Nicaragua no es como la pintan

En la segunda década del siglo XXI, parece un sinsentido ser un gobierno de izquierda en América Latina. Venezuela aparece en todos los diarios del continente, todos los días, como una sangrienta dictadura que atenta contra los derechos humanos.

Ehécatl Lázaro

2019-01-15
Ciudad de México

En la segunda década del siglo XXI, parece un sinsentido ser un gobierno de izquierda en América Latina. Venezuela aparece en todos los diarios del continente, todos los días, como una sangrienta dictadura que atenta contra los derechos humanos; y qué decir de Cuba: es la viva expresión de todas las atrocidades del comunismo, además de que demuestra que optar por la vía comunista es un error, pues su atraso económico y tecnológico comprueban que es un camino completamente equivocado. ¿Por qué Nicaragua persiste en este sendero tan criticado?

El gobierno de Daniel Ortega es una de las pocas fuerzas políticas marxistas leninistas que todavía permanecen en el poder. El de Nicaragua es, con Cuba, el único país que reivindica abiertamente el marxismo leninismo como la mejor doctrina para resolver los problemas de la sociedad. Esta postura le ha merecido al país de Sandino una fuerte crítica por parte de todos los medios de derecha y de algunos que anteriormente se decían pro sandinistas y que ahora se revelan como peones al servicio del imperialismo estadounidense.

En la república centroamericana se ha ensayado ya una revolución de colores, misma que fracasó por la oportuna intervención del Gobierno de Nicaragua y el manejo que este le dio a la crisis. Las protestas callejeras, los detenidos y los muertos ya no aparecen en las primeras planas en los principales diarios latinoamericanos. Esto no significa, sin embargo, que haya terminado el ataque contra el gobierno encabezado por Ortega. Diariamente, aunque sea de forma suave, se tira una nota contra el gobierno nicaragüense.

Si la situación en Nicaragua es tan espantosa, como la pinta la prensa nacional, ¿por qué el pueblo nicaragüense no se rebela contra el presidente, sabiendo que contaría con el apoyo de Estados Unidos y de varios aliados regionales y locales? La razón es muy simple: porque en realidad Nicaragua no es como la pintan. A pesar de todo el desprestigio que ha sufrido en el plano internacional, no puede negarse que el gobierno cuenta con una importante base social que lo respalda en coyunturas específicas.

Ningún gobierno, por represor que sea, puede mantenerse en el poder sin el apoyo de un sector considerable de sus gobernados. Pinochet solo pudo gobernar Chile por 17 años porque miles de chilenos querían acabar con el “virus del comunismo” y apoyaron al militar para llevar hasta el final su política de exterminio. Lo mismo puede decirse de otras figuras de la historia política latinoamericana, como Stroessner, quien gobernara Paraguay durante 35 años. Así como existen estos personajes oscuros, hay también en nuestra historia personajes brillantes que han sabido gobernar para sus pueblos: Fidel, Chávez, y, más recientemente, Evo, han logrado mantenerse en el poder gracias al apoyo de los pobres, porque para ellos han gobernado.

El gobierno de Nicaragua se encuentra entre estos últimos. Cierto es que, como todo proceso, hay en la administración de Ortega aristas que pueden ser criticadas, sin embargo, no puede olvidarse que, en su esencia, es un gobierno de otro tipo, distinto a los gobiernos que generalmente se tienen en América Latina y en el mundo. Es un gobierno que viene de la Revolución Sandinista y que, fiel a sus principios, sigue poniendo a los pobres en el centro de sus políticas. La conciencia de esta realidad debe ser el muro con el que se estrellen los ataques manipuladores de la derecha continental.