LA BRÚJULA

¡Habemus Presidente!

/facebook @twitter
Capitán Nemo

Este 2 de julio despertamos con un nuevo Presidente electo y dejamos atrás una de las campañas electorales más virulentas de que se tenga memoria, ya que dejó más de 115 políticos asesinados e hizo muy notoria la colusión del crimen organizado con integrantes del sector empresarial y la vieja clase política partidista de México. Muchas lecciones pueden sacarse de ello, así como también muchos análisis.

En principio, puede decirse que el poder político en México garantiza impunidad, libertad de movimientos y la posibilidad de realizar pingües negocios lícitos e ilícitos mediante su uso y arbitrio. Tal como hemos venido insistiendo, no se trató de una contienda electoral por un proyecto de nación para escoger las mejores propuestas para la población, sino de una lucha abierta y descarnada para quedarse con una parte del pastel entre los diferentes grupos de la burguesía y sus partidos políticos. Un pedazo del pastel es equivalente a quedarse con una porción del mercado de los cargos públicos, del mercado ilegal, del mercado de bienes y servicios, o bien de las combinaciones que puedan hacerse con estos tres.

Pero la comedia ha terminado. Tenemos Presidente y el poder público ha quedado repartido casi como lo había previsto la encuesta realizada por la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y, en función de la reforma política electoral de 2014, el nuevo Presidente de la República tomará posesión el 1º de diciembre y terminará su cargo el 30 de septiembre de 2024.

Los millones de mexicanos que una vez más creyeron en el sistema político estarán a la expectativa de lo que se les prometió en la campaña y el nuevo Presidente requerirá de golpes espectaculares para calmar a las masas que, sin lugar a dudas, esperan cambios concretos que le demuestren que con solo combatir la corrupción la gente vivirá mejor.

También tendrá que trabajar con mucho tiento en la unidad nacional, toda vez que, sin medir consecuencias, incitó el odio entre grupos, polarizó a las capas populares y, sobre todo, tendrá que demostrar que cuenta con la capacidad intelectual y política para ocupar tan alta investidura, ya que en los debates con los otros excandidatos presidenciales se mostró opaco y desconocedor de la problemática nacional.

El escenario económico no puede ser más complejo y delicado para el nuevo Presidente. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la pobreza alcanza a 53 millones de mexicanos, aunque diversos investigadores insisten en que la cifra más cercana a la realidad es de 100 millones, ya que programas asistenciales van y vienen y al no atacar a fondo el problema, ésta aumenta sin misericordia.

Tal vez sea hora de voltear a ver la gran desigualdad entre los mexicanos, pues mientras el uno por ciento de la población concentra la riqueza nacional, las masas mayoritarias viven pauperizadas y sus oportunidades de progresar son casi nulas, pues nada puede hacerse con salarios de 88 pesos diarios.

Además, el 60 por ciento del empleo que existe en el país es informal y la población vive una absoluta vulnerabilidad social y económica. Organismos internacionales afirman que en México no existe movilidad social y que quién nace pobre así permanece.

Todo esto es consecuencia de la aplicación del modelo neoliberal, desde cuya imposición ha provocado que el crecimiento económico del país no pase del dos por ciento; al no haber crecimiento no hay empleo, sin éste las personas dejan de consumir y con ello el mercado interno se debilita; se trata de un círculo vicioso: las mercancías siguen aumentando sus precios a pesar de los vanos intentos del Banco de México por controlar la inflación subiendo la tasa de interés hasta 7.5 por ciento; y ni así se logra frenar la inflación y aumentar la inversión para crear nuevos empleos; para ello tiene que mejorarse el aparato productivo, propiciando el crecimiento, lo que puede hacerse reorientando el gasto social, dando prioridad a la educación, a la ciencia y a la tecnología.

Para todo esto es necesario aumentar la recaudación de impuestos, pero no de las masas empobrecidas, en las que hoy recae la mayor carga fiscal, sino de las clases opulentas a quienes deben acotarse sus amplios márgenes de ganancia. 

El bloqueo permanente del vecino país del norte ensombrece aún más este escenario, pues la dependencia comercial con respecto a Estados Unidos ha puesto en jaque otras variables macroeconómicas, como es el caso del peso, que pierde poder frente al dólar ante la incertidumbre por la expulsión de migrantes, el muro, la imposición de aranceles y la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Todos estos hechos deben ponderarse con objetividad para redefinir la política exterior del país y trabajar en serio en el fortalecimiento del mercado interno y el acercamiento América Latina. En éstos y otros muchos pendientes veremos de qué esta hecho el nuevo Presidente.