REPORTAJE INTERNACIONAL

Para reelegirse, Donald Trump asfixia a Irán y abandona a sus aliados

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Nydia Egremy

Para asegurarse la reelección y el triunfo legislativo de noviembre, Donald John Trump retiró a Estados Unidos del pacto nuclear con Irán, alterando así el orden mundial, reforzando la posición de Israel en el Medio Oriente y permitiéndole lanzar una ráfaga de misiles contra la nación persa.

Pero su cálculo es erróneo: Irán, nunca colonizado, no será fácil doblegar y tal pretensión no será permitida por Rusia y China. De cómo se decida esta partida, dependerá el futuro internacional de México –que mantiene relaciones con todos los actores– así que nos interesa saber quiénes y cómo acomodan las piezas.

Con su ofensiva contra Siria, tanto Barack Obama como Donald John Trump, han convertido al Medio Oriente en un escenario del enfrentamiento directo entre Estados Unidos (EE. UU.) y la República Islámica de Irán, cuya influencia regional va en aumento.

El retiro de EE. UU. del tratado nuclear “Irán-G5+1”, firmado con Irán, Rusia, China, Reino Unido y Francia, más Alemania y la Unión Europea (UE), también llamado Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA), y el respaldo a la ofensiva de Israel contra Teherán y Damasco, confirman que la hostilidad estadounidense va al alza.

Desde su campaña electoral, Trump ofreció que saldría de ese acuerdo al que calificó de “desastre”. Con esa medida, el mandatario realizó una jugada de varias bandas: acabó con la ilusión del multilateralismo emergente, desafió a Moscú y Beijing al reposicionarse en Medio Oriente, corroboró que sólo respeta a Israel como aliado, humilló a sus socios europeos y dio un portazo al legado internacional del expresidente Barack Obama.

El magnate-presidente de EE. UU. abandonó el pacto nuclear justo en mayo, cuando mejor le iba en su desempeño interno. La economía estadounidense está creciendo y en abril la tasa de desempleo fue del 3.9 por ciento, la menor desde el año 2000.

En un año ha conseguido su mayor índice de popularidad: el 41 por ciento entre la población general y el 53 por ciento entre personas religiosas, según la empresa Gallup. Además, su agresiva estrategia de política exterior ha consolidado su imagen de mandatario eficaz en el electorado que lo apoya.

Con base en estos datos Trump se ha permitido agudizar sus provocaciones contra Irán en un año en el que se decidirá el control del Congreso. Al retirar a su país del acuerdo Irán-G5+1, revalidar las sanciones contra la nación persa y avalar la tesis israelí de que es el principal “promotor del terrorismo”, el huésped de la Casa Blanca cerró la pinza contra la única potencia islámica capaz de desafiar su hegemonía en el Medio Oriente.

Ya no importa que el artífice del pacto nuclear, el expresidente Obama, vocee que las agencias de inteligencia de su país “han comprobado que Irán cumple con las responsabilidades del acuerdo”. Tampoco que el Servicio de Investigación del Congreso señale que “la Administración Trump pudo recurrir a las provisiones del mismo acuerdo JCPOA” para cesar sus compromisos en ese acuerdo. Pero no lo hizo, afirma el director de Secretismo Gubernamental de la Asociación Estadounidense de Científicos, Steven Aftergood.

Por tanto, es claro que Donald John Trump ha mentido sobre sus razones para sacar a su país del pacto nuclear con Irán. Además de socavar la confianza internacional en los compromisos de EE. UU., se ha apartado de sus aliados más cercanos, ha fortalecido a los ultraconservadores y anti-islámicos del planeta.

Y como remate, el magnate-presidente dio dos regalos al poderoso lobby judío en EE. UU. y al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu. Uno, que su hija Ivanka diese el discurso de apertura de la embajada de EE. UU. en Jerusalén tras su traslado de Tel Aviv. Y otro, que avaló el ataque hebreo contra objetivos iraníes en Siria, un día después del anuncio de su salida del pacto.

Tal respaldo presagió un punto sin retorno en las hostilidades entre Tel Aviv y Teherán. De ahí que uno de los estrategas del pacto, Ben Rhodes, afirmase que “Trump ha emponzoñado el discurso político y ha convertido las más importantes cuestiones de seguridad nacional en un reality show”.

China y Rusia, decepcionados
El acuerdo de 2015 levantó las sanciones económicas a Teherán a cambio de su compromiso de no desarrollar armas con tecnología atómica. Trump reimpuso las sanciones, coaccionó a los socios del pacto para abandonarlo y amenazó con penalizar a las firmas que mantienen negocios con Irán. Por ello China “lamentó” esa decisión y reiteró que mantendrá su relación económico-comercial con la nación persa.

El Kremlin, a su vez, ha expresado su decepción. El comunicado de la cancillería rusa subrayó que “no hay motivos justificados para minar el pacto, que ha mostrado su eficacia y cumple todos los objetivos”. Moscú reiteró que la República Islámica “cumple y ha cumplido estrictamente los compromisos adquiridos, lo que también ha confirmado la Agencia Internacional de Energía Atómica”.

Ante la provocación de Trump, algunos esperaron una respuesta más tajante de Rusia; pero cabe apuntar que el país eslavo está en vísperas del Mundial de Futbol y que por ello evita todo conflicto, pues ha invertido un gran capital político en ese torneo; con éste pretende mostrar una realidad distinta de las falacias tramadas dentro y fuera de EE. UU.

No obstante, el presidente ruso Vladimir Putin practica un efectivo softpower (diplomacia suave) con Washington, Tel Aviv y Teherán, pues sabe que ninguno de ellos quiere enfrentarse con una Rusia fortalecida. El jefe del Kremlin mantuvo cautela también ante el bombardeo israelí –la noche del 29 y 30 de abril– de dos aviones F15 contra la base T-4 del centro de Siria, desde territorio libanés.

Mientras el ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman, reconocía la operación y mantenía la amenaza sobre Teherán. Ya en marzo, en entrevista con el diario Yedioth Ahronoth, Liberman admitía que Israel “había estado actuando militarmente en Siria en los últimos meses”.

Rusia ha procurado un entendimiento geopolítico con Israel e Irán. Y aunque el Kremlin no reconoce a Israel como aliado, ambos han tejido vínculos estratégicos y existe un excepcional nivel de coordinación sin precedente, estima Anshel Pfeffer, del diario Haaretz.

Sin embargo, Moscú y Tel Aviv tienen grandes discrepancias. Una es el apoyo de Rusia a la existencia de dos Estados como solución al conflicto palestino-israelí y la otra es el rol protagónico que el presidente sirio, Bashar Al-Assad, debe jugar en la transición política de su país.

En este contexto de malabarismo político-diplomático, Vladimir Putin dispensó a Netanyahu una cortesía singular: lo invitó al desfile del 72 aniversario de la Victoria sobre la Alemania nazi. Con ello, el recientemente reelecto presidente ruso envió un poderoso recordatorio a EE. UU. y al mundo de lo que Israel debe a Rusia. En su reunión privada, Netanyahu insistió que Israel tiene necesidad y derecho “de defenderse de Irán”, según traducción del ministro hebreo de protección ambiental, Zeev Elkin.

Por ahora, Putin practica la política de balance de intereses. Sabe que el único jugador regional que seriamente puede poner en riesgo sus logros en Siria es Israel, pero también mantiene con gran inteligencia su relación con Irán.

Asfixiar a Irán
Por décadas, Occidente e Israel han intentado someter al gobierno de la revolución islámica de Irán, sin lograrlo y que pese a esta acometividad, la nación persa, de cultura milenaria, ha hecho un uso geopolítico de su poderío energético, además de tejer sustantivos pactos financieros y comerciales con firmas occidentales.

Para Irán, el acuerdo Irán-G5+1 representa la oportunidad de salir del aislamiento, desarrollar su comercio internacional y restaurar su rol de potencia regional dominante. Por esa razón, el presidente Hassan Rohaní criticó la decisión de Donald Trump de abandonar el acuerdo nuclear y le reclamó que no respeta los acuerdos internacionales.
Sin embargo, el secretario del Tesoro de EE. UU. Steven Mnuchin, ha puesto en vigor las sanciones contra la República Islámica de Irán. Ha penalizado a nueve entidades e individuos iraníes argumentando –sin mostrar pruebas– que operaban en los Emiratos Árabes Unidos para suministrar recursos a la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria iraní.

Arabia Saudita e Israel elogiaron el retiro del pacto. Para el reino saudí, esa estrategia contra Irán merece una bienvenida. A su vez, Benjamín Netanyahu agradeció la medida “para frenar la actitud agresiva de Irán”.
El juego de poder entre Occidente, Irán y Rusia pasa por Siria. En 2011, Damasco y Teherán firmaron un tratado de ayuda aún vigente. Para el intelectual francés y director de Red Voltaire, Thierry Meyssan, parte del interés de Rusia en Siria busca erradicar a las organizaciones yihadistas, restablecer la paz regional y restaurar el vínculo entre su cultura ortodoxa y Damasco, ciudad que vio nacer el cristianismo.

La actitud expansionista de Israel ha afectado a Siria desde hace 50 años, cuando ocupó las alturas del Golán. Esa zona es el corazón del conflicto entre Israel y Siria, invadida desde 1981 y donde habitan 25 mil sirios. Todos rechazan la ciudadanía israelí y a medio siglo de la ocupación en su pasaporte su ciudadanía figura como ‘indefinida’. El residente Shalan Marzouk explicó a la agencia EFE: “Fuimos a una huelga general de seis meses porque no aceptamos la identidad israelí”.

Pero Israel, en su aspiración por fortalecer su posición regional, ha respaldado el conflicto entre Occidente y Siria. La relación se volvió más hostil con la presidencia de Bashar Al-Assad y escaló el nueve de mayo pasado cuando el Estado hebreo lanzó uno de los ataques de mayor envergadura contra Irán desde la Guerra del Yom Kipur, en 1973.
Aliados desesperados

Francia, Reino Unido y Alemania intentan salvar a sus empresas de la embestida de Trump contra Irán, Han iniciado una ofensiva diplomática para apaciguar a Teherán, pues temen que la reimposición de las sanciones ponga en riesgo las inversiones multimillonarias de sus empresarios. Irán es un muy atractivo mercado porque tiene 82 millones de habitantes y es un gran productor de hidrocarburos.

Por ello, sin mencionar a EE. UU., la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, habló recientemente a nombre de los 28 Estados de la UE para asegurar que el retiro de esas penas contra Irán constituye “parte esencial del acuerdo”. Para Mogherini el esquema firmado en julio de 2015 es “la culminación de 12 años de diplomacia” y cumple con su objetivo.

En la misma posición se ha mantenido el presidente francés Emmanuel Macron, quien después de no lograr disuadir a Trump de mantener vigente el acuerdo nuclear con Irán, y de buscar a su homólogo iraní Hassan Rohani para ofrecerle trabajar en conjunto tras la concreción del retiro estadounidense, habló en nombre de su país, del Reino Unido y Alemania para afirmar que “el sistema internacional de lucha contra la proliferación de armas nucleares está en juego”.

Otros representantes de la UE, con la misma lógica, se han reunido con el viceministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, para expresarle –su apoyo al programa nuclear iraní, según el Servicio Europeo de Acción Exterior.
Quizás sin pensarlo, al abandonar el pacto nuclear, Trump puso en riesgo la economía del gigante aeroespacial Boeing, que es el mayor exportador de EE. UU.

Al reimponer las sanciones contra Irán revocó un pedido de varios aviones pactado con esa firma por Teherán, estimado en 22 mil millones de dólares. El daño se ha extendido a la General Electric que provee los motores de ese contrato; también afecta a Airbus y otras multinacionales con inversiones multimillonarias en Irán.

Es de esperar que el huésped de la Casa Blanca mantenga en el futuro sus provocaciones y denuncias sin fundamento contra Irán y Siria. Sus razones políticas van de la mano con el interés de las corporaciones armamentistas y energéticas.