REPORTAJE ESPECIAL

LOS GUIÑOS DEL CAPITAL
al presidente electo

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Daniel Martínez

El presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump, hizo un guiño al presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y éste, influenciado por los grupos empresariales que lo apoyan, acató el plan: actualizar lo antes posible el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), según la propuesta de los funcionarios estadounidenses.

Hasta antes de los comicios de julio, México había participado en la negociación del TLCAN con un equipo de la administración del presidente Enrique Peña Nieto, encabezado por el titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, quienes al asumir la defensa de intereses particulares se vieron obligados a postergar por más de un año la firma de la nueva versión del tratado.

Sin embargo, ahora el gobierno lopezobradorista asegura que el TLCAN quedará firmado en poco tiempo. Y es que Trump, apenas se informó de que a partir del primero de diciembre, AMLO sería el nuevo presidente de México, lo felicitó vía Twitter y dijo: “Espero con ansias trabajar con él”.

Un día después, el propio AMLO informó que se había entrevistado vía telefónica con el presidente estadounidense y habían tocado varios temas; entre ellos el TLCAN, cuya renegociación se había suspendido un mes antes del día de la elección de julio y se reanudaría en la última semana del mismo mes.

A la comitiva negociadora mexicana que viajó a EE. UU. para reanudar las pláticas se sumó una figura más: Jesús Seade, un economista que desde marzo pasado nombró AMLO como su futuro negociador del TLCAN, razón por la que se integró al grupo nacional en calidad de representante del Presidente Electo.

Seade es bien conocido en el país vecino porque fue asesor del Fondo Monetario Internacional (FMI). Este hecho explica, sin duda, por qué el presidente de EE. UU. había anticipado que trabajaría de la mano con el nuevo presidente mexicano.

Donald Trump dejó entrever la posibilidad de llegar a un acuerdo separado con México, una vez que entre en funciones AMLO. Donald Trump reveló que durante la conversación que ambos mandatarios sostuvieron, hablaron también de la posibilidad de avanzar en materia de seguridad fronteriza entre ambos países.

AMLO afirmó que de aquí al primero de diciembre trabajará de manera conjunta con el gobierno de Enrique Peña Nieto en el tema del TLCAN. “Vamos a ponernos de acuerdo para que el equipo que ha llevado este proceso de negociación se mantenga y podamos nosotros, con técnicos especialistas, acompañar este proceso; desde luego siempre respaldando al gobierno actual”, dijo ante medios de comunicación.

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, involucrado también en las negociaciones del tratado, también habló por teléfono con el morenista para felicitarlo por su triunfo.

“Canadá y México son amigos cercanos y colaboradores desde hace mucho tiempo. Compartimos metas comunes, nexos entre nuestros pueblos y un acuerdo de comercio mutuamente beneficioso que es la envidia del mundo, lo que refleja nuestro esfuerzo conjunto para actualizar el TLCAN para el siglo XXI”, indicó Trudeau en un comunicado posterior a los resultados preliminares de la elección presidencial del primero de julio.

Peligroso proteccionismo
Dentro de la negociación del tratado comercial, el mayor riesgo para México es que se echen atrás los avances –y con éstos los intereses económicos nacionales– logrados hasta finales de junio pasado. Pero ahora, debido a las prisas por concluir en un mes las negociaciones, es posible que EE. UU. termine siendo beneficiado en varios asuntos abordados.

Aunque el Presidente Electo afirma que su representante en el equipo negociador dará continuidad a los avances, es posible que tal compromiso no esté garantizado, porque el señor Seade es un economista identificado con los intereses del libre comercio.

La transición de gobierno en México es un factor para concluir la negociación del TLCAN y que interesa a AMLO. Las elecciones provinciales en Ontario y Quebec, en Canadá, y las elecciones legislativas en EE. UU., obligarán asimismo a ambos países a dar un paso más en ese sentido.

De concretarse, es difícil que ocurra algo durante el primer mes del gobierno de AMLO, porque la Cámara de Representantes y el Senado estadounidenses entrarán en funciones hasta mediados de enero de 2019. Eso significa que, aún en el caso más plausible dentro de la negociación del TLCAN, lo más probable es que se extienda hasta febrero, señaló el doctor en Economía Sergio Negrete Cárdenas.

Una vez que se asienten las cuestiones electorales en los tres países, AMLO tendrá frente a él una trampa que Trump ya dejó entrever: la posibilidad de atraer al morenista para negociar un tratado bilateral y dar por muerto el tratado trilateral de libre comercio.

Esto parece poco probable de primera instancia. Así lo ve Negrete Cárdenas, porque a pesar de que AMLO tiene tendencias proteccionistas similares a las de Trump, la designación de Seade como el negociador oficial de México en el TLCAN evidencia que la línea será la misma, toda vez que éste es un economista totalmente a favor del libre comercio.

“AMLO tiene una potente voz pro libre comercio, que es Jesús Seade; y si se mantiene como negociador del TLCAN, AMLO podrá firmar el acuerdo. Porque si no sucede así, supongo que Seade le renuncia”, dijo el especialista.

Los economistas mexicanos coinciden en que permitir que Trump ponga en la mesa una negociación sobre tratados bilaterales sería un craso error. Por lo tanto, su equipo negociador se perfila como clave para el primer año de su administración.

Sin embargo, el peligro permanece. “Lo malo es que los dos son proteccionistas. Y los dos son proteccionistas en un sentido juvenil: recuerdan sus lejanas juventudes. AMLO representa la pasión por los recursos naturales, la agricultura, el petróleo y el agua de Tabasco; mientras que Trump es manufactura del noreste estadounidense, como Nueva York y Pensilvania.

Tienen sus pasiones juveniles y proteccionistas, creen que así crean empleos”, puntualizó el académico del ITESO (Universidad Jesuita de Guadalajara) y antiguo colaborador de The Economist. “Están en un error, pero no lo ven”, insistió.

No es un secreto que las relaciones entre México y Estados Unidos están en el nadir histórico desde 1980 –según el exembajador de México en EE. UU., Arturo Sarukhán, en su columna de The Washington Post– y que la retórica trumpista ha dejado un largo camino por recorrer para negociar y crecer.

Sin embargo, el mayor peligro para México no es que AMLO y Trump no se entiendan: al contrario, lo peor que podría pasar es que sí se entiendan y lo hagan demasiado bien.

Las similitudes entre ambos mandatarios “pueden ser causa de acuerdos de que uno acepte proteger un sector, y el otro proteja otro sector. Que acepten aranceles aquí y allá. Aquí el peligro es que se pongan de acuerdo en su proteccionismo”, advirtió Negrete. El peor escenario es, entonces, acuerdos proteccionistas por ambas partes.

Con Canadá el futuro es más apacible. Aunque Justin Trudeau no cuenta en este momento con elevados índices de popularidad, sobre todo después de la debacle de su viaje gubernamental a la India, mantiene una agenda liberal que se antoja positiva para Seade y su equipo.

Las elecciones en Canadá se realizan cada cinco años, aunque pueden adelantarse por lo que es factible que este país tenga votaciones nacionales en 2019; y aun cuando hubiera un cambio de mandato en la oficina del primer ministro canadiense, tanto los conservadores como los liberales de esta nación buscarían defender la permanencia del TLCAN. Como en el caso mexicano, su mejor herramienta es el crecimiento comercial. Ya lo dijo Trudeau: el TLCAN es la envidia de los demás países.

La negociación
Según el equipo actual de la negociación en el caso de las acciones tomadas por Trump para imponer aranceles a diversos productos, nada sería más perfecto que romper el TLCAN y buscar un acuerdo bilateral con México.

A lo largo de los últimos meses de renegociación, algunos expertos han señalado que es difícil que el nuevo Presidente electo de México o el primer ministro canadiense den su brazo a torcer. Como señaló en su momento el maestro e internacionalista Eduardo Rosales, “en el corto y mediano plazo, el Tratado de Libre Comercio continúa siendo lo más importante”.

AMLO designó con varios meses de anticipación a Seade como su jefe negociador del TLCAN, porque además de excolaborador del FMI ha trabajado en la Organización Mundial de Comercio y es profesor de Economía en Hong Kong, en la Universidad de Lingan.

Tras su victoria el primero de julio, nombró a Marcelo Ebrard como futuro secretario de Relaciones Exteriores, a efecto de que el exjefe de gobierno de la Ciudad de México lo acompañe en los cuatro meses de interregno.

En noviembre de 2017, el entonces dirigente nacional del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) pidió a Enrique Peña Nieto que no renegociara en ese momento el TLCAN. Incluso le recordó que no debía apresurarse para no perjudicar a los productores nacionales.

Durante una visita al municipio Tancítaro, Michoacán, AMLO dijo: “afortunadamente está detenida la negociación y eso es mejor”. Esta situación ocurrió en los primeros seis meses de 2018, lapso en el que los equipos negociadores de los tres países no pudieron llegar a una renegociación del tratado trilateral. Hubo muchas aristas que no permitieron llegar a una concertación.

El Centro Wilson ha señalado que los temas relacionados con agricultura, propiedad intelectual, las reglas de origen en el sector automotriz, la estrategia trumpista del buy American, los bajos salarios mexicanos y la cláusula sunset fueron los temas más discutidos y menos aclarados.

Sin embargo, el panorama es mucho más complejo, pues el gobierno de EE. UU. decidió imponer tarifas arancelarias a México, Canadá y la Unión Europea en las exportaciones de acero y aluminio. Todas las partes afectadas respondieron de manera recíproca y golpearon a los productores estadounidenses que más apoyan a Trump: los del campo. Uno de los impuestos más sonados fue el de 25 por ciento al whisky tipo Bourbon.

Si la potencia estadounidense continúa imponiendo aranceles sobre los productos de sus aliados, lo más lógico es que éstos sigan respondiendo, como sucedió recientemente con el gobierno canadiense en la guerra del catsup como la prensa local de ese país ha llama al lance, por ser éste el producto que recibió mayores impuestos.

De nuevo la respuesta de esta nación fue golpear directamente a los productores que más apoyan a Trump. En este caso, la marca Heinz, que tiene la fábrica más grande del mundo de salsa de tomate en Ohio, estado que en la elección presidencial de 2016 apoyó totalmente al candidato republicano.