El noventa y tres

La novela transporta a los días más convulsos de la Revolución Francesa mediante el enfrentamiento ideológico de dos revolucionarios, ambos convencidos del cambio, pero que discrepan con respecto al método de acción para alcanzar el sueño revolucionario.

Libia Carvajal

2021-12-05
Ciudad de México

El año 1793 está marcado, en la historia de Francia, por los grandes acontecimientos de cambio que hubo en ese lapso: el rey Luis XVI fue guillotinado por La Convención el 21 de enero, acción que simbolizó el final de la monarquía y la consolidación de la República. Poco después Francia declaró la guerra a Inglaterra y Holanda; se ordenó la leva de 300 mil soldados y estalló la guerra civil con la sublevación en La Vendée, auspiciada por Gran Bretaña; y los líderes de la Convención, encabezados por Maximiliano Robespierre, endurecieron las medidas de represión contra los opositores inaugurando así la llamada “época del terror”, periodo en el que se persiguió, encarceló y guillotinó a cientos de franceses, inocentes y culpables por igual.

En ese marco histórico se encuadra El noventa y tres, la última novela escrita por Víctor Hugo, el genio de las letras francesas. Su gran capacidad narrativa le permitió mezclar, en esta obra de ficción, a personajes con sucesos reales, mostrándonos diáfanamente lo ocurrido en una época que dejó una profunda huella en la historia de Francia.

La novela transporta al lector a los días más convulsos de la Revolución Francesa mediante el enfrentamiento ideológico de dos revolucionarios: Gauvain, antiguo noble convertido en jefe militar del ejército republicano y Cimourdain, exsacerdote y devoto republicano, ambos convencidos del cambio, pero que discrepan con respecto al método de acción para alcanzar el sueño revolucionario. Víctor Hugo incluye también a Lantenac, príncipe bretón y jefe del ejército insurrecto de La Vendée, quien es el motor que impulsa a estos dos hombres de gran estatura moral a confrontar sus convicciones ideológicas: uno mirando el futuro creado a través de la concordia y el otro, también ansioso de un futuro mejor para todos, pero dispuesto a que éste se logre con sangre si es necesario.

Si bien el lector desprevenido puede pensar que Víctor Hugo condena las acciones de Cimourdain y, a través de éstas a la revolución como motor de cambio, es necesario aclararle que El noventa y tres significa una oda a la revolución de los pueblos. Víctor Hugo no condena a la revolución como método de transformación de las sociedades; por el contrario, la ensalza como una luz que ilumina el futuro de la humanidad. La condena que puede hallarse en esta obra está dirigida a quienes, deformando los principios revolucionarios o actuando solo a favor de sus convicciones personales, pretenden llevar la revolución a sangre y fuego, incluso a veces contra el pueblo mismo, atropellando a los que deberían defender, abusando del poder que se les ha conferido y, finalmente, convirtiéndose en lo que buscaban combatir.

La obra se ambienta en 1793, pero se escribió casi un siglo más tarde, en 1874, tres años después de la Comuna de París, cuyas acciones y resultados probablemente incitaron al escritor francés a revisitar su historia a través de la novela; y a reivindicar a las revoluciones como método de lucha y transformación de las condiciones sociales y espirituales de los pueblos sometidos.

En suma, El noventa y tres no es solo un libro que refleja crudamente un periodo revolucionario de la historia de Francia; es, principalmente, una novela que hace que los lectores confronten, comprendan y cimienten sus convicciones e ideas con respecto a la sociedad y al mundo donde viven. Además, las grandes lecciones contenidas en su exquisita narración fueron las que movieron a Editorial Esténtor a publicarla para rescatarla del triste olvido en el que se hallaba en el baúl de la historia y del poco reconocimiento que tiene al lado de obras como Los miserables y Nuestra señora de París, a pesar de que posee un alto valor literario.