Cínicos

Ante la crisis global que vivimos, la clase social más desprotegida se aferra a su supervivencia; no cuestiona, no analiza, y se deja guiar por lo que dice la clase dominante y sus esbirros en el gobierno.

Capitán Nemo

2022-01-23
Ciudad de México

México es un país de contrastes. Por un lado tenemos a los millonetas disputándose Banamex y, por el otro, a un pueblo pobre que, a causa de la pandemia, ahora no tiene ni para comer. Mientras los hijos de los primeros gozan el privilegio de una educación privada en las mejores universidades del mundo y con satisfactores de lujo, los de los segundos están abandonado sus estudios o los realizan en las peores condiciones. Es por ello que, ante la crisis global que vivimos, la clase social más desprotegida se aferra a su supervivencia resolviendo las necesidades más inmediatas, como la de llevarse algo al estómago y reproducirse. No cuestiona, no analiza, se deja guiar por lo que dice la clase dominante y sus esbirros en el gobierno. Solo así se comprende que un Presidente se burle cínicamente de los mexicanos cuando afirma que “la pandemia está controlada”; y como prueba de su dicho, cito su segundo contagio con el Covid-19, ya que la variante Ómicron ha sido para él como una “gripa” que se curó con unas caricias y Vick VapoRub.

Al respecto, la senadora Lilly Téllez le respondió que no fue con caricias: “celebro que el Presidente tenga una cama de hospital asegurada y el acceso a los medicamentos que no hay en México, que se alivie pronto con atención de primera, mientras el resto sufre con la de cuarta”.  Y tiene toda la razón ¿Qué clase de ser humano es quien no se conduele con las 300 muertes diarias que está dejando la pandemia y que éstas ya alcancen la trágica cifra de casi un millón de mexicanos fallecidos? ¿Quién juzgará a los criminales que hoy gobiernan, responsables de muchas muertes que pudieron ser evitadas y que ha dejado miles de niños huérfanos y hogares destruidos?

En su infinita bondad, el pueblo afirma que todos seremos juzgados en esta vida o en la otra, pero Fiódor Dostoievski va más allá y advierte que ningún criminal puede irse con la conciencia tranquila, ya que todos somos producto de nuestros actos y quien ha cometido un crimen vive en zozobra esperando el día en que sea descubierto, juzgado y castigado. ¡Imagine, querido lector, si los actuales gobernantes están tranquilos! Saben que su tiempo se agota y por ello se aferran al poder con desesperación. El sistema crea sus propios monstruos, pero nunca en la vida pública y política del país se habían sentado tantos rufianes a la mesa del poder ¡Qué paradoja que el gobierno, cuya bandera es la lucha contra la corrupción, pase a la historia como el más corrupto de todos! Y miren que hay tela de dónde cortar. Esta cohorte está integrada tanto por gobernadores nefastos ligados al crimen organizado o al enriquecimiento con dinero público como Miguel Barbosa en Puebla; Cuitláhuac García en Veracruz y Cuauhtémoc Blanco en Morelos; que con funcionarios públicos del más alto nivel, como Delfina Gómez –quien no sabe siquiera geografía básica– que Manuel Bartlett, el viejo director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y el despedido fiscal anticorrupción Santiago Nieto; o bien mandatarios estatales priistas serviciales a Morena como Omar Fayad, de Hidalgo, o Alejandro Murat, de Oaxaca. ¡Pido perdón por omitir a otros tantos!

Los magros resultados en cualquier variable socioeconómica del gobierno morenista son la causa de que esta pléyade de funcionarios ineptos repita sin cesar, y a cada momento, la mentirosa consigna “estamos mejor que nunca”, que repiten sus colegas del segundo nivel y los llamados “siervos de la nación”; mientras el país se cae a pedazos y en ningún lado asoma una sola propuesta seria para remediar la situación de desastre que vive México. Pero está claro que ésta no vendrá de los cínicos que hoy gobiernan, ni de los partidos que antes gobernaron, razón por la que la historia demanda con urgencia el surgimiento, de las entrañas mismas del pueblo, de una fuerza social organizada y educada que lo encabece. El pueblo debe dejar a un lado su postración, disponerse a luchar por los derechos que le han sido arrebatados y por alcanzar un nivel de vida decoroso antes de que sea demasiado tarde.