PULSO LEGISLATIVO

AMLO ante el obeso monstruo gubernamental

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Álvaro Ramírez Velasco

Aunque a simple vista se ven justos los puntos del “Plan 50” de austeridad que presentó el ganador de la elección presidencial, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), para que los próximos funcionarios trabajen más, cobren menos y eviten gastos suntuarios e innecesarios en asesores, personal, viajes, oficinas y escoltas, se trata de cambios que vendrán muy paulatinamente, con lentitud, al menos en el grueso del muy obeso aparato burocrático que heredará el peñismo.

Esos lineamientos para los trabajadores del Gobierno Federal y las administraciones estatales y municipales tienen incluso anclas constitucionales que deberán cumplirse con una reforma a la Carta Magna –que enviará el tabasqueño–, para evitar que alguien, del nivel que sea, pueda ganar más de los 108 mil pesos que recibirá el Presidente de la República.

Por esto ya se prevé una cascada de amparos, sobre todo de los integrantes de la burocracia dorada, que desde hace siglos goza de lujos y altos ingresos.

El plan lopezobradorista además implica inexorablemente el adelgazamiento del aparato gubernamental, es decir, el despido masivo de empleados, algunos de alto nivel, pero también muchísimos de rangos menores.

Ahí se gestará un robusto dique de resistencia a las medidas de austeridad, pues muchos de esos trabajadores, cuyas plazas peligran, son sindicalizados o están adheridos al Servicio Civil de Carrera, lo que hace complicado, en algunos casos casi imposible, su despido. Eso sin contar a quienes podrían llevar sus casos a juicios laborales, por la reducción de emolumentos y prestaciones.

La voluntad no es suficiente para modificar de tajo el esquema que incluye a un enorme aparato burocrático de casi 1.7 millones de empleados del Gobierno Federal, poco mas de dos millones 233 mil 740 del orden estatal y los más de 993 mil 580 del orden municipal.

Para su plan de austeridad, pero también para darle dinamismo a su gobierno, AMLO enfrentará el enorme reto de cambiar, además de la forma, el fondo y activar suficientemente ese obeso aparato gubernamental.

Al final, eso le dará operatividad a sus acciones, en paralelo con el Congreso de la Unión donde, a partir del primero de septiembre, las bancadas del partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y sus partidos rémoras (del Trabajo y Encuentro Social) tendrán mayoría a su favor.

El andamiaje del aparato federal se modificará casi de inmediato, pero solamente en los puestos altos, con la llegada de los nuevos 18 secretarios de Estado, en el organigrama que hereda el peñismo, mientras el nuevo mandatario envía las iniciativas para modificar la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, para crear nuevas o cambiar las secretarías que existen.

Pero acabar con la corrupción implicará modificar no solamente a los titulares de las dependencias, sino también realizar medidas que penetren hasta las entrañas de la maraña gubernamental.

No es tarea fácil y para ésta, AMLO no tiene el acompañamiento suficiente en su partido y sus aliados.

Ni siquiera activando o dándole cargos grandes, medianos o pequeños a todos los activistas del lopezobradorismo, se podrían llenar las plazas del Gobierno Federal, en sus 18 secretarías de Estado, 97 instituciones centralizadas y 74 órganos desconcentrados, que tienen una nómina de un millón 698 mil 161 empleados y, dicho sea de paso, cuestan alrededor de 27 millones de pesos por hora, equivalente a 20 mil millones de pesos al mes, solamente en el pago de sueldos y compensaciones.

Visto así, será obligado que la nueva administración federal conserve a muchos de los trabajadores. Entonces, el aparato en un porcentaje muy alto, seguirá integrado por los mismos que vienen trabajando al menos desde los últimos 12 años.

En los puestos altos, como ya dijimos, no habrá dificultades. Algunos priistas que ocupaban cargos relevantes renunciarán por convicción; otros más se quedarán hasta cobrar la última quincena que les sea posible.
El cambio, entonces, hay que asumirlo, no es con varita mágica.