PULSO LEGISLATIVO

Ahora sí, PAN y PRI impulsarán segunda vuelta

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Álvaro Ramírez Velasco

A diferencia de los jaloneos por las reformas electorales del pasado reciente, en las que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se opuso rotundamente a la segunda vuelta en las elecciones a la Presidencia de la República y de la timidez con que Acción Nacional (PAN) la impulsó a ratos con el apoyo simulado de otros, ahora las bancadas de ambos partidos en las dos cámaras del Congreso de la Unión propondrán y pugnarán fehacientemente por este cambio en la Carta Magna.


El escenario en el que se hallan actualmente, desde el cual prevén que Andrés Manuel López Obrador sea el próximo mandatario por su promedio de más del 50 por ciento de las preferencias electorales, estos dos partidos creen indispensable buscarse una mayor competitividad para 2024 mediante una regla electoral que en Sudamérica llaman balotaje.

¡Qué distinta sería en estos momentos la contienda presidencial si ya existiera –como se ha venido proponiendo con seriedad desde 2006– la posibilidad de una segunda ronda de votaciones entre el primero y el segundo lugares!

Tanto el PAN como el PRI tendrían la posibilidad de ir a ésta y desde esa opción después unir sus fuerzas abierta y no soterradamente como ahora, contra el tabasqueño, que además se ve imparable y no deja de crecer en las preferencias. La lucha ya no sería para alcanzarlo, lo que en los cuarteles generales de esas respectivas alianzas se ve imposible, sino solamente para bajarlo de su posición con más del 50 por ciento en las encuestas y forzarlo a una segunda vuelta electoral.

En la mayoría de los países donde está vigente el llamado balotaje, éste se realiza cuando uno de los candidatos no alcanza la mitad más uno de la votación, es decir, arriba del 50 por ciento de los sufragios emitidos.

En ese escenario, quienes hayan quedado en primero y segundo lugares se enfrentan cara a cara, ya sin los otros contendientes. Así el abanico de posibilidades se abre para las alianzas de facto, abiertas o insinuadas, a favor de uno de los candidatos. Algo como lo que ya han planteado las coordinaciones de campaña de Todos por México (PRI-PVEM-Panal) y Por México al Frente (PAN-PRD-MC) para unirse contra AMLO.

Sin embargo, la reticencia que principalmente el PRI mantenía en el pasado a avalar esta posibilidad, porque entonces así convenía a sus intereses, ahora la descartaría, al igual que el panismo, para una segunda oportunidad de llegar a la Presidencia, si es que se confirman las tendencias.

Hay que reconocer que el actual proceso es inédito y atípico. Era imposible presagiar la fuerza del lopezobradorismo. Supongo que incluso el tabasqueño está sorprendido de las más recientes encuestas que le dan una ventaja tan grande y lo colocan, como nunca en la historia reciente de las elecciones, con más de 50 puntos porcentuales arriba. Es más, pocos hubiéramos acertado en las previsiones que se hacen sobre la mayoría simple en las dos cámaras del Congreso de la Unión para la coalición Juntos Haremos Historia (Morena-PT-PES).

Consulta Mitofsky, en su más reciente análisis La Otra Contienda: Preferencias para Diputados y Senadores, prevé hasta 298 curules en el Palacio Legislativo de San Lázaro para el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y sus dos partidos aliados, del Trabajo (PT) y Encuentro Social (PES).

El mismo estudio da hasta 73 de los 128 escaños del Senado a los lopezobradoristas.
Las dos cifras hay que tomarlas con reserva, porque en la elección de los diputados federales en cada uno de los 300 distritos del país y la de los senadores en las 32 entidades de la República, más la distribución de los plurinominales, pesan muchos las características regionales.

Las tendencias del país no aterrizan en automático en cada pueblo, cada municipio y cada estado. Ahí podría variar esta previsión por el voto diferenciado.

En medio de todos estos números, pero principalmente los de la contienda presidencial, muchos estarán lamentando no haber aprobado la posibilidad de la segunda vuelta. Demasiado tarde.