La ignorancia haciendo historia

México necesita trabajar en la profundización de reformas que ofrezcan educación de calidad, con diagnósticos científicos, surgidos de la necesidad material, no de la necedad de personajes que quieren hacer historia a costa de la educación.

Ignacio Mejía

2022-05-18
Ciudad de México

"No crean que tiene mucha ciencia el gobernar. (…) La política tiene que ver más con el juicio práctico, la política es transformar, es hacer historia."

AMLO

Si la educación en México ya de por sí andaba mal, el gobierno de la 4T ha venido demostrando que lejos de resolver de manera urgente los rezagos, está más preocupado en hacer historia, aunque tenga que plantear disparate tras otro para conseguirlo. Esto por la reciente propuesta de reforma educativa del director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Marx Arriaga. En la mesa de análisis de Leo Zuckerman, “Es la hora de opinar”, sorprendió a propios y extraños que el mismo excandidato a la presidencia de Morena y defensor a ultranza de la 4T, Gibrán Ramírez, sostuviera que “tiene mucho potencial destructivo este batidillo que están haciendo”.

La propuesta de Arriaga se basa en eliminar del centro de la educación al alumno para privilegiar a la “comunidad”, según dice. Los estudiantes se prepararán para “compartir” y no para “competir”. Estas ideas suenan tan románticas como dañinas, pues no son compatibles con el mundo actual y con el modelo neoliberal, mismo que no se puede eliminar a decretazos. En el programa, el también analista Carlos Bravo sostuvo que el gobierno trata “de llevar a la escuela el combate ideológico contra el neoliberalismo, porque ese combate no han podido darlo y menos ganarlo en ningún otro lugar. Si vemos la política económica, la política de austeridad, aquella promesa de separar el poder político del poder económico, pues claramente el neoliberalismo está vivito y coleando”.

Coincido con la mayoría de analistas cuando dicen que lo más preocupante es que no se habla de la realidad, de la deserción de millones de estudiantes y del retroceso de décadas por el abandono escolar que hay que remontar. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 5.2 millones de niños, adolescentes y jóvenes entre los 3 y los 29 años de edad, no se inscribieron al ciclo escolar 2020-2021 por motivos económicos y por causas de la COVID-19. De esa cifra, 3 millones pertenecen a educación básica; de ellos, un millón 300 mil abandonó la escuela por el virus y un millón 600 mil, por falta de recursos económicos. Además de los 5.2 millones que tampoco terminaron el ciclo escolar 2019-2020, 3.6 millones no se inscribieron al ciclo siguiente porque tenían que trabajar.

“Se está eludiendo lo material y es una ceguera voluntaria; si no sabemos cómo es el abandono escolar es porque no ha querido la SEP y las secretarías de los estados”, manifiesta el mismo Gibrán. Ciertamente, la misma titular de la SEP, Delfina Gómez, el año pasado informó que fueron vandalizadas 10 mil escuelas durante la suspensión de clases presenciales, pero al año siguiente eliminaba el programa de Escuelas de tiempo completo (que beneficiaba a 3.6 millones de niños y adolescentes con aprendizaje, deporte y alimentación) con el argumento de que se ocuparían de las escuelas que necesitan recursos para garantizar un regreso seguro a las aulas. Pero la secretaria anda más preocupada por “ganar para el presidente [López Obrador] el Edomex”, que resolver estos y otros problemas.

En Sinaloa ocurre algo similar, aunque la titular de la secretaria de Educación Pública y Cultura (SEPyC), Graciela Domínguez, informó que se tiene un levantamiento de 2 mil 700 escuelas que presentan daños durante la pandemia, y aunque, según ellos, aumentaron 100 millones más para el reparo de daños, la realidad es que no se ha visto ningún avance. Se sabe que anda más ocupada en hacer campaña para ocupar la silla del presidente Estrada Ferreiro (en la cuerda floja) que en resolver los problemas educativos.

"No han sido atendidas por las autoridades, entonces nosotros exigimos (no pedimos, porque de pedir ya nos cansamos) que seamos atendidos de manera inmediata y que no nos digan aquí está el presupuesto nada más, nosotros queremos que nos digan ‘ahí va el recurso’, ‘ahí van los trabajadores, empiecen, inicien la labor en nuestras escuelas’. Necesitamos baños nuevos, la luz en general; es justo y necesario que los reparen de manera inmediata", dijo el director de la escuela Esteban Flores, Gabriel Romo Romo, añadiendo que si no les reponen estos servicios básicos, retomarán las clases en línea, mientras se manifestaban en las instalaciones de la dependencia con pancartas que decían: “Recursos, no discursos”.

Aunque Gibrán diga que Arriaga engaña al presidente, “el batidillo” es parte de la “transformación” de López Obrador. Si algo caracteriza a la 4T es su gusto por la retórica, el simbolismo y, por supuesto, el desdén a la educación. ¿De cuándo acá se requiere tanta ciencia para extraer el petróleo? (…) No tiene mucha ciencia, no se requiere mucha tecnología”, declaró López Obrador en el 2013.

En su narrativa el presidente lucha contra la corrupción, contra el neoliberalismo impuesto por los conservadores, su lucha es moral, dice, y para eso no necesita de la ciencia, sino de la bondad. “Más que la experiencia, es importante la honestidad”, así defendió el 28 de noviembre del 2019, a Ángel Carrizales, titular de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA).

Por eso, las descalificaciones que ha lanzado desde la palestra mañanera contra todo aquel o aquello que señale puntualmente corrupción o errores en sus proyectos o políticas, no cesan. Aunque el Aeropuerto Felipe Ángeles tenga sólo seis vuelos diarios, aunque se inunde la refinería de dos bocas, aunque gasten toneladas de dinero modificando la ruta del Tren Maya, aunque se desplome la línea 12 del metro y muera gente, aunque millones de estudiantes queden a la deriva. Nada de eso importa, ni el dinero ni las muertes. Lo que importa es hacer campaña porque ellos están haciendo historia.

Sin duda, México necesita trabajar en la profundización de reformas que ofrezcan a los niños y jóvenes educación de calidad, sí, pero con diagnósticos científicos, surgidos de la necesidad material y no de la necedad e ilusión de personajes que quieren hacer historia a costa de la educación. Pero comencemos con asegurar las mínimas condiciones materiales de todas aquellas escuelas que siguen en el abandono total, antes y después de la pandemia. Como queda demostrado, al gobierno no le importa ni en lo más mínimo, de lo que se concluye la urgencia de que los maestros, padres de familia, especialistas en educación y alumnos, formen un frente común contra la ignorancia; nos organicemos, y juntos luchemos por una educación más justa, democrática y de calidad. ¡Es cuanto!