.

Pero, ¿es cierto que el acto de rechazar la dialéctica no tiene importancia política? ¿No tiene consecuencias prácticas de ninguna clase? ¿Es posible pensar (y actuar) como revolucionario si se rechaza la dialéctica o si se le concede nula importancia práctica? Por supuesto que no. La dialéctica no es, sin embargo, un asunto que pueda rechazarse a voluntad y capricho del individuo, tal como puede rechazarse un cigarrillo cuando alguien no fuma en lo absoluto o no tiene el menor deseo de hacerlo, diciendo simplemente en cada caso “no, gracias, no fumo”, o “no, muchas gracias, no me apetece”. Cualquiera muy quitado de la pena puede olvidarse de la dialéctica si gusta o prefiere; pero la dialéctica no se olvida de nadie, grande o pequeño, moro o cristiano. Vladimir Ilich Ivanov Lenin escribió, en cierta ocasión, que hasta en una locución tan sencilla como “Juan es un hombre” hay dialéctica. La locución “Juan es un hombre” indica, en efecto, que “lo particular” es “lo general”. Juan –lo particular– no existe más que en su relación con lo general –el género humano–, mientras que lo general existe únicamente en lo particular, en Juan. Los contrarios (lo particular y lo general) son ciertamente idénticos.

En fin, cabe atenerse a la idea de que socializar verdades ya descubiertas, difundiéndolas y convirtiéndolas sobre una base sólida de las acciones vitales por las grandes masas representa un “hecho filosófico mucho más importante y original que el hallazgo, por parte de un genio filosófico, de una nueva verdad que sea patrimonio de pequeños grupos de intelectuales”. Cierto. “Lo que queda limitado en una sola cabeza es teoría; lo que une a muchas cabezas, hace masa y se abre paso en el mundo, es práctica”. No importa qué verdades fuera de moda queden demasiado chicas a eruditos de probeta, pareciéndoles manualescas.

¿Qué es entonces la dialéctica? Puede decirse, abreviando un tanto, que se conocen únicamente dos sistemas lógicos fundamentales: la lógica formal, que se remonta a Aristóteles, y la lógica dialéctica de G. W. F. Hegel. ¿Cuál es la diferencia fundamental entre ambos? Las leyes fundamentales, y que se tienen por inmutables, de la lógica formal son tres: la ley de la identidad, la ley de la contradicción y la ley del tercero excluido. La primera establece que A es igual a A; la segunda es tan solo la forma negativa de la primera, y declara que A no es no-A; la ley del tercero excluido expresa finalmente que dos proposiciones contradictorias, mutuamente excluyentes, no pueden ser verdad, o bien A es B, o bien A no es B: si una de las dos proposiciones es verdadera, la otra es necesariamente falsa, y viceversa. La lógica habitual se aferra, pues, a la fórmula “Sí es sí, y no es no”: A es A; A no es no-A; A es B, o bien A no es B. Y sanseacabó.

La dialéctica se atiene, en cambio, a la fórmula opuesta: “Sí es no, y no es sí”, encontrándola mucho más satisfactoria que la rígida fórmula postulada por la lógica corriente. La lógica formal declara que A = A, “sí es sí, y no es no”; la lógica dialéctica replica: A no es igual a A, “sí es no, y no es sí”. La dialéctica no suprime por supuesto las prerrogativas de la lógica formal. León Trotsky argüía que la dialéctica es a la lógica formal lo que una película a una fotografía: “la película no proscribe la fotografía, sino que las combina en series según las leyes del movimiento”. La dialéctica es, en efecto, la lógica del movimiento. Es la lógica de la contradicción: “crítica y revolucionaria por esencia”, decía Carlos Marx. No por otra razón “castrar” al marxismo de la dialéctica lo convierte en una inocua campana sin badajo.