Rusia traza el nuevo mapa de Ucrania

A diferencia de EE. UU., el pueblo ruso ha obtenido múltiples victorias. Pese a la persistente guerra mediática, espionaje y sabotaje, El Kremlin sigue su plan y ya definió el curso del nuevo orden mundial multipolar.

Nydia Egremy

2022-06-06
Ciudad de México

Estados Unidos (EE. UU.) es la única potencia que ha perdido más guerras a lo largo de su existencia. Sus ofensivas mundiales se han saldado con dramáticas ocupaciones que eternizan el sufrimiento de las poblaciones, y no con triunfos categóricos. En cambio, el pueblo ruso (sea como Unión Soviética o Federación de Rusia) ha obtenido múltiples victorias. Su actual campaña en Ucrania trastocó de tal manera la doctrina militar de Occidente que, temerario, habla de derrota. Pese a la persistente guerra mediática, espionaje y sabotaje, El Kremlin sigue su plan y ya definió el curso del nuevo orden mundial multipolar.

Al tercer mes de su operación para desnazificar y desmilitarizar a Ucrania, Rusia ya reconfiguró la geopolítica de EE. UU., de la Unión Europea (UE) y de Kiev mismo. Esa realidad trastocó la visión estratégica de Occidente que no la acepta, e insiste en que Moscú está “entrampada”. En cambio, es un hecho que fuerzas rusas controlan la región oriental industrial del Donbás; y así protegen a millones de ucranianos de origen ruso.

Con pesar, Occidente ha debido aceptar que Rusia ya tomó extensiones considerables de territorio en torno a la estratégica península de Crimea, que le garantizan el libre acceso al Mar Negro. A la vez, cortó el acceso de Ucrania al Mar de Azov y controla el estratégico paso de Kerch, donde transitan buques con cereales, otras valiosas mercancías y acero.

La aviación táctica y operativa rusa, impidió el intento de Kiev por controlar la Isla de Zmini (llamada Isla de las Serpientes). Ahí, Rusia intenta reforzarse, pues representa la puerta a las ciudades portuarias de Ucrania, en particular Odesa. Ahí, la Armada rusa perdió su buque emblemático Moskva en abril.

Para evitar la toma de esa zona, los pilotos rusos volaron por horas con su mira puesta sobre los medios de defensa antiaérea y de lucha radioelectrónica de Ucrania. Esa batalla aérea, que se definió a favor de Rusia, ocurrió el ocho de mayo, cuando esa nación conmemoraba el Día de la Victoria por su toma de Berlín en la Segunda Guerra Mundial.

 

 

Entre otros éxitos de la campaña especial figura la captura rusa de la estratégica ciudad ferroviaria de Lyman, (Krasny Liman, en ucraniano) al este. Controlar esa zona imprime un giro a favor de Rusia en su ofensiva actual, pues resulta clave para las comunicaciones en Donetsk, como incluso destacan observadores occidentales.

En estos momentos, fuerzas rusas asedian la segunda ciudad del país: Járkov, al noreste. En marzo, los ucranianos –con armas avanzadas provistas por Occidente– usaron a la población civil como escudo e impidieron el asalto al ayuntamiento.

Aunque “expertos” del Instituto para el Estudio de la Guerra europeo anticipaban el colapso del ejército ruso ahí; ahora ellos cierran el cerco y el gobernador admitió que Kiev solo controla el cinco por ciento del territorio.

El analista de Servicios de Inteligencia McKenzie, Stuart Ray informó que Rusia ganó una victoria vital y un puente de tierra que le permitiría cerrar el puente terrestre al sur de Ucrania. El mismo día, el Ministerio de Defensa de Rusia informó que, desde el 24 de febrero, ha destruido tres mil 297 tanques ucranianos.

“Expertos” de la BBC afirman que Rusia ha perdido “cientos de tanques” por las armas antitanque que Occidente facilitó a Ucrania. En mayo, ABC News anunció la muerte de 12 generales rusos por Ucrania y afirmó que esa alta cifra “sugiere la falta de confianza” de los oficiales en sus tropas, a las que no delegan operaciones. El Ministerio de Defensa ruso ni siquiera respondió a esa versión.

A la par, Rusia mantiene negociaciones con Ucrania. Y si bien han reportado magros resultados para la solución definitiva del conflicto, ese diálogo contribuyó a la rendición de los paramilitares ucranianos que tomaron la acería Azovstal en Mariúpol. Hasta que el nazifascista Batallón Azov depuso las armas, el Ejército ruso completó la protección de la población civil.

 

Triunfo político

Obligado por la añeja violencia de Ucrania en el Donbás, el presidente ruso Vladímir Putin diseñó esta operación militar especial acompañada de una lúcida conducción de alta política. Pese a los intentos de Occidente por desacreditarlo, el ejecutivo ruso mantiene su liderazgo; como evidenció en el diálogo de 80 minutos que sostuvo, el sábado 28 de mayo, con los líderes políticos de Francia y Alemania.

La conferencia virtual abordó asuntos que interesan a Rusia: su reclamo por el fin de las sanciones y el cese a la masiva dotación de armas a Ucrania por el riesgo de desestabilizar aún más la situación en aquel país si Occidente intensifica ese suministro.

Esa advertencia de Putin tuvo eco inmediato. Ese mismo día, la agencia europea judicial Europol emitió comunicados que alertaban sobre el riesgo de que “pueda caer en manos equivocadas” el suministro desordenado de armas a Ucrania.

En su conferencia con Emmanuel Macron y Olaf Scholz, el mandatario ruso expuso que las verdaderas razones tras la actual dificultad del suministro de alimentos, obedece a las políticas económico-financieras “erróneas” y a sanciones impuestas a Moscú.

A la par, Putin se mostró dispuesto a relajar el mercado de alimentos mediante formas de embarcar los cereales, fertilizantes y productos agrícolas rusos atascados en puertos ucranianos.

 

EE. UU. y Rusia: recuento de derrotas

 

 

El recién nacido EE. UU. fue derrotado por los comanches en una larga y sangrienta guerra que duró medio siglo; también en 1867 fracasó su expedición en Formosa. Desde 1945 no logra ninguna victoria clara, como evidenció la crisis en las Coreas y que Vietnam confirmó.

Aunque en 1991 esa potencia militar se declaró triunfante en Irak, nunca tuvo ese territorio bajo control, al igual que sucedió en 20 años de ocupación sobre Afganistán. Esa estrategia fallida volvió a evidenciarse en Libia, hoy sin control, y desde 2015 con su fracaso en Siria tras la exitosa incursión contra el Estado Islámico de Rusia.

Cada vez que Rusia ha caminado hacia Occidente, ha revolucionado la historia y la geografía. Así ocurrió cuando, en 1697, Pedro I Alekséievich (Pedro el Grande) viajó a las capitales europeas para conocer a los jerarcas de su época. A su retorno a Rusia, el zar pactó la paz con los otomanos y logró la supremacía de su imperio.

En su larga historia, Rusia solo ha sido derrotada ante los ejércitos mongoles (1237-1240); la Confederación Livonia (hoy Estonia y Letonia); en la guerra de Crimea (1853-1856); en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) que significó el colapso del Imperio Ruso; y en Afganistán en los 80’s. Desde entonces, sus triunfos militares han sido progresivos y contundentes: Chechenia, Georgia y Siria.

 

En Occidente fue bien recibida esa declaración. Incluso The Wall Street Journal –que ocho días antes publicó, sin ser cierto, que Rusia impedía esos embarques–, cesó la publicación de tales falacias.

Otro efecto positivo para Rusia en torno a su actual actitud política es la creciente inseguridad energética en Alemania. El gobierno de Scholz, que frenó la operación del gasoducto ruso Nord Stream II para satisfacer a EE. UU., sufre de escasez de combustible; y ofreció 500 euros a sus jubilados para pasar el próximo invierno en España, consumiendo menos gas ruso. Esa medida inútil anticiparía que Berlín elimine las sanciones a Moscú.

Sin duda, Rusia cosechó un éxito político cuando la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se negó a otorgar la membresía a Ucrania. Además de la peligrosa expansión al este de esa alianza, Occidente desconfía de Ucrania.

Así lo publicó Robert Burns en Los Ángeles Times (cinco de febrero de 2022). Ahí describía que la razón de tal recelo hacia Kiev era, en gran medida, por la corrupción oficial en ese país.

Ello se confirmó cuando, pese a que Occidente voceó el “inminente” ingreso de Ucrania a esa alianza, al final no ocurrió. Así, en marzo, Zelensky admitía que la OTAN le cerraba la puerta; lo que significó un logro para Moscú. Aun así, persiste “la tentación” por rodear a Rusia, como exhibe el urgente deseo de Suecia y Noruega.

Sin olvidar la verdadera misión de la OTAN, El Kremlin lanzó un ejercicio de poder suave. Presentó en el Museo de Historia Rusa Contemporánea, la exposición “OTAN: una crónica de crueldad”. Carteles y audios explícitos introducen a los visitantes en la crueldad de incursiones (casi todas de EE. UU.) que aterran a las poblaciones por el sonido de bombas a punto de caer sobre casas, escuelas y mercados.

Entretanto, EE. UU. insiste en presentar a Volodymir Zelensky como un hombre enfrentado a difíciles circunstancias. No obstante, medios estadounidenses y europeos difundieron hace una semana que, desde 2020, Washington lo instó a activar alarmas, cavar trincheras y evacuar a la población de ciudades como acción preventiva.

Con mentalidad genocida y mezquina, Zelensky no ordenó esos planes en las zonas con población de origen ruso. “Eso habría golpeado las finanzas, el presupuesto y la economía. No había que crear un pánico innecesario” declaró en el programa Nieuwsuur del canal holandés NPO2.

 

Campaña enigmática

El nuevo mapa que Rusia dibuja en Ucrania, nutre la paranoia de Occidente. Algunos analistas temen que el objetivo a mediano plazo de Vladímir Putin sea más ambicioso que aislar a Kiev y pretenda continuar hacia este. Por ejemplo, dominar la región prorrusa de Transnistria, en Moldavia o, avanzar hacia Eslovaquia, como de forma temeraria difundió Sky.

Tales hipótesis confirman que la ofensiva rusa no sigue los pronósticos del perplejo Occidente. Primero, asumió que sería una ofensiva relámpago de días o semanas; así que al concluir mayo, transcurridos casi 100 días de la operación militar especial rusa, los estrategas estadounidense aún no descifran la estrategia rusa.

En cambio, sin recurrir a una campaña de masivos ataques aéreos y terrestres para alcanzar territorios estratégicos en pocos días o semanas, el ejército ruso ha realizado ofensivas tácticas muy definidas para rodear a las fuerzas ucranianas y ganar más territorio.

Atónitos, los comandos occidentales no se explican por qué Putin no ha movilizado a fuerzas más amplias en las zonas de combate. No tienen respuesta a preguntas clave como: ¿cuál es el objetivo final?, ¿con qué recursos seguirá su acción armada?

 

La pérfida rusofobia

 

 

Desde que Rusia se posicionó como actor geopolítico relevante, Occidente alentó la rusofobia. Hace 77 años que despliega su persistente campaña para descalificar al pueblo ruso y sus respectivos gobiernos: a través de la literatura, cinematografía, teatro, series de televisión, videojuegos y otras expresiones artísticas, se retrata de forma ofensiva a los rusos o se les presenta como agresores, lo que no es así, refiere el analista Juan Antonio Sacaluga.

La rusofobia se entiende como prejuicios que exacerban el miedo y la aversión hacia la cultura, política o avances científico-tecnológicos del pueblo eslavo. Hoy se sabotea su participación en actos deportivos, de entretenimiento y científicos internacionales.

Rusofobia significa llamar “dictador” al político nacionalista Vladímir Putin, un calificativo no empleado contra políticos con gran duración en su gestión como Ángela Merkel, Hosni Mubarak, Obiang Nguema Mbasogo (Guinea Ecuatorial) Hun Sen (Camboya) que superan décadas en el poder y que Occidente trata mejor.

 

Plantean esas dudas en medios: “¿por qué Rusia no ha movilizado su vasto poder aéreo contra Ucrania?”, cuestionó Al Jazeera en marzo; “¿Fallida? ¿Vacilante? ¿Anémica? ¿Por qué la ofensiva rusa en el Donbás no va exactamente como se anticipó?”, desafiaba Radio Libre Europa al iniciar mayo.

Incapaz de responder, la oficialidad occidental especuló: que Putin no lleva más tropas a Ucrania por temor a avivar el sentimiento antiguerra en Rusia; que falló el aprovisionamiento de una línea demasiado grande de víveres y municiones, etc.

Entretanto, siguen silenciando los ataques del ejército ucraniano y sus fuerzas paramilitares contra la población rusoparlante. Tal como, desde 2016, denunció el documentalista francés Paul Moreira. Hasta ahora nadie ha desmentido que grupos neonazis operen desde el gobierno de Kiev. “Antirrusos por excelencia son más combatientes que políticos, y su rol militar es clave”, explica Gabriel Sánchez Sorongo.

 

Farsa y distracción

Con desinformación, engaños, manipulación e “infodemia”, Occidente pretende ocultar lo que realmente sucede en el campo de batalla. Desde 2013 y con lógica binaria, su propaganda definió a EE. UU. y la UE como los buenos, y a Rusia y sus aliados como los malos.

Así, ocultó que Ucrania era el botín de Occidente para salir de su propia crisis económico-financiera, a costa del trabajo de etnia rusa del Donbás sometidos al maltrato nazifascista tras el golpe contra el presidente Víktor Yanukovich.

No es casual que, este 2022, Occidente reanudara esa campaña cuando cada palabra e información son sustantivas. Pseudo-expertos esparcieron sus embustes y contenidos distractores por Internet, medios impresos y audiovisuales.

Avanzada la operación rusa en Ucrania, los medios optaron por distraer. Dieron mayor cobertura a la bofetada de Will Smith a Chris Rock en los Premios Oscar, que al aumento del precio del petróleo o al descubrimiento de laboratorios de armas biológicas de EE. UU. en Ucrania.

Distraer es la estrategia mediática que por décadas han seguido las corporaciones para ocultar la progresiva represión de Israel sobre Palestina o la escalada mundial de hambre; consiste en impedir que las audiencias se interesen en eventos de la dinámica mundial cuyas consecuencias son más profundas, explica Marcelo Colussi.

 

 

Parte de ese control informativo está en la prohibición a la emisora RT y a la agencia Sputnik para operar en varios países. La intención era impedir al Kremlin toda información alternativa que desmontara la campaña de mentiras de Occidente. Pero no lo lograron.

No obstante, los nada ingenuos ciudadanos, conscientes y expertos en comunicación de todo el planeta, encontraron nuevas vías para acceder a información veraz. Construyeron y contrastaron fuentes –entre ellas las de inteligencia– y verificaron hechos (fact-checking).

Con ellos, periodistas de investigación, académicos, analistas y organizaciones no gubernamentales progresistas descubrieron las falsificaciones de Occidente y emprendieron una cruzada para exponer, de inmediato, las mentiras en torno a lo que ocurre en Ucrania.

“La desinformación pretende que parezca que el conflicto no existe o que solo hay un culpable”, explica el experto en Ciencias de la Información, Alexandre López-Borrull. A la par, EE. UU. y sus aliados atizaron la crispación en países vecinos o que no se sumaron a sus sanciones.

Conscientes de que las mentiras y manipulación prosperan en un clima de polarización. Imágenes de masacres, ocurridas en otros países y en otras épocas, iban directo al centro emocional de la audiencia mundial. Más tarde se confirmó que eran falsas o simples videojuegos.

En ese contexto, los estrategas de Occidente proyectaron la imagen de Volodimir Zelensky como un “ciudadano más” que usa redes sociales para comunicarse con sus ciudadanos, explica Alberto Quian. Esa estrategia fracasó cuando el comediante sobreactuó.

Entonces idearon la leyenda del “Fantasma de Kiev” un superhéroe ucraniano que habría derribado decenas de aviones rusos. El 1° de mayo, ante la presión ciudadana, el propio Mando de las Fuerzas Aéreas de Ucrania desmintió que Stepan Tarabalka fuese real.

La supuesta masacre rusa en el hospital de Mariúpol, para que la opinión pública criticara a Rusia nunca se confirmó. Sin que hubiera corresponsales en el sitio, la agencia AP usó la imagen de la ucraniana Marianne para exhibirla como protagonista de una “puesta en escena” de occidente en el lugar, que denunció la BBC.

Por Internet, medios impresos, televisión y radio, circula todo tipo de especulaciones como: “Rusia está perdiendo la guerra de información” (The Interpreter); “Putin va a perder su guerra: y el mundo debe prepararse para la inestabilidad en Rusia” (Foreign Affairs); “Putin pierde poder; oficiales de seguridad rusos piensan que la guerra de Ucrania está perdida” (Business Insider) y, “La guerra no terminará hasta que Putin pierda” (The Atlantic).

En cambio, en abril, el analista de Axios World, Dave Lawler advertía que, conforme a su tiempo de guerra “Putin no está perdiendo”. The New York Times preguntaba: “Cuál es la estrategia de EE. UU.?” y desde The Observer, el columnista Ronn Torossian exigió: “Hay que denunciar el rol de Washington en el golpe de Estado en Ucrania.