OPINIÓN

Trump y la guerra comercial

Brasil Acosta Peña
Doctor en economía por el Colegio de México (COOLMEX) con estancia en investigación en la Universidad de Princeton, fue catedrático en el Centro de Investigación y Docencia económica y articulista en la revista económica Trimestre Económico.

Ahora resulta que Donald Trump se dio a la tarea de pelearse comercialmente con sus “aliados”: Canadá y México. El “señor” Trump, el todopoderoso, el “señor de los cañones” como dice Silvio Rodríguez, le dio una amnistía a estos aliados, como si se tratara de la gracia del poderoso, pues a otros sí los golpearon con los aranceles: China, Alemania, Japón, pero no a Canadá ni a México. Sin embargo, recientemente se echó para atrás e impuso aranceles al acero y al aluminio de México y de Canadá, rompiendo todas las normas y todos los acuerdos internacionales de comercio.

El proteccionismo es una medida que han tomado las grandes potencias para crecer, fortalecerse económicamente y generar una posición de dominio sobre otras naciones. Es conveniente recordar la historia de Inglaterra y sus acciones proteccionistas, que con el tiempo le obligaron a cambiar de postura y pasaron de ser la potencia más proteccionista a la más librecambista del mundo. El trigo de Inglaterra fue protegido mediante las leyes cerealeras, que estuvieron vigentes entre 1815 y 1846 con tal de mantener el precio del trigo doméstico, pues el trigo proveniente de Francia era más barato y dejarlo entrar al precio de costo de Francia hubiera implicado una destrucción de los productores agrícolas de cereal de Inglaterra y el gobierno prefería que los precios del trigo fueran altos (comparados con los precios del trigo de Francia), de tal suerte que el poder estaba, como siempre, a favor de los poderosos y no de las clases trabajadoras.

La importación sin aranceles del trigo de Francia hubiera reducido significativamente su precio y ello mejorado el salario real de los trabajadores; sin embargo, al estar en un mundo competitivo, aquellos que produjeran con costos por encima del precio de producción, hubieran sido condenados a quebrar; por eso prefirieron defender a pocos, pero ricos, que a muchos, pero pobres.

En 1839, con tal de bajar el costo de la mano de obra con el precio del trigo de Francia más barato, los industriales crearon en Manchester la liga anti leyes cerealistas y alcanzaron su objetivo en 1846. A partir de ese momento se transitó hacia el libre comercio, cuyo significado sigue siendo el mismo, los países débiles deben abrir todas sus fronteras a las mercancías extranjeras sin ningún tipo de protección; pero las mercancías entrantes al país imperialista, si afectan los intereses de las clases poderosas, deben recibir toda clase de restricciones.

En eso consisten los tratados de libre comercio impulsados en los noventa; aquellos países que no tenían acuerdos comerciales con Estados Unidos (EE. UU.) fueron obligados a establecerlos, diplomáticamente o por la fuerza, como en el caso de Irak. En 1994 se nos dijo que el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) era lo mejor que nos podría haber pasado.

La Unión Europea es otro ejemplo de cooperación comercial que ha echado abajo las fronteras. En la mayoría de los países de Europa no existen garitas y hay un solo banco central europeo. Solo recientemente, el país librecambista por excelencia, Inglaterra, pretende cerrar sus fronteras a la Unión Europea y salirse de los acuerdos, es decir, regresar a su pasado proteccionista.

En 2007, por ejemplo, los salvadoreños festejaron con bombo y platillo la celebración de un acuerdo de libre comercio con EE. UU., la televisión entrevistó a personas en la calle que opinaban que ese acuerdo sería muy benéfico, porque podrían exportar “pupusas”, es decir, gorditas de masa, ¿a cambio de qué? de la imposición de la supremacía comercial del país norteamericano con su arsenal de mercancías. Una total desproporción.

Como puede verse, la tendencia del capital ha sido siempre a imponer su voluntad según le convengan las cosas: por ejemplo, en la agricultura norteamericana existe proteccionismo y no liberalismo. Ahora los norteamericanos comienzan a poner el grito en el cielo porque países como China ya producen mercancías de gran calidad, pero mucho más baratas que las norteamericanas.

Es así como Trump, que parece creer que EE. UU. es una empresa y no un país, se ha atrevido a declarar guerras comerciales para “protreger” a sus productores. Debería calcular con más cuidado sus políticas, pues pronto van a surgir, internamente, contradicciones que comenzarán a romper con esas actitudes y ahora los industriales norteamericanos beneficiados con el bajo precio del acero chino, alemán, japonés, mexicano o canadiense, formarán un frente antileyes acereras, como sucedió en el siglo XIX, y esa polarización interna generará la contradicción, junto con la presión externa, para que de nuevo caigan las barreras comerciales o, en el peor de los casos, se ponga en operación el “plan B” de Trump, que consiste en declarar, ya no una guerra comercial, sino una guerra nuclear para dominar al mundo, lo cual sería lanzarse un tiro en el pie.

En virtud de que en nuestro país estamos en elecciones y no podemos considerar lo que pasa con Trump independiente del proceso electoral, las medidas adoptadas por EE. UU., más bien parecen favorecer a la oposición de Meade; existen varios indicios en ese sentido: primero, la visita de Trump fue atacada por la oposición, particularmente por Morena; luego la visita del yerno de Trump; después, al tal yerno le quitan las representaciones legales y nos dejan en el abandono; más tarde, Trump escribe en las redes sociales que los mexicanos somos unos animales; posteriormente, que pagaríamos el muro y que además lo disfrutaríamos y, para culminar esta serie de lindezas, nos imponen aranceles al acero y al aluminio, sin que hasta el momento se haya renegociado el TLCAN.

Todo esto afecta al candidato del partido en el poder y, por lo tanto, beneficia a sus opositores, particularmente a López Obrador, quien se ha mantenido “cauto” y a “distancia prudente” en su posición respecto a Trump. ¿Habrá alguna clase de consenso o de acuerdo para desplazar al PRI y que Morena llegue al poder con la venia de Trump?

No lo sé, pero resulta curioso que, en estos días, además de lo dicho, la gasolina esté por encima de los 20 pesos al igual que el dólar, que ello irrite más a la gente y que las campañas se centren en echarle la culpa al gobierno actual para abrirle paso a otro partido. Si ése fuera el caso, por el modo de actuar de Trump, no nos espera nada bueno. Ya veremos...