LA BRÚJULA

Los neoliberales engendran la corrupción que dicen combatir

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Capitán Nemo

El reto del neoliberalismo en México es llevar los postulados de la libertad de mercado hasta las últimas consecuencias. Con el argumento de que éste asigna los escasos recursos que la sociedad genera y que lo hace de manera eficiente respetando las prioridades de las gentes en la distribución del producto social, los defensores del neoliberalismo afirman que la intervención estatal es la que crea las distorsiones en el mercado, porque encarece los productos al intentar regular la oferta y la demanda. Anteriormente rechazaban que el Estado tuviera empresas con el alegato de que eran improductivas, clientelares y corruptas porque consumían cuantiosos recursos del erario, razones con las que exigían que aquéllas debían estar en manos de particulares.

Fue precisamente con estos argumentos como se justificó el cierre de prácticamente todas las empresas paraestatales del país a partir del gobierno de Miguel de la Madrid, quien siguió las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) y en nombre de la modernización y de una salud más vigorosa de la economía nacional implementó el modelo económico que hasta nuestros días subsiste.

Los neoliberales creyeron que con ellos terminaría la corrupción en México, ya que al extinguir el déficit en las finanzas públicas, el foco de contaminación y culpable del deterioro de la economía, aquel cáncer desaparecería; pero han pasado 36 años y, curiosamente, la corrupción sigue presente y permeando en todos lados, provocando que los neoliberales de ahora, al igual que los de antes, sigan señalando a la corrupción como el mal principal de la economía.

Pero, señores, ¿acaso este asunto no estaba ya rebasado en México desde que se adoptó el modelo neoliberal? ¿A qué viene ahora el reclamo? El reclamo actual de los neoliberales por la corrupción pareciera más una petición para participar también de la distracción de los recursos públicos. Recordemos que los viejos neoliberales comenzaron criminalizando a las paraestatales de corruptas y clientelares y exigieron que el Estado sacara las manos del mercado.

Al final, ese reclamo solo fue un ardid para quedarse con dichas empresas mediante su otorgamiento con facilidades para que pudieran hacer grandes fortunas ¡Eureka! ¡Ése es el gran planteamiento sobre el que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) construye su proyecto de nación! ¿Coincidencias entre neoliberales y el hombre de “izquierda”? No lo creo. Más bien creo que ambos son defensores acérrimos del neoliberalismo y de la propiedad privada.

Aun cuando en México y en el mundo hay síntomas inequívocos del agotamiento del modelo económico, sus personeros no son capaces de lanzarle ni la más mínima critica, pese a que los resultados de su aplicación pueden evaluarse perfectamente y saltan a la vista. Solo que ahora no pueden justificarse, porque prácticamente no existen paraestatales y la iniciativa privada disfruta como nunca de libertad de mercado.

Los males sociales se multiplican incesantemente porque los principios de eficiencia y modernidad del neoliberalismo solo han logrado que el 80 por ciento de la población mexicana sea cada vez más pobre y que el “producto social” nunca llegue a las manos, la mesa, ni a las viviendas de la gente humilde,  mientras que el uno por ciento de los mexicanos más ricos se ahogan cada vez en más dinero y patrimonios mientras compiten por los primeros lugares de riqueza con los multimillonarios del mundo.

El modelo económico neoliberal lleva la corrupción en sus extrañas; por tanto, querer acabar con ésta sin acabar con el modelo que la engendra es imposible. El afán de enriquecerse a costa de los demás está presente en los funcionarios públicos y también en los empresarios.

Aun cuando argumentan que la corrupción de los funcionarios es más perversa por tratarse de recursos públicos, y que los empresarios tienen derecho a hacer con su capital lo que se les dé la gana porque es de su propiedad, una revisión somera del asunto evidencia que los empresarios no serían dueños ni de su propia camisa, porque la riqueza social solo puede ser producida por el trabajo humano.

Sobran ejemplos de empresarios que buscan disminuir sus costos de producción para ser más competitivos y que no dudan en utilizar materiales de mala calidad e insumos baratos que dañan la salud humana o contaminan el medio ambiente; que sobornan a las autoridades; que evaden impuestos; que pagan salarios de hambre a los trabajadores y que aún con la comisión de estos actos, que también son actos de corrupción, se involucran en escándalos en los que se coluden con funcionarios públicos corruptos. Es en la lucha descarnada de la libre competencia y en el afán de máxima ganancia, donde tirios y troyanos se corrompen.  Ellos ya lo saben, lo importante ahora es que el pueblo mexicano lo sepa.