El gran elector y sus corcholatas

Los peores usos y costumbres de gobiernos anteriores continúan vigentes. Ni los vicios más deleznables se han perdido. La designación de candidatos a la Presidencia, del seguro sucesor del primer mandatario.

Redacción

2022-06-05
Ciudad de México

Los peores usos y costumbres de gobiernos anteriores continúan vigentes. Ni los vicios más deleznables se han perdido. La designación de candidatos a la Presidencia, del seguro sucesor del primer mandatario, es una tradición que el gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) y su partido conservan fielmente; igual que antaño, la designación o “destape por parte del gran elector” del candidato es esperada ansiosamente por todos los partidos para definir su estrategia, desplegar su actividad y comenzar su propaganda. Así, la 4T es heredera y continuadora de los gobiernos anteriores, aunque los condene a cada instante y les atribuya ser causantes de todos los males que no termina de sacudirse este ejemplar gobierno.

Aunque el contenido es exactamente el mismo, existe una diferencia en este nuevo estilo de designar sucesor del Presidente en turno; su refinada forma consiste en hacerlo con varios años de anticipación y dando a conocer una lista de posibles sucesores de la que emanaría el definitivo candidato “oficial”; pero eso sí, “tomando en cuenta la opinión popular”, el recurso tan utilizado en lo que va de su mandato: la “consulta ciudadana”. He ahí la profunda diferencia entre el antiguo “destape” y el “juego de las corcholatas” inventado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) mediante el que ha dado a conocer a los posibles “presidenciables” y también a los preferidos entre ellos. Todo esto envuelto con un “transparente” discurso que permite saber cuál de todos los “destapados” es objeto de las preferencias de AMLO.

El episodio más reciente en este juego de simulación y descaro llega en vísperas de las elecciones estatales, cuando Morena y la fraccionada oposición disputan encarnizadamente por seis gubernaturas.

Este momento confirma, una vez más, la identidad del gobierno actual con los anteriores y la posibilidad de que, en caso de que el sucesor en la Presidencia provenga de las filas morenistas, aplique más radical y descaradamente la misma política.

En efecto, AMLO ha ampliado o perfeccionado la política del dedazo nombrando no a uno, sino a varios de sus partidarios y con mucho mayor anticipación que lo hicieran los Presidentes anteriores, asegurando la continuidad de su partido y utilizando a sus seleccionados para asegurar el triunfo en un mayor número de entidades, preparando su propia continuidad como caudillo de ese movimiento de “izquierda”.

Y por el lado de la lista de posibles “sucesores” ya se observa hasta qué límites podría llegar su ambición y su descaro cuando se pasean por el país (con la autorización del jefe máximo) para apoyar candidaturas estatales con recursos públicos y con grupos de paleros que gritan “Presidente(a), Presidente(a)”. Este libertinaje demuestra que la corrupción no quedó en el pasado, con los gobiernos anteriores.