Hambre y pobreza; crisis que olvidan los gobiernos del mundo

México está muy lejos de erradicar el hambre. El plan antiinflacionario de López Obrador genera más escasez. Además, la inflación no se puede controlar con decretos simplones, programas sociales o trasferencias monetarias.

Miguel Ángel Casique Olivos

2022-06-06
Ciudad de México

Son tres las grandes y muy graves crisis que enfrentan los habitantes del planeta: energética, financiera y alimentaria; esta última fue muy mencionada durante algunos días en los medios de comunicación. Según se informó, la escasez de alimentos se debe al alza global de precios; y a la interrupción en las cadenas de suministros por la ola de sanciones de los países occidentales contra Rusia, uno de los principales socios comerciales en el mundo.

Sobre las espaldas del presidente Putin han caído todas las acusaciones de ser Rusia el principal factor de la enorme crisis de hambruna que sacude al planeta. Sin embargo, existen factores mucho más visibles para decir que no es así, tanto que cualquiera puede decirlo con toda certeza, pues venimos de un confinamiento por la pandemia de Covid-19 que obligó a paralizar esas mismas cadenas de suministros a los países con problemas de liquidez. Si pagar deudas externas era difícil, ahora para adquirir alimentos, a precios elevadísimos por la gran demanda, resulta más complicado. Solo unos cuantos países lograban comprar lo necesario y muchos otros compraban reservas, principalmente los países más desarrollados.

De esta forma, muchos países se mantienen en pie, pero otros (como México) se encuentran totalmente endeudados con los mismos generadores de la necesidad: empresarios, banqueros, gobiernos extranjeros y organismos económicos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM).

Del año 2020 a 2021, en pleno auge de la pandemia, más de 40 millones de personas en el planeta se sumaron a la inseguridad alimentaria, provocando que ahora 193 millones de personas padezcan algún tipo de hambre en “niveles de crisis o peores”, según el Informe Global sobre Crisis Alimentarias 2022 de la ONU.

Al observar nuestro muy lastimado México, de acuerdo con estudios de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en seis de cada 10 hogares no se tiene garantizada la alimentación; es decir, el 59.1 por ciento de los hogares mexicanos se encuentra en algún grado de inseguridad alimentaria, mientras que 47.1 por ciento reportó reducción en el gasto para alimentos.

Pero eso no es todo porque, mientras la crisis alimentaria se profundiza en el mundo y en México, la Oxfam también da argumentos de que la pobreza está aumentando; y reseña en su informe Beneficiarse del sufrimiento, con motivo del Foro Económico Mundial en Davos, anunciaron que, según su metodología de análisis: “Cada 30 horas, la pandemia genera un nuevo multimillonario; mientras que, al mismo ritmo, un millón de personas podrían caer en la pobreza extrema en 2022”. Datos verdaderamente alarmantes.

Gabriela Bucher, directora de Oxfam, recomendó crear nuevos sistemas tributarios para los más ricos; pero éste, como muchos más informes, solo quedó al aire; mientras tanto, los ricos continúan acumulando la riqueza que se genera en el mundo y la desigualdad y la pobreza siguen siendo la causa de graves problemas como la crisis alimentaria.

La agencia de noticias Associated Press (AP) señaló que, durante 2021, las ganancias de las grandes empresas se incrementaron, lo mismo que los salarios de los jefes ejecutivos, mientras los trabajadores ganaban un salario mínimo, raquítico e insuficiente ante una inflación cada vez más grave.

Los datos son suficientes para afirmar que la pobreza avanza más rápido en una era en la que la mayoría de los seres humanos deberían tener lo necesario para vivir gracias a los avances tecnológicos y al desarrollo; que a su vez generan una producción vasta, en todos los sentidos, como nunca antes se había visto.

Sin embargo, México está muy lejos de erradicar el hambre. El plan antiinflacionario que presentó el Presidente, lejos de ayudar, agrava el problema, generando más escasez y creando mercados negros, de cuyos productos se desconoce su procedencia y valor nutricional óptimo para el desarrollo social. La inflación no se puede controlar con decretos simplones cuando la carestía de alimentos consume los salarios de los mexicanos y, en otros casos, son totalmente insuficientes para garantizar alimento; tampoco los programas sociales o de trasferencia monetaria directa han sido efectivos.

Peter Grohmann, Coordinador Residente de la Oficina de la ONU en México ha sido muy claro cuando revela que “estamos ante lo que podría devastar a los países en vías de desarrollo. Tristemente, una vez más, serán los países y las personas más vulnerables quienes más sufran las consecuencias nefastas de estas crisis entrelazadas, que podrían arrastrar a mil 700 millones de personas –más de una quinta parte de la humanidad– a la pobreza, la indigencia y el hambre”; escenario en el que México no sale bien librado, pues las políticas económicas del gobierno morenista de Andrés Manuel López Obrador siguen sin rumbo y generan más pobreza y miseria en los hogares mexicanos. Por el momento, querido lector, es todo.