MOSAICO CULTURAL

La pintura de Gérôme

Jean-Léon Gérôme fue un pintor francés de amplio criterio. En sus obras destacan los temas mitológicos e históricos, resaltando varias que son buen ejemplo del papel del arte en la recreación de las culturas antiguas. Solía retratar un mismo tema varias veces y en algunas ocasiones pintó el mismo modelo como si lo estuviera viendo desde distintos ángulos, actitud que le ayudaba a hacer más realista su obra.

A través del pincel de este artista podemos ver pasajes míticos como el de Pigmalión y Galatea, o sucesos históricos de la época clásica romana como los mercados de esclavos. Un solo cuadro basta para describir con palabras la maestría del pintor:  Friné ante el areópago.

Como sucede con muchos de los personajes griegos, lo que se sabe de Friné raya entre lo real y lo mítico, pero en todo caso puede decirse lo que fue común a todos los que dejaron huella en la historia. Friné –sapo, en griego– fue el apodo aplicado a una hermosa hetera (cortesana) cuyo verdadero nombre era Mnesarete, que significa “conmovedora de la virtud”.

Tanta era la belleza de Friné, que Praxíteles, famoso escultor, la convirtió en su amante y en su modelo favorita, de modo que la mayoría de las diosas que representaba, entre ellas Afrodita, tenían el rostro de la hetera.

Friné poseía gran astucia. Cuentan que en alguna ocasión, Praxíteles le ofreció pagar sus servicios con la escultura que ella escogiera. Como no sabía de arte, elaboró un plan para averiguar cuál de las obras que se le ofrecían era la más valiosa; envió a un sirviente para que dijera al escultor que su estudio estaba incendiándose.

Praxíteles de inmediato mandó rescatar una pieza que representaba a Eros, misma que Friné demandó en pago a sus servicios de modelo. Otra anécdota interesante en la historia de Friné es la que sirvió de tema a la pintura de Gérôme, que aquí comentamos.

El que una hetera fuera utilizada para representar la imagen de la diosa del amor no fue bien recibido por una parte de la sociedad ateniense. Friné fue llamada al areópago para ser juzgada por el delito de impiedad. Praxíteles no quería perder a su musa, por lo que pidió al orador Hiperides que defendiera a Friné en el juicio.

Después de agotar sus argumentos frente a los jueces, quienes se mostraron fríos y no concedieron el perdón a la mujer, Hiperides, desesperado, quitó el manto que cubría a la hetera para dejarla al desnudo, convencido de que la contemplación de su belleza podría hacer lo que las palabras no pudieron. Y, en efecto, eso sucedió: los jueces no se atrevieron a cometer el crimen de privar de la vida a la que sin duda estaba agraciada por los mismos dioses.

Una es la enseñanza que propone la historia de esta pintura: la convicción del arte. En efecto, el arte dice cosas que en ocasiones son difíciles de expresar con palabras, ya que cada disciplina tiene su lenguaje propio. Por ello es necesario que toda la gente sea educada para valorar las muchas lecciones de arte y moral que obras como Friné ante el areópago, de Gérôme, nos enseñan.