TRIBUNA POÉTICA

El sometimiento de la mujer en la literatura medieval española

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Tania Zapata Ortega

Se cumplen 670 años de la muerte del Infante Don Juan Manuel (Escalona, España, cinco de mayo de 1282 - Castillo de Peñafiel, España, 13 de junio de 1348); cortesano y militar del siglo XIV, la mayor parte de sus escritos son materia de análisis para estudiosos de la vida y las costumbres de la España medieval; su obra más popular es la colección de cuentos titulada El libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio, más comúnmente conocida como El Conde Lucanor; se trata de una colección de 51 apólogos o ejemplos, es decir relatos con una intención moral o filosófica clasificados por su autor como “a) cuentos que acerquen a la salvación de las almas; y b) los que sirvan a las honras ‘faciendas’ y estados”; que se atrevió a escribir “por entención que se aprovechasen de lo que él diría las gentes que non fuesen muy letrados, nin muy sabidores. Et por ende, fizo todos sus libros en romance, et esto es señal cierto que los fizo para los legos et de non muy grand saber como lo él es”.

Para entender el propósito ideológico de una obra literaria hay que ubicarlo en el contexto social en que ésta fue creada. El matrimonio por dinero o como un medio para ascender en la escala social, las uniones concertadas por la autoridad paterna sin consulta previa del contrayente, especialmente del sexo femenino; la valoración negativa de la mujer insumisa a la autoridad del varón y la aprobación de la violencia psicológica o física para imponer la voluntad masculina son valores que reflejan una estructura social clasista, vieja herencia en la sociedad feudal española del Medioevo.

El personaje central, el Conde Lucanor consulta a Patronio sobre un asunto “que le preocupa” y éste da un consejo acompañado de un relato, frecuentemente de inspiración oriental, que recuerda las fábulas de Esopo o Las Cruzadas.

El Enxiemplo XXXV de El Conde Lucanor, que don Juan Manuel titula De lo que aconteció a un mozo que casó con una muchacha de muy mal carácter, exhibe los valores feudales que hacen de la mujer sumisa un producto deseable para la sociedad.

Patronio, uno de mis deudos me ha dicho que le están tratando de casar con una mujer muy rica y más noble que él, y que este casamiento le convendría mucho si no fuera porque le aseguran que es la mujer de peor carácter que hay en el mundo. Os ruego que me digáis si he de aconsejarle que se case con ella, conociendo su genio, o si habré de aconsejarle que no lo haga.

Patronio aconseja que se case con ella solo si es capaz de imitar lo que “un mancebo moro” hizo en un caso semejante; a continuación relata la forma en que éste consiguió la sumisión total de su mujer durante la noche de bodas decapitando y descuartizando sucesivamente a un perro, un gato y un caballo.

¡Perro, danos agua a las manos! (…) Al ver el mancebo que no lo hacía, se levantó de la mesa muy enfadado, sacó la espada y se dirigió al perro. Cuando el perro le vio venir empezó a huir y el mozo a perseguirle, saltando ambos sobre los muebles y el fuego, hasta que lo alcanzó y le cortó la cabeza y las patas y lo hizo pedazos, ensangrentando toda la casa. (…) Muy enojado y lleno de sangre se volvió a sentar y miró alrededor. Vio entonces un gato, al cual le dijo que le diese agua a las manos. (…) Viendo que no lo hacía, se levantó el mancebo, lo cogió por las patas, dio con él en la pared y lo hizo pedazos con mucha más rabia que al perro. (…) El caballo no lo hizo. (…)se fue a él y le cortó la cabeza y lo hizo pedazos. (…) Bravo, furioso y ensangrentado se volvió el marido a la mesa. (…) Se sentó y miró a todas partes, teniendo la espada llena de sangre entre las rodillas. (…) Cuando hubo mirado a un lado y a otro sin ver a ninguna otra criatura viviente, volvió los ojos muy airadamente hacia su mujer y le dijo con furia, la espada en la mano: Levántate y dame agua a las manos. La mujer, que esperaba de un momento a otro ser despedazada, se levantó muy de prisa y le dio agua a las manos.

Esta escena truculenta, llena de violencia explícita, aterroriza y rompe la voluntad de la rebelde mujer, que temerosa de sufrir la misma suerte se somete para siempre a los designios del marido, mientras su familia sanciona positivamente lo ocurrido y lo considera digno de imitación.

Este relato no es del todo original de don Juan Manuel, la novedad consiste en que en El Conde Lucanor falta la reticencia a describir la paliza contra una recién desposada rebelde que otro gran narrador, Giovani Boccaccio dispensara en aquel cuentecillo misógino de El decamerón, que hace poco hizo aparición en Tribuna. El Enxiemplo XXXV tuvo una influencia tan importante en la literatura universal, que hasta el gran Shakespeare hizo su propia versión del argumento.