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Cuatro años de reforma energética, ¿han servido?

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Arturo Coronado

El proyecto de Reforma Energética se publicó el 20 de diciembre de 2013. Desde ese día hasta mediados de 2014 tuvieron lugar las discusiones en el Congreso para emitir las leyes y disposiciones secundarias para establecer su marco jurídico. Por tanto, el gobierno de Enrique Peña Nieto (EPN) lleva aproximadamente cuatro años diseñándola y ejecutándola.

Su aplicación prometía beneficios tangibles en el bienestar de las familias mexicanas mediante los cambios en la producción y comercialización de los energéticos en nuestro país. Por ello es necesario que con cifras en la mano y sin arrebatos veamos si efectivamente esto ha ocurrido, ya que la Reforma prometió muchas cosas. Analicemos solo algunas de ellas.

Se dijo que el precio de la luz, del gas y de los alimentos iba a disminuir. En cuanto a la electricidad, su costo de producción ha bajado de 70 a 17 dólares por megawatt/hora (MWh). Esta reducción,  sin embargo, todavía no se ha reflejado en los bolsillos de los mexicanos.

Pero en el caso del gas y de la gasolina, las cosas han resultado peor, ya que estos productos han incrementado sus precios al consumidor en un 16.2 por ciento entre enero y diciembre de 2017, de acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Esta cifra es casi tres veces más alta que el promedio de los 35 países que entonces integraban esta organización (el 5.8 por ciento), lo que hacía de México el país con los precios de energéticos más altos.  Con las alzas registradas en el primer semestre de 2018 –la gasolina ha subido de precio casi todos los días en los últimos meses– seguramente esa proporción se ha elevado mucho más.

La Reforma, por otro lado, prometió destinar parte de los ingresos petroleros al gasto social; de entrada, esto tampoco ha ocurrido como se esperaba, porque en los últimos años la participación del petróleo en las arcas gubernamentales ha decrecido a causa de la disminución de los precios del petróleo en el mercado internacional.

Fue a principios de 2016 cuando esta depreciación tocó fondo y las entradas por la venta de crudo ayudaron a financiar solo el 13.3 por ciento del gasto público. Es decir, si hay menos dinero por exportar petróleo, se entiende que haya menos recursos para financiar las necesidades del país, incluido el gasto social.

Otra promesa muy importante de la Reforma Energética era dejar de depender de los energéticos importados. De acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación (ASF), antes de la Reforma, entre 2011 y 2013, se importaban menos gasolinas y diésel (el 14 y el 21 por ciento menos, respectivamente) y se producían aquí más (el seis y el 15 por ciento); pero después de la implementación de la Reforma, entre 2013 y 2016, las importaciones aumentaron el 46 por ciento en gasolinas y el 74 por ciento en diésel, mientras que su producción disminuyó en el 27 y  el 31 por ciento, respectivamente.

De hecho, en 2016, el 62 por ciento del consumo nacional se cubría con importaciones, mientras que en enero de 2018 había subido al 75 por ciento. Es decir, dependemos cada vez más del exterior.

Con la disminución de la producción nacional viene una contracción en el número de personas empleadas en las zonas petroleras del país. Estados como Tabasco, Tamaulipas y Veracruz, cuya actividad económica depende de esta industria, tuvieron altas tasas de desocupación en 2017: el 6.9, el cuatro y el 3.9 por ciento, respectivamente, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Conclusión: los beneficios de la Reforma Energética son pocos, al menos para la mayoría de los mexicanos. Por esta razón, muchos de ellos culpan al gobierno actual del  empeoramiento en sus condiciones de vida. Los principales argumentos de EPN para justificar estos resultados son que ha pasado poco tiempo, que la Reforma es un proyecto de muy largo plazo y que será hasta entonces cuando veamos avances importantes.

Y como estas transformaciones dependen mucho de lo que el gobierno en turno pueda avanzar en su tiempo, la Reforma Energética va a quedar a expensas de que la continúen los elegidos el 1º de julio o la cambien por completo, con lo que los mexicanos quedaremos condenados a seguir la misma suerte del tejido de Penélope: se avanza en un sexenio y al otro se “desteje” todo lo hecho, sin consolidar un rumbo firme para el país.