TRIBUNA POÉTICA

Las serranillas del Marqués de Santillana
Segunda parte

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Tania Zapata Ortega

En La serrana del Boxmediano, una de sus serranillas más famosas, Íñigo López de Mendoza, el Marqués de Santillana, relata un encuentro entre su “yo lírico”, un noble, soldado y poeta con una hermosa pastora que, hostil y a la defensiva al principio, accede al encuentro amoroso con el caballero una vez que éste ha revelado su identidad: Perdonad, amigo, / mas folgad ora conmigo, / e dejad la montería…; inspirada en sus viajes y aventuras de índole militar bajo el reinado de Juan II, esta parte de su obra ha sido justamente considerada poesía popular, tanto por la forma exterior como por el lenguaje, en el que el habla del pueblo llano se evidencia, con giros coloquiales que permiten deleitarnos en la belleza de una lengua española viva, en ese momento crucial de su evolución.

La métrica de canción cortés, los animados diálogos, la descripción de usos y costumbres y los detalles locales y geográficos, paradójicamente, dieron universalidad literaria a las serranillas de don Íñigo y las convirtieron en un modelo estructural y poético para diversos autores de la época.

Si la pastora de Boxmediano accede en la narración a las pretensiones del poeta apenas descubierta su identidad, en La vaquera de Morana el poema relata una historia distinta: la pastora no depone su rechazo a la solicitud del caballero y amenaza con apedrearlo por estar próxima a casarse: ca primero probaredes / éste mi dardo pedrero; / ca después d’esta semana / fago bodas con Antón, / vaquerizo de Morana.

En ambos casos, la enumeración de pueblos y la descripción del atuendo y el aspecto de la serrana contribuyen al realismo y a la verosimilitud de la narración. Dos serranillas más publicaremos en esta entrega, la primera lleva por título La mozuela de Bores y narra de nuevo el encuentro del caballero con una hermosa pastora; amor, forma popular de referirse al pagano dios-niño de las flechas, tan presente en la tradición poética pastoril, hace su trabajo y enciende la llama del poeta.

La mozuela de Bores,
allá do la Lama,
púsome en amores.
Cuidé que olvidado
amor me tenía,
como quien se había
gran tiempo dexado
de tales dolores,
que más que la llama
queman amadores.
Mas vi la fermosa
de buen continente,
la cara placiente,
fresca como rosa,
de tales colores
cual nunca vi dama
nin otra, señores.
Por lo cual: —“Señora”
(le dixe), “en verdad
la vuestra beldad
saldrá desde agora
dentre estos alcores,
pues merece fama
de grandes loores”.

Tras una breve oposición, vencida gracias a la elocuencia del cortés amador, la bella rústica accede a sus pretensiones:

—”Señora, pastor
seré si queredes:
mandarme podedes,
como a servidor:
mayores dulzores
será a mí la brama
que oir ruiseñores”.
Así concluimos
el nuestro proceso
sin facer exceso,
e nos avenimos
E fueron las flores
de cabe Espinama
los encobridores.

Sin duda, la serranilla más famosa del Marqués de Santillana es La vaquera de la finojosa; y aunque el género sea el mismo, es evidente que el personaje femenino se diferencia de los tres anteriores; llama la atención cómo el vocabulario de ambos personajes toma distancia del habla coloquial y hace del ambiente rústico un mal disimulado pretexto para expresar el sentir de la dama desencantada que non es desseosa de amar, nin lo espera…

Moza tan fermosa
non ví en la frontera,
como una vaquera
de la Finojosa.
Faciendo la vía
del Calatraveño
a Santa María,
vencido del sueño,
por tierra fragosa
perdí la carrera,
do ví la vaquera
de la Finojosa.
En un verde prado
de rosas e flores,
guardando ganado
con otros pastores,
la ví tan graciosa
que apenas creyera
que fuese vaquera
de la Finojosa.
Non creo las rosas
de la primavera
sean tan fermosas
nin de tal manera,
fablando sin glosa,
si antes supiera
de aquella vaquera
de la Finojosa.
Non tanto mirara
so mucha beldad,
porque me dexara
en mi libertad.
Mas dixe:--«Donosa
(por saber quién era),
¿aquessa es vaquera
de la Finojosa?...»
Bien como riendo,
dixo: --«Bien vengades;
que ya bien entiendo
lo que demandades:
non es desseosa
de amar, nin lo espera,
aquesta vaquera
de la Finojosa.»