Stella Sierra: “un ala en las nubes, la otra en la tierraˮ (I de II)

“... Inspiración y esfuerzo, he ahí el secreto del arte”, dirá la poetisa en la erudita, cuya lectura contribuye grandemente a entender la posición de los grandes poetas en lengua española en torno a la definición de la poesía.

Tania Zapata Ortega

2022-01-10
Texcoco, Estado de México

“La obra poética de Stella Sierra es un diamante escondido en el desconocido alhajero literario de Panamá”, dice Margarita Vásquez Quirós, directora de la Academia Panameña de la Lengua, en su introducción a Poesía Completa (2017), edición conmemorativa que esta institución hiciera para celebrar su nonagésimo aniversario y el centenario del natalicio de la poetisa (Aguadulce, Coclé, cinco de julio de 1917-Ciudad de Panamá, 19 de octubre de 1997).

“Un ala en las nubes, la otra en la tierra. Inspiración y esfuerzo, he ahí el secreto del arte”, dirá la poetisa en la erudita conferencia Palabras sobre poesía, dictada la noche del 22 de enero de 1948 en el Paraninfo de la Universidad de Panamá y cuya lectura contribuye grandemente a entender la posición de los grandes poetas en lengua española en torno a la definición de la poesía, desde los anónimos autores del romancero hasta grandes voces del Siglo XX como Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Federico García Lorca o Vicente Huidobro. “Anda a gusto la poesía –y a la vez segura– en los labios del pueblo que la repite y la goza de generación en generación, a través de las coplas, de los romances populares. Ésta es la poesía fresca, arroyuelo que corre límpido. ¡El agua milagrosa guardada en el poroso cántaro de barro! ¡Poetas populares, poetas anónimos de los romanceros de los Siglos XV y XVI! ¡Yo os saludo! Y saludo con la misma reverencia a los poetas de nuestros campos que llevan el grito claro de su saloma, a cielo abierto, bajo lluvia y sol. ¡Saeta de luz que rasga el aire para encontrar albergue en lo hondo del alma! En gracia a estos oscuros soldados de la poesía, viven las tradiciones y leyendas, aroma del pasado”.

En 1942, Stella Sierra resultó ganadora de la primera versión del concurso Ricardó Miró en la sección poesía por su obra Sinfonía Jubilosa en 12 sonetos publicada en 1944. En el prólogo a la edición conmemorativa, Javier Alvarado dirá: “Hay algunos autores que afirman que el soneto es la prueba de fuego del poeta, según le escuché alguna vez al gran poeta hondureño Roberto Sosa. Stella Sierra, en su producción poética, posee sonetos de impecable estructura, ritmo y perfección. El más grande homenaje a esta gran poesía y a esta magna obra es ser leída por todos y más por nuestras juventudes”.

Hoy, desde las páginas de buzos, hacemos eco de este llamado y reproducimos los dos sonetos finales del premiado poemario:

XI

Alegría de las cosas sencillas

Corazón: este goce de criatura

es alegría ingenua de las cosas.

El ruiseñor que enamoró las rosas

no desgranó su voz con más dulzura.

Un goce por gozar: el agua pura,

linfa de oro y de sol: las mariposas.

Goce del mismo azul: las voluptuosas

nubes radiantes, signos en la altura…

Goce de amar la vida por sencilla:

en el prieto capullo, en la semilla

que ofrecerá su grano en fruto mudo.

Límite exacto de horizonte abierto:

esta paz, esta estrella y este puerto.

¡El goce inmenso de mi amor desnudo…!

 

XII

Esta dicha de amar

Canta mi corazón y mi alma canta;

cantan mis labios, canta mi desvelo,

ríe mi surtidor color de cielo…

¡Esta dicha de amar por siempre es tanta!

Mágico trino duerme en mi garganta

y mis ojos anidan en un vuelo…

¡Esta dicha de amar, de amor sin velo,

es gloria, eternidad y luz que imanta…!

Y no pedir amor, ni sol ni estrella,

que mi amado me diga: «Es solo ella

la que regó de esencias mi camino…».

¡Oh rosa, ruiseñor, belleza pura!

¡Esta dicha de amar, en su dulzura,

sin mendigar amor, es miel y vino…!