El grito desesperado de las madres mexicanas

Con la llegada del gobierno de la 4T los hogares mexicanos se ven envueltos en una espiral de violencia incontenible. Por ello, para las madres mexicanas, este 10 de mayo no es una fecha de festejo y reconocimiento, sino de luto y dolor.

Capitán Nemo

2022-05-08
Ciudad de México

En algún momento histórico, la mujer fue la figura más importante en la sociedad. En torno a ella, la familia se reunía y discutía las acciones y decisiones más importantes del colectivo, pero los grupos crecieron y progresaron. Con el advenimiento de la propiedad privada y la diversificación del trabajo, la mujer quedó relegada a las actividades domésticas y a la crianza y, ¡oh cruel destino!, por haber dado al hombre el fruto prohibido del bien y el mal, según el mito bíblico, fue sentenciada a un castigo divino: “Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor parirás los hijos; tu marido será tu deseo, y él se enseñoreará de ti”.

En los siguientes estadios de desarrollo, la vida de la mujer se convirtió en un martirio. Más por conveniencia que por reconocer sus derechos, el sistema económico actual las ha incorporado al proceso productivo gradualmente. Si bien esto la ha puesto en relación un poco más igualitaria con sus pares masculinos, ni con ello escapa a la violencia en el hogar, en las calles y en el trabajo, ni a su situación de madre.

La naturaleza dio a la mujer la tarea de ser el conducto por el que se llega a este mundo. Desde su vientre crea fuertes lazos con su vástago. Por ello, no hay ser más querido para un hijo que su madre y para ella su hijo. Pero en México, traer hijos no es nada esperanzador, pues es uno de los primeros países en desigualdad. Esto significa inicialmente que los hijos están condenados a la ignominia. Con la llegada del gobierno de la “Cuarta Transformación” (4T) esto ha empeorado, porque los hogares mexicanos se ven envueltos en una espiral de violencia incontenible. La muerte ronda en todas partes; a los recientes feminicidios se suman las ejecuciones sumarias, muertes por el mal manejo de la pandemia; asesinatos de periodistas, de estudiantes por la Guardia Nacional, de campesinos en la Mixteca oaxaqueña; conflictos sindicales que dejan muertos y heridos. Esto no es casual, sino el grave síntoma del alto nivel de desgobierno que priva. Por ello, para las madres mexicanas, este 10 de mayo no es una fecha de festejo y reconocimiento, sino de luto y dolor.

La otra cuestión que les aqueja es la económica, ya que provoca la desintegración de la familia debido a que sus miembros se mueven constantemente a lugares cada vez más lejanos en busca de trabajo. Algunos hijos se van y no vuelven más; y ellas se encuentran en “la zozobra” porque, para sobrevivir, deben enfrentar la inflación que, al parecer, durará más; aunque hay quienes entrevén que durará todo el sexenio. Las familias toman decisiones moderadas con respecto a sus compras; y si los empresarios pensaron que este 10 de mayo mejoraría sus ventas, se equivocaron.

El efecto de la crisis económica atrapa a todos; y este problema es de difícil solución para al actual gobierno que, después de “no dar una” en materia económica, ahora busca un “pacto de estabilidad de precios”, que inevitablemente provocará que escaseen las mercancías; y que los que menos tienen deban pagar más por los productos de la canasta básica. Las que afrontan y padecen con mayor intensidad el impacto de estos problemas sociales y económicos son las madres mexicanas quienes, como el corazón del hogar, inventan estrategias para mantener a la familia unida y a salvo. La congoja y “la zozobra” reinan, mientras la clase política continúa con su show del país feliz.

Por donde se le mire, la injusticia se ha institucionalizado. Los discursos color de rosa, que se dirán por el Día de las Madres, poco servirán porque ellas y sus hijos necesitan que se detengan las arbitrariedades cotidianas y que se cumplan los compromisos de una vida mejor a la que todos tenemos derecho.