OPINIÓN

Productividad y salario

Brasil Acosta Peña
Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica y articulista en la revista económica Trimestre Económico.

La economía moderna señala que el salario y la productividad van de la mano, pues se dice que el pago a los trabajadores, en este caso el trabajo, se considera como un factor de producción, lo mismo que el capital, en el proceso de maximización de ganancias, resulta que es igual a la productividad marginal.

De ahí sacan el principio de que a mayor productividad mayores salarios; sin embargo, en la realidad sucede lo contrario; la productividad laboral ha crecido, mas no el salario. Luis Felipe Munguía, profesor investigador de El Colegio de México, presenta evidencias de que la relación entre la productividad y el salario es inversa en México. Veamos.

En una nota que publicó el diario Milenio: “mientras la productividad ha crecido en la mayoría de las industrias del país, los salarios han caído, con lo que las ganancias se quedan en las empresas. En sus artículos Salario mínimo, utilidades máximas y sindicalismo charro y ¿Realmente los salarios se determinan por la productividad del trabajo?,

Munguía, maestro en economía por el Colegio de México y fue investigador de Banxico, utiliza datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía y del Banco de México. Munguía demostró que de 2009 a 2014, en toda la industria manufacturera, la productividad laboral creció 14.9 por ciento, mientras que las remuneraciones cayeron 2.1 por ciento”.

Esta evidencia empírica contradice los principios de la teoría económica fundamentalista de mercado. Ahora bien, ya estoy escuchando a los defensores de esta teoría diciéndonos que no se han cumplido los supuestos básicos del modelo: información perfecta y competencia también perfecta. Por ello es necesario acudir a la teoría que tanto rechazan y desdeñan los economistas modernos, para explicar correctamente lo que sucede y la relación que guarda el salario con la productividad. Veamos.

En su obra Trabajo Asalariado y Capital, escrita en Bruselas, Bélgica, en el año de 1847 en forma de conferencias para los obreros, Carlos Marx aborda, entre otros, el tema de la relación entre la productividad del trabajo y el salario; y concluye, precisamente, que se trata de una relación inversa, es decir, que conforme aumenta la productividad, el salario tiende a disminuir y da los argumentos contundentes para ello, mismos que enseguida expondremos brevemente.

Son tres los elementos que hacen que la productividad crezca: “mediante una mayor división del trabajo, empleando y perfeccionando nuevas máquinas, explotando de un modo más provechoso y más extenso las fuerzas naturales”.

En el primer caso, la división del trabajo consiste en partir en sus diferentes fases un proceso productivo y encargar a distintos obreros cada una de ellas para que realice una determinada labor.

Antes un zapatero elaboraba por entero el zapato; sin embargo, el fabricante descubrió que unos obreros eran más diestros para poner suelas, otros para pintar, otros más para colocar las agujetas, etc., de manera que dividió el proceso en sus partes dando lugar a lo que Marx llamó “división técnica del trabajo”.

Si antes el obrero realizaba todo el proceso de producción de un zapato, ahora solo pinta o pone suelas, es decir, se ha facilitado la tarea, se ha simplificado su labor y, por lo mismo, tiende a bajar el salario.  

Una vez que la ley prohíbe a los patronos explotar a los obreros a sus anchas, a la par que se desarrollan las investigaciones científicas aplicadas a la producción, se introduce la maquinaria que arrebata de las manos, casi literalmente, las herramientas del obrero, entonces crece la productividad y se simplifican aún más los procesos de trabajo, por lo que se reduce el salario, pues antes el obrero varón hacía el trabajo especializado, pero con la máquina ya no y con el salario que antes se daba a un obrero, despedido éste, se emplea a tres niños y una mujer, dice Marx. Más productividad, menos salario.

Los obreros despedidos por el uso de la maquinaria, dice Marx, compiten entre sí, pues la fuerza de la necesidad les obliga a conseguir trabajo y están dispuestos a conseguir uno peor pagado con tal de tener trabajo, trabajo que los obliga a dar más de sí y a elevar la productividad sin que se eleve con ello el salario, pues la maquinaria desplaza obreros que conforman el “ejercito industrial de reserva”, que en términos de la oferta y la demanda, incrementan la oferta de brazos y disminuye su precio, que es el salario.

Finalmente los capitalistas, que dividen el trabajo e introducen la maquinaria, lo hacen para ganar más, para desplazar a sus competidores del mercado, pero pueden ofrecer precios por debajo del precio de mercado por el incremento de la productividad; sin embargo, sus competidores al ver lo que hizo aquel, lo replican, pues no quieren salir de la competencia y reproducen las condiciones hasta regresar al punto inicial, solo que esta vez con más mercancías a la venta, a un precio más bajo y con la necesidad de abrir mercados para venderlas.

Este proceso acelera las condiciones negativas de trabajo del obrero, pues la competencia incita al capitalista a dividir más el trabajo, a perfeccionar las máquinas y a usar mejor las herramientas, con lo que se despiden más obreros, se simplifican mucho más los procesos y los obreros como clase se dividen, lejos de unificarse.

El resultado de este proceso es el aumento de la productividad, pero la disminución de los salarios. Si a esto se agrega que las pequeñas empresas no pueden competir y fracasan, las filas del proletariado crecen y con ello la competencia entre obreros por conseguir un empleo hace que se reduzca aún más el salario.

Así que los hallazgos del profesor de El Colegio de México, Marx los ha puesto de relieve con precisión milimétrica desde 1847 y hoy simplemente confirman la teoría de Marx.

Para que los salarios mejoren verdaderamente, es necesario que las empresas sacrifiquen parte de sus ganancias; y eso solo se podrá lograr cuando en México gobierne un Estado popular, respaldado por las grandes mayorías educadas y organizadas.