Padecen michoacanos recorte a salud

Ni el 20% de la población michoacana tiene acceso a la salud pública, de acuerdo con la más reciente encuesta del Inegi, problema derivado de los recortes al presupuesto estatal de salud.

Laura Osornio

2022-05-15
Morelia, Michoacán

En Michoacán, solo el 18.9 por ciento de su población tiene acceso a la salud pública, de acuerdo con la encuesta más reciente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), problema derivado de los recortes al presupuesto estatal de salud.

El nueve de julio de 2019, el Congreso de Michoacán aprobó una reforma a la ley estatal que garantiza el derecho gratuito a la salud para todos los michoacanos; pero, desde hace varios años, el sistema sanitario del estado ha sido rebasado, carece de clínicas, hospitales, personal médico y de enfermería, medicinas, incluso de ambulancias para brindar servicios de primeros auxilios.

En la realidad cotidiana, los tres millones 392 mil michoacanos afiliados a algún servicio de salud pública –74 por ciento de la población total, de acuerdo con el Consejo Estatal de Población (Coespo)– tienen que rascarse con sus propias uñas cuando enfrentan un problema de salud.

 

 

En peor situación se halla el 26 por ciento, es decir los 200 mil michoacanos que no tienen acceso a ningún servicio de salud. Pero aún el 80 por ciento de las personas “afiliadas”, o que cuentan con “seguro médico”, no pueden surtir sus recetas mediante los servicios de salud pública, sobre todo cuando se trata de medicamentos “controlados”, entre ellos, los oncológicos.

A comienzos de 2022, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla informó que, debido a las estrategias de “austeridad y cero corrupción”, su gobierno ahorraría mil 694 millones de pesos (mdp) y que, con este dinero, 42 dependencias estatales recibirían más recursos y tendrían mayor operatividad.

“No se gastará más de lo que se tiene, se acabaron los derroches”, puntualizó después de explicar que el Poder Ejecutivo sujetaría a mayor control el gasto de su Coordinación General de Comunicación Social, la Consejería Jurídica y la Oficina del Gobernador para hacerlo más eficiente.

 

 

Pero la estrategia de “cero derroches” del gobierno del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en la entidad, no solo ha abandonado a los michoacanos, dejándolos sin un sistema salud eficiente, además los está obligando a atenderse con médicos privados, a pagar estudios de laboratorio, medicamentos y materiales de curación.

Tampoco es cierto que la austeridad haya ayudado a reducir la corrupción en Michoacán, pues en palabras de las auditorías del Órgano Interno de Control (OIC), la empresa Birmex, la distribuidora estatal de medicamentos, incurrió en anomalías como la compra de éstos sin licitación pública, contrataciones directas, incluso supuestos acuerdos o adquisiciones sin la firma de los proveedores.

Las personas más afectadas por la falta de medicamentos son los pacientes de diabetes (15.3 por ciento), hipertensión (14.3 por ciento), cáncer (8.6 por ciento), VIH-Sida (7.3 por ciento) y fallas renales (3.5 por ciento).

Una investigación de la organización civil México Social revela que 48.7 por ciento de los enfermos que reciben medicina, están afiliados al Instituto de Seguridad Y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), 25.1 por ciento al Instituto Mexicanos del Seguro Social (IMSS), 15.9 por ciento al Instituto Nacional del Bienestar (INB) y el resto a otros sistemas de salud.

 

 

“Se supone que parte de la prioridad del gobierno es la seguridad, la educación y la salud, y si hacen recortes obviamente por esta ‘prioridad’ no deben de quitar cosas básicas o necesarias como medicamentos; es una contradicción, en lugar de quitarles deberían inyectar un presupuesto para mejorar la atención y salud de los ciudadanos. O bien les quito pero investigo bien la problemática existente y de quitar o mover, por ejemplo sería, se me ocurre, a empleados que no tienen nada que ver con lo que estudiaron y que tienen un puesto en un área de salud”, reveló Rubén P., trabajador del Sistema de Salud de Michoacán (SSM), quien pidió a buzos anonimato por miedo a represalias en su trabajo.

Para la diputada del Partido Revolucionario Institucional (PRI) Yarabí Ávila González, “la Ley de Salud en Michoacán ha sido rebasada por la realidad social, y el sistema de salud carece de infraestructura, equipo, condiciones para que el personal médico ofrezca servicios de calidad, acceso a medicamentos. Pero, además, hay debilidades en la transparencia y rendición de cuentas; no podemos soslayar estos principios que hoy más que nunca se hacen presentes para lograr un ejercicio eficaz de los recursos públicos”.

 

Faltan medicinas hasta en la IP

El periódico Publimetro difundió una entrevista con el doctor Esteban López Gaitán, quien afirmó que el desabasto de medicinas no solo afecta a los hospitales de gobierno, sino también a los particulares y que, en enero de este año, este problema afectó hasta 95 por ciento en el caso de ciertos productos.

Elizabeth Santillán, derechohabiente del IMSS, confió a buzos: “Soy hipertensa desde hace 22 años. Todo ese tiempo me he tratado en el Seguro Social y sí, a veces no había medicamento; pero en los últimos años ha sido cosa de mes con mes, al grado de que mi médico familiar se vio en la necesidad de cambiar mi medicamento por otros que no me funcionan, como el Telmisartán; pero que al menos ayudan a mantener mi presión más estable.

 

 

“No solo ese medicamento falta; se supone que también me deberían dar el Escitalopram de 10 mg; pero el médico lleva más de un año recetándomelo para depresión, pero no lo hay. También está la problemática con la Pregabalina y el Bromazepam y, como nunca hay; entonces mi hija es la que lo consigue. Existen grupos de donaciones en donde ella se metió y a veces se hacen trueques de medicamentos que uno tiene o le sobran a cambio de otros que son muy caro, o que el IMSS, el ISSSTE o el Insabi no tienen. Es así como entre la misma gente nos ayudamos, suben sus recetas a los grupos de Facebook o de WhatsApp”, detalló la paciente.

La psicóloga y actualmente pasante de servicio social en enfermería, Eréndira Cortés, advirtió a este semanario que una de las consecuencias de no tomar un medicamento –sea controlado o eventual– es que los pacientes modifican las dosis prescritas por el médico, lo que puede generar resistencia en las bacterias o los otros microorganismos que los infectan.

 

 

“Respecto también al medicamento psiquiátrico, al no consumirse de manera adecuada genera que los signos y síntomas de la enfermedad persistan o se agudicen y será más difícil su estabilidad. La importancia radica en tener los insumos necesarios para una atención integral y digna del usuario, desde su consulta con los materiales y equipos insustituibles para la atención a los pacientes, como el poder surtir el medicamento de manera regular. Como ya se vivió en el inicio de la pandemia, cuando se presentó la escasez de ventiladores, por mencionar un solo ejemplo”, concluyó la especialista.

Casos como el de Elizabeth hay miles. Entre ellos se encuentra el de Isbeidy Z, madre primeriza y paciente nueva del Hospital de la Mujer, quien para dar a luz tuvo que conseguir, por su cuenta, los medicamentos que le recetaron. “Mi ginecóloga particular me había dicho que todo estaba listo para ser un parto normal, pero en el Hospital de la Mujer me dijeron que sería cesárea de urgencia y que teníamos que pagar. Obviamente, una cesárea es más cara que un parto normal; y para poderme ingresar le pidieron a mi esposo que comprara material porque debían reponer el que usarían porque no había en existencia”.

 

 

“Protección civil ya casi no sale a servicios. Es poca la gente que trabaja ahí y los recursos que les dan son bajísimos, al grado de que han durado días sin gasolina, sin material de primeros auxilios o con camionetas, camiones de bomberos y ambulancias descompuestas”, contó a buzos J. V., ex paramédico de esta corporación.

El problema es la falta de presupuesto, ya que sin dinero no pueden moverse los vehículos y el personal sanitario: “Muchas veces el mismo personal ponía de su dinero y es fácil hacerlo al principio, pero llega un punto en el que ya son más los gastos que lo que entra a tu cartera y se comienza a hacer pesado. Todavía hay excompañeros trabajando ahí. Yo sigo siendo paramédico, pero en otra institución y a veces, cuando hay accidentes o desastres fuertes, coincidimos en las ubicaciones; pero muchas veces, ellos se quedan mejor a una distancia considerable porque saben que no cuentan con el equipo adecuado o con lo necesario para entrar al área del desastre”.