REPORTAJE OAXACA

La otra cara del boom turístico en la Costa de Oaxaca

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Karla Gómez

A 99 años de su muerte, el Caudillo del Sur, Emiliano Zapata, quien durante la Revolución Mexicana de 1910 abanderó la causa de los campesinos mexicanos con el lema “la tierra es de quien la trabaja”, seguramente volvería a los campos de batalla si visitara la Costa de Oaxaca y se enterara que la tierra ahora es fuente de negocios para unos cuantos ricachones.

Las playas más importantes de Puerto Escondido y Huatulco, que hasta hace poco pertenecían a ejidos y comunidades indígenas, se encuentran en poder de grandes consorcios privados debido a las prácticas de manipulación política y burocrática de funcionarios públicos al servicio de hoteleros nacionales y extranjeros.

José Martínez, pescador de 56 años, recuerda que cuando era niño solía acompañar a su padre a El Tejoncito y La Guerrilla, áreas marinas de Santa María Huatulco a las que ahora no puede siquiera acercarse porque están custodiadas por el personal de seguridad de dos cadenas hoteleras.

La Playa Escondida Tejoncito está en poder del resort Celeste Beach Residences, en cuyo portal de internet ofrece como principal atractivo de su tour singature habitaciones para dos personas con vista al mar y “playa privada con acceso controlado” a nueve mil 711 o 12 mil 553 pesos por día.

Don José lamenta hoy no haberse unido a sus compañeros para resistirse cuando las grandes cadenas hoteleras empezaron a llegar a su comunidad; aquella invasión terminó por arrebatarles su patrimonio, su paisaje y su cultura ancestrales.

“Al principio creímos que esto traería desarrollo, pero nos ha sumido en una pobreza que a diario nos golpea. Traen a gente de otro lado para trabajar, pues aquí hay pocas oportunidades de aprender a hablar inglés, francés u otras lenguas”, explicó.

Su edad y los trabajos que ha tenido que realizar para sobrevivir se reflejan en su rostro y manos. Tiene un hijo mayor convertido en pescador y una hija de 17 años, ya casada, que se dedica a filetear pescado.

Los ingresos laborales, aun los de quienes trabajan en las grandes cadenas, son bajos; y las pocas ganancias adicionales proceden de las propinas de los huéspedes, que no muchos turistas proporcionan.

Las playas públicas de Huatulco, entre ellas la de Bahía Santa Cruz, generalmente están sucias, pues la gente se amontona en ellas. Estos hechos, sumados a los altos precios de las ventas playeras, obligan al turismo de clase media a consumir alimentos en los mercados públicos u otros lugares.

En marzo pasado, los prestadores de servicios turísticos en pequeño de Huatulco se unieron y lograron detener momentáneamente el cierre del único acceso terrestre a Bahía Conejo, donde la empresa hotelera Secrets Huatulco había instalado mallas y postes para impedir el paso de los pobladores a esa zona costera.

La Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente (Profepa) aclaró en aquel momento que esta área es de propiedad federal, que toda la gente tiene acceso a esa playa y que quienes intentaban restringir su uso incurrían en un delito.

Sin embargo, pese a las denuncias de los pobladores contra la empresa turística, las autoridades no han fincado ninguna responsabilidad por esta acción. Una situación similar prevalece en Puerto Escondido, donde empresas privadas han cercado playas para uso exclusivo de sus huéspedes.

Derrama economica sectorizada
Durante el periodo de Semana Santa llegaron a la costa de Oaxaca 31 mil 994 visitantes; la ocupación hotelera fue del 91 por ciento y la derrama económica ascendió a 113 millones de pesos, según datos de la Secretaría de Turismo del gobierno local.

Esas ganancias, sin embargo, solo beneficiaron a las grandes cadenas hoteleras, ya que los empresarios medios y pequeños del ramo están asentados en colonias populares donde existen grandes rezagos en servicios urbanos públicos.

Tal es el caso de los habitantes y comerciantes del Sector H3, ubicado a un costado del muelle donde aparcan los cruceros que arriban a Huatulco, quienes pese a estar asentados ahí desde hace 15 años no cuentan aún con servicios básicos como drenaje y agua potable. Esta circunstancia inhibe al turismo en esa área de Santa María Huatulco.

En la misma situación se hallan los poco más de cuatro mil 500 habitantes de la colonia Aeropuerto, de Puerto Escondido, una de las más antiguas de esta población. Pese a su cercanía con los destinos turísticos más importantes de esta zona costera, poco han podido hacer para salir de su rezago urbano y prosperar de la mano del turismo.

El asentamiento carece de drenaje, no toda la colonia está conectada a la planta de tratamiento de agua potable de Punta Colorada y en tiempo de lluvias padece severas inundaciones. Estas mismas carencias sufre la mayoría de las comunidades de Puerto Escondido, entre ellas Arroyo Seco, El Sector Reforma C y D, Independencia, Libertad y La Lucerna.

Gabriela Martínez se dedica a elaborar y vender tortillas. Sus labores comienzan a las 4:30 de la madrugada, hora en que se levanta para poner a cocer el maíz; ya en la mañana, lleva éste a moler y en el curso del día se planta frente a su comal mientras elabora a mano las tortillas.

Vivir en Puerto Escondido no le ha resultado fácil. Viuda y con seis hijos, Gabriela debió dejar Guarumbo, pequeña localidad de San Pedro Mixtepec, en busca de nuevas oportunidades de trabajo en un destino turístico; se asentó cerca de la playa para dedicarse a vender tortillas hechas a mano y comida.

Lo que obtiene con las ventas es muy poco; apenas le alcanza para cubrir sus gastos diarios y apoyar a tres de sus hijos que estudian en el Centro de Bachillerato Tecnológico y Servicios (CBTIS). Su estatus socioeconómico es precario, como el de la mayoría de sus vecinos y la población rural y urbana de Puerto Escondido.

Se agudiza la pobreza
Si la pobreza es aguda aun en sitios turísticos, donde se supone que hay empleos y buenos salarios, en las áreas rurales o semiurbanas la situación es lastimosa.

El recién nombrado obispo de la Verde Antequera, Pedro Vásquez Villalobos, afirmó que le dolía dejar esta región del Estado, en la que durante cinco años prestó servicio y en la que palpó la pobreza que ahí se vive.

Monseñor explicó que los habitantes de los 50 municipios y los tres distritos que comprenden la región de la Costa, cuya extensión territorial tiene 12 mil kilómetros cuadrados, padecen pobreza debido a la falta de oportunidades de empleo y servicios básicos como agua potable, electricidad, drenaje y hasta de alimentos.

“La gente vive de lo que da la tierra y el agua; comen hierbas y animales que ellos mismos siembran, cultivan o pescan. Pero muchos aspiran a tener una casa mejor; sin embargo, no les alcanza para eso”; dijo, tras señalar que la gente de la Costa está olvidada.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) reveló que en Oaxaca hay un millón 87 mil personas que viven en pobreza extrema y que 186 mil 376 de éstas se ubican en municipios de la Costa.

Para mitigar esta situación, el nuevo obispo de la entidad dijo que es necesario que se instalen empresas, fábricas y compañías generadoras de empleos; pero que quienes las dirijan sean personas que sepan administrar los recursos y sean conscientes de la condición de las comunidades.

“El ser humano se ha vuelto individualista; solo piensa en muchos casos en hacerse rico, pero Dios destinó a los gobernantes para administrar los recursos. Y eso no se ve, pues no se sabe qué hacen con ellos, por qué no llegan donde tendrían que llegar. Sabemos a dónde se dirigen, pero nunca a dónde llegan”, declaró.
Pueblos negros en la discriminación y el olvido

El sismo del pasado 19 de febrero sacudió gran parte de la Costa y afectó severamente a los pueblos negros que continúan sufriendo marginación y discriminación. Muchos perdieron sus casas y a dos meses del movimiento telúrico no han recibido nada, salvo unas cuantas despensas.

Rufina Toscano perdió su vivienda por el sismo. Poco a poco y con ayuda de su padre había construido una casita con palos; pero ésta se vino abajo a causa de los continuos temblores que se presentaron en la zona.

Originaria de Boquilla Chicometepec, dice que tras el sismo de 7.2 grados de magnitud, solo Protección Civil llegó a la zona y que los funcionarios llevaron colchonetas, cobijas y despensas; pero que después de esa visita, nadie más se ha presentado.

Ella y sus familiares duermen ahora bajo un techo de ramas y plástico, pero temen que cuando llegue la temporada de lluvias esta protección no les sirva y que los pocos artículos domésticos de primera necesidad que tienen se pierdan.

El Consejo Consultivo de Pueblos Indígenas y Afromexicano ha denunciado que las solicitudes de demanda de infraestructura básica –servicios médicos, salud, educación, caminos, asistencia técnica en agricultura y pesca, etc.– que las comunidades negras de la Costa han denunciado en fecha reciente que no han sido atendidas porque no están contempladas en las reglas de operación de los programas asistenciales de nivel federal y local.

De acuerdo con el Programa Estatal de Derechos Humanos, 12 de los 50 municipios y 97 de las 338 localidades de la Costa de Oaxaca son mayoritariamente afromexicanos, cifras equivalentes al 46.6 por ciento de la población oaxaqueña de esa región.

La población afromexicana total de Oaxaca asciende a 74 mil 525 personas asentadas en 106 localidades, siendo la región de la Costa la que cuenta con mayor número: 66 mil 447 personas asentadas en 97 localidades.