OPINIÓN

Tragedia y farsa

Brasil Acosta Peña
Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica y articulista en la revista económica Trimestre Económico.

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”. Así inicia el 18 Brumario de Carlos Marx y tal enunciado puede aplicarse a dos momentos de la historia de México.

En la Independencia, la tragedia sobrevino cuando después del triunfo en la batalla del Cerro de las Cruces, cuando el cura Hidalgo, que debió haber tomado la Ciudad de México y con ello lograr el triunfo de su movimiento, renunció a esta opción militar y política, para más tarde ser derrotado en Puente Grande y posteriormente fusilado en Chihuahua. Tras esta tragedia vino la farsa, pues la Independencia la hicieron los criollos una década después, cuando decidieron separar al país de España para evitar que la Corte de Cádiz pusiera en riesgo sus posiciones económicas.

Una combinación de tragedia y farsa se reprodujo un siglo más tarde durante la Revolución Mexicana de 1910-1917, cuando Villa y Zapata tomaron la Ciudad de México; a la hora de definir quién gobernaría el país, ninguno quiso hacerse cargo de esta responsabilidad. Pocos años después ambos terminaron derrotados, traicionados, emboscados y muertos.

Hoy podemos adelantar que estamos en un momento en el que el binomio tragedia-farsa ha vuelto a aparecer. Obviamente, no se trata del “cuarto momento de la historia de México” del que se habló en la campaña electoral pasada, sino del inicio de un periodo histórico que puede convertirse en tragedia y farsa. Veamos.

Después del deterioro de la situación económica de la gente en los años 90 del siglo XX, se culpó de todo al gobierno priista de Ernesto Zedillo Ponce de León; de esa incriminación surgió un candidato que fue bien recibido por el pueblo gracias al hartazgo acumulado, que lo decidió a votar por la derecha, es decir, por el PAN. La mayoría de los mexicanos creyó que Vicente Fox Quesada encabezaría un cambio verdadero en México.

La confianza depositada en la derecha mexicana representada por Fox resultó trágica, pues en los hechos el cambio nunca llegó; por el contrario, la situación económica se tornó peor: bajaron los salarios, se incrementó la violencia, disminuyeron las oportunidades de mejora de la gente, etcétera.

Esta vez, el antipeñismo y el hartazgo derivado del deterioro de la situación económica, tienen una gran similitud con la inconformidad popular vivida en vísperas de la elección de Fox, y el discurso de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) convenció al pueblo como en aquella ocasión lo hizo el de Fox.

El pueblo mexicano parece haber olvidado su historia; y no me refiero a la historia antigua, sino a la reciente; si bien es cierto Fox no es López Obrador, pues Fox es de derecha y AMLO de izquierda, o al menos eso aseguran los analistas, porque AMLO no ha definido todavía con claridad cuál es su verdadera orientación política. Y aquí es donde empieza la farsa; para demostrarolo aportaremos algunos antecedentes.


En primer lugar, AMLO no es de izquierda. ¿Cómo demostramos este dicho? Con el mensaje de Donald Trump felicitándolo por su triunfo; si fuera de izquierda, el presidente del país más poderoso del mundo no lo habría felicitado. Recientemente hubo elecciones en Venezuela y el resultado de la votación superó porcentualmente a los resultados del morenista, pero, Trump no felicitó a Nicolás Maduro, por que Nicolás Maduro, el sucesor de Hugo Chávez, sí es de izquierda.

En segundo lugar, AMLO procede del (Partido Revolucionario Institucional) PRI, instituto del que se separó junto con Cuauhtémoc Cárdenas, a quien no le otorgaron, en 1988, la candidatura a la Presidencia de la República;  ya fuera del PRI, participó en la fundación de la Corriente Democrática, que más tarde se convertiría en el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

En adelante, AMLO anduvo de aquí para allá en diferentes partidos políticos hasta formar, en 2014, el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), empresa para la que que recibió amplias facilidades del Estado, tal vez para evitar que siguiera creándole problemas al gobierno entrante de Enrique Peña Nieto, lo que revela su falta de solidez ideológica.

Y es aquí donde se comienza a dibujar la farsa; el partido que en breve tomará el poder político en México es el viejo PRI, disfrazado esta vez con los colores de Morena. AMLO se formó en el PRI, lo mismo que Manuel Bartlett y Marcelo Ebrard, entre otros personajes cercanos al nuevo Presidente. 

En tercer lugar, AMLO no parece hallarse bien enterado de la realidad política actual de México. En uno de sus discursos más recientes, el ingeniero Aquiles Córdova Morán recordó aquella célebre frase del filósofo español José Ortega y Gasset en la que dijo “yo soy yo y mis circunstancias”, la cual se aviene a la situación del presidente electo López Obrador, quien  efectivamente puede tener las mejores y más firmes intenciones de combatir la corrupción, pero las circunstancias nacionales e internacionales no son las adecuadas para que pueda instrumentar ese y otros de sus proyectos.

No podrá, por ejemplo, bajar el precio de la gasolina a capricho. Su futuro Secretario de Hacienda, el doctor Carlos Urzúa, ha declarado, incluso, que sí va a subir la gasolina, pero que no lo hará más allá del porcentaje de la inflación: “estamos pensando en incrementarlo cada año (del precio de la gasolina) por la inflación.

En términos reales no va a aumentar, pero en términos nominales sí” (El Heraldo de México, cuatro julio 2018). Por ello, aunque AMLO no se lo proponga, cabe la posibilidad de que no pueda cumplir sus compromisos y, por lo tanto, la esperanza de México se volverá desesperanza ¿Podrá sostener los precios de garantía para que los productores de México que enfrentan altos costos no pierdan?

La economía de mercado y sus leyes no se lo van a permitir ¿Podrá sostener las pensiones prometidas a los “ninis” y duplicar las pensiones de los adultos mayores? No le va a alcanzar el presupuesto. Ya lo veremos.

Finalmente, Morena NO es AMLO. La gente votó por muchos candidatos que ni siquiera conocía y otros cuya corrupción ha sido probada. Doy algunos ejemplos: en el caso del distrito 30 de Chimalhuacán-Chicoloapan, al candidato de Morena lo conocía el 10 por ciento de la población, pero fue electo con el 47 por ciento de los sufragios.

En otras palabras, el 37 por ciento de la gente votó por alguien que no conoce; pronto van a comenzar las decepciones, cuando el flamante legislador no llene las espectativas de los electores. Otro caso es el del diputado federal electo por Ixtapaluca, un priista disfrazado de morenista.

En Texcoco, por ejemplo, la presidenta electa, Sandra Luz Falcón, en uno de sus discursos de campaña se refirió a los antorchistas como “malvivientes”; a pesar de su conducta claramente discriminatoria y clasista,  la gente votó por ella; si cuando apenas pedía el voto a los electores tuvo ese comportamientos fascistoide, no habrá que esperar nada bueno de su administración en favor de los grupos más vulnerables de Texcoco.

En los medios de comunicación se denunciaron en reiteradas ocasiones las corruptelas de  Higinio Martínez y Delfina Gómez, acusados del desvío de recursos de los trabajadores del ayuntamiento; Sobre Higinio Martínez pesan las acusaciones de enriquecimiento ilícito, pues en cinco años ha acumulado propiedades por un monto superior a 80 millones de pesos.

En Baja California, una senadora electa festejó el triunfo morenista hasta con champaña; en evidente estado de intoxicación etílica, llamó “cucarachas fumigadas” a sus adversarios. Todos estos elementos evidencian lo difícil que será para AMLO echar a andar sus proyectos; lo que hoy se ofrece como una esperanza, puede convertirse en una historia de farsa. El tiempo y los hechos lo dirán.